291 años del ataque de los indios a las primeras estancias del arroyo Pando
Dos de noviembre de 1730

Por Daniel Mesa- En esta “noticia histórica”, damos a conocer el ataque de los indios a las primeras estancias entregada a pobladores sobre el arroyo Pando. La tarea colonial no fue fácil, la relación con los primeros pobladores fueron motivo de profunda preocupación para los pobladores isleños de Canarias llegados a Montevideo.
Citamos a los historiadores de quienes tomamos esta versiòn que entregamos a nuestros lectores.
Millán mensura y deslinda, dos estancias sobre el arroyo que hoy llamamos Carrasco y otras con frente a la margen derecha del arroyo Pando y también sobre su margen izquierda, entre ellas las de Bernardo Gaytán que integró el primer cabildo de Montevideo en carácter de Alcalde Provincial, abuelo de Francisco de Meneses Gaytán, del Cap, Antonio Artigas, abuelo del prócer y la de
José Mitre, bisabuelo de Bartolomé Mitre Martínez que será presidente de la República. Argentina. Estas suertes de Estancias fueron entregadas en Enero de 1730 según afirma Millán en su informe del 16 de Mayo de 1731 (1) constando de 3000 varas de frente sobre el arroyo, aproximado a km. 2,5. (La vara castellana tiene una equivalencia a 83,59 cm.) y una legua y media de fondo (se refiere a la legua castellana que es de 5.010 m. por lo cual es aproximado Km. 7,5).
El 2 de noviembre de 1730, los indios minuanes invadieron las estancias del ex vecino de Buenos Aires alcalde provincial Bernardo Gaytán, del alférez José Mitre y del alcalde de la Santa Hermandad capitán Juan Antonio Artigas, llevándose las caballadas y ganado vacuno
Según Azarola Gil (1) «A causa de un delito cometido por un de los suyos, del cual derivó un episodio sangriento, la tribu minuana declaró la guerra a la ciudad. En septiembre de 1730, tres indios robaron un caballo al poblador Domingo Martínez, quien en la querella que ocasionó la defensa de su propiedad, hirió de muerte a uno de los delincuentes. Aquel poblador llevaba tres años de radicación en la ciudad y en su chacra de Miguelete; era portugués, natural de Mello, y había formado su hogar con Feliciana Domínguez de la Sierra. Temeroso de las consecuencias de su acto, Martínez fue a refugiarse entre sus paisanos de Colonia del Sacramento. A su vez, los caciques enviaron doce hombres a Montevideo para llevarse el cadáver del indio, siendo recibidos en forma afectuosa por las autoridades y los vecinos que se esforzaron en demostrarles que no se hacían solidarios del lamentable hecho cometido por el portugués, cuya fuga pusieron de manifiesto. Esta actitud no satisfizo a lo indígenas, resueltos a responsabilizar a todos los pobladores blancos por un suceso en el cual no habían tenido la más remota participación material ni moral. La violencia minuana no admitió averiguaciones, ni atenuaciones, ni acción de la justicia; y convocada la tribu, cayó sobre los puestos de faeneros diseminados en la vasta campaña, ultimando a los peones.
Tres estancias fueron también asaltadas (en la zona de Pando): las de Gaytán, Mitre y Artigas. Arrearon las caballadas y el ganado vacuno, y prepararon el ataque a la ciudad de Montevideo con el propósito definido de aniquilar a sus habitantes.
La emoción entre estos fue considerable, particularmente en los hogares canarios nada familiarizados con semejantes peligros.» El Jefe de la Plaza, capitán Francisco de Cárdenas, publicó un bando disponiendo que el vecindario se preparase a la resistencia y destacó una fuerza de la guarnición al mando del alférez José Piñamas, ante varias dificultades, no obstante el Teniente Francisco Escudero reúne doscientos treinta hombres entre dragones , vecinos y peones de los establecimientos rurales y le acompañan los Oficiales José Romero y José Piñama y en la mañana del l de enero de 1731 -en un lugar que no ha podido ser determinado- entran en combate con los indios, pierden 500 caballos pero infirieron cuantiosas bajas a los indios que se retiraron.
Eduardo F. Acosta y Lara (2) hace referencia a la narración de Gregorio Funes «En número de trecientos se derramaron por los campos en que también trabajaban los vecinos de Buenos Aires, mataron 20 personas, quemaron, destruyeron y saquearon cuanto les vino a las manos hasta hartarse de despojos. (3) El procurador general José González de Melo comunica al Cabildo de
Montevideo con fecha 4 de noviembre del mismo año, 1730, que el día 2: «An inbadido los Indios Minuanes las estancias que son; la del Alcalde Provincial; la del Alféres Real Joseph de Metrio, y la del Alcalde de la Santa Hermandad, Cap.n Antonio Artigas de las cuales estancias se llevaron dhos Indios todas las caualladas y ganados Vacuno. Y auiendose mandado Saliese prontamente la Vecindad al amparo de dhas Estancias, por Vando que se publicó dho dos del corriente por el S.or Com.te de este Presidio, no pudieron Salir algunos vecinos a seguir al Alferez D.n Joseph de Piñana quien Iba de Cauo de la Partida por falta de Armas…». (4)
Sumida Montevideo en un mar de lágrimas, Zabala reforzó su guarnición con cincuenta dragones de Buenos Aires, disponiendo que de inmediato se saliera a campaña para contener a los infieles. Inútil la primera tentativa a cargo de José Romero y Juan Rocha, en la segunda Francisco Escudero y José Piñana lograron victoria parcial sobre los sublevados, recibieron tres cargas de los 500 indios con que pelearon entre las 9 de la mañana y las 4 de la tarde, los indios se retiraron tomando como presa la caballada, infligiéndoles las bajas de que da cuenta Zabala al Rey por carta del 30 de abril de 1731 que se transcribe en virtud de que existe una copia reservada en el Archivo General de la Nación de Montevideo -según Acosta y Lara-.(5)
Dice Bruno Mauricio de Zabala al Rey: «Señor – Por el mes de Septiembre del año próximo pasado, vn vecino de la nueva poblacion de San Phelipe de Montevideo, mató a vn Yndio Ynfiel, de nación Minuana, que es la que avita en aquel paraje, por averle vrtado entre tres de ellos vn Cavallo, Y aunque con la noticia que tuvo el Commandante del fuerte procuró con agasajos que excedieron a los que en semejantes casos suelen mitigar sentimientos, los mas Zercanos Parientes, no lo pudo conseguir, y loscompañeros del muerto dieron la noticia a sus Caziques, que sonlos principales aquienes estan sujetos, y estos enviaron doze Yndios, por el Cadaver que llegadoos se les festejo, ygualmente ytuuieron la satisfacción de sauer que el agresor se auia huyado a la Colonia, sin poderle Castigar, de que dieron muestras de continuar con labuena correspondencia que hasta entonzes, pero a los cinco dias se reconoció que todos los de dicha Nacion se exparcieron por los campos a matar y rovar a quantos hallasen, en la dicha faena de hacer Cueros para el presente Rejistro, y segun el descuido con que se mantienen en la Campaña se huuiera experimentado vn gran estrago, si la prouidencia que pemite lairracional furia no les quitara el vso de ejecutarla, pues en toda la extension de las bastas Campañas de la parte Septentrional de este Rio, mataron 20 Peones en los parajes mas remotos de ella, lo que lleuo referido fue la primera noticia que tuue, y con ella aumente la guarnicion de Monteuideo con 50 dragones de este Presidio, y di prouidencia para que de los que conesta nouedad se retiraron delos Campos, abandonando sus haciendas se juntasen, y con la disposicion de Armas, y Municiones que les subministro se hallaron 230 hombres con orden de juntarse enMonteuideo con la Guarnicion, Y aunque en la primer marcha desertaron a la Colonia de los Portugueses mas de 80 de ellos, conlos que quedaron incorporados con todos los dragones de la referida Guarnición siguieron a los Yndios, quines zediendo de sus amenazas se retiraron a lo impenetrable de sus Montañas, dando lugar a que se pudiese recojer lo que quedo en la Campaña, y en medio de conocer la imposibilidad de castigar los en esta ocasion, asi por el paraje en que se hallavan, como por tener diuertida toda la Guarnicion en diferentes puestos, me vi obligado a mantener algunos dias la Gente en Campaña, ya su retirada los Indios vajaron a la llanura amenzando de nuevo continuarian la Guerra, motivo que me preciso boluer ajuntar la Gente que pude, y con 100 Dragones, yoficiales correspondientes oponerme a sus hostilidades con la esperanza de que este numero con mas de 200 de los Paisanos que se auian agregado era sufiente para castigarlos; El dia primero de este año los atacaron, a mas de 50 leguas de distancia de Montevideo, y por auerse perdido las Guias llegaron á avistarlos a las ocho de la mañana, siendo lo dispuesto el que fuese antes del amanezer: Los Yndios los reciuieron con mas constancia que la que acostumbran; Y el Theniente de Dragones Don Francisco Escudero, y el Alferez Don Joseph Pinana cumplieron enteramente con su obligacion, haciendo estrago en los enemigos, solo con los Dragones porque la demas gente que se componia de Peones que se pudieron recoger con breuedad, los abandonaron, motivo que causo la perdida ee mas de 500 Cauallos que se llevaron de los que tenia en Monteuideo, por auerlos desamparado los fugitivos, del Destacamento mataron vn Sargento ydos soldados y otros quedaron eridos, que de ellos ninguno a fallecido. De los Yndios murieron los dos Caziques, principales, y muchos de su tropa, desde este subzeso no han hecho mouimiento alguno pero a qualquiera que executen quedan desiertas, ydesamparadas las haciendas de los Vecinos de Monteuideo, y los de esta Ciudad imposibilitados de desfrutar la Campaña,, siguiendo esto a la mala consequencia de que los Portugueses establecidos en la Colonia tengan la libertad que pretendan, y consigan con el fauor de los Yndios, franquear el paso hasta el Brasil, por tierra, como lo han intentado, motivos que siendo tan contra el Servicio de Vuestra Majestad por evitar tan evidentes contigencias estoy determinado el perseguir a estos Yndios si pudiere lograr hasta esterminarlos baliendome para esto quedaren del Presidio, y de los Yndios de los Pueblos de los Padres de la Compañia de Jesus, lo que huuiera ya emprendido, si el rigor de el imbierno con las crecientes de los Rios no me lo huuiera embarazado, por considerar quesino seconsigue vn castigo exemplar en estos Barbaros Monteuideo, se reducira a vn Presidio Bloqueado, donde su vecindad será preciso mantenerla con racion diaria, como se ha ejecutado mientras no han tenido haciendas de suamnutencion, y que en medio de la necesidad de atender a todas partes es de las mas esencial esta. De lo que me a parecido dar cuenta a Vuestra Magestad para su Real inteligencia Guarde Dios la Catholica Real Persona de Vuestra Magestad como la christiandad ha menester
Buenos Ayres 30 de Abril de 1731
Don Bruno de Zabala»
Luego del encuentro armado con los minuanes, la actitud bélica de estos no había concluido, un avance de los minuanes podía generar una limitación de los suministros a las familias que se encontraban en la plaza, los cuales sólo podrían ser abastecidos por mar.
Zabala pidió al provincial de las Misiones, padre Jerónimo Herrán, tuviera listos quinientos guaraníes que sumados a las fuerzas españolas podrían controlar cualquier acontecimiento.
El Padre Herrán aparentemente tuvo contacto con los Caciques minuanes ajenos a la lucha y los habría convencido para que lograsen que los insurrectos depusieran las armas.
Es por ello que 19 indios y el cacique Tacú, bajaron a Montevideo y parlamentaron con Matías Solana, Sebastián Delgado y Francisco Lemos.
Cumplida la entrevista el 13 de Febrero de 1732, los minuanes ofrecieron estar de vuelta en 8 días y lograron que 4 hombres españoles los acompañaran, pero el día 15 inesperadamente los indios obligaron a los españoles a volver solos advirtiéndoles que nadie podía acercarse a los toldos.
Es por ello que se le encomendó a Juan Antonio Artigas, la peligrosa tarea de reanudar las relaciones con los indios para pactar la paz. Era necesario tomar contactos con estos y lograr que aceptaran negociar.
Si bien no hay muchos datos, en esta tarea habría tenido gran influencia para el éxito de la gestión del abuelo del General José Artigas, Pascual de Chenay o Pascual de Chena, indio peruano radicado en las inmediaciones del «Río Rosario».
Finalmente, la tarea de Juan Antonio Artigas da resultado y junto a el llegaron a San Felipe de Montevideo, los caciques Agustín Guitabuiabo y el Capitán Francisco Usa, acompañados de 30 indígenas.
La Paz se pactó el 22 de marzo de 1732 con la presencia de los regidores bonaerenses Francisco de Lemos, Matías Solana y Sebastián Delgado.
Sobre este hecho, Aníbal Barrios Pintos (6) afirma que; Se daba así reconocimiento Oficial como Nación a la familia Minuana o Guenoa, pactando sus caciques, de igual a igual, con los representantes del Gobernador de Montevideo.
A pesar de que la guerra Charrúa continuó desarrollándose en otras comarcas, los minuanes respetaron el convenio de paz con los montevideanos de 1732, hasta 1742.
A partir de ese año se reanudaron las hostilidades de los indios con los españoles en la jurisdicción de Montevideo, ver actas del Cabildo de fechas, 13 de Agosto de 1742, 12 de Julio de 1745, 20 de Junio de 1746, 10 de febrero, 13 de marzo y 5 de Mayo de 1749.
También habrá problemas en 1750.
Sabemos que el 17 de marzo de 1750 José Andonaegui reitera al Cabildo de Montevideo con respecto a los indios que «tenía prevenido a Vriarte los pase a cuchillo sino se contenian despues de haberlos requerido con Paz y buena correspondenzia»
El Gobernador de Montevideo, Joaquín de Viana en carta al Rey de fecha 20 de abril de 1751 describe la situación con los minuanes desde 1732 a la fecha y en la parte final de la misma explica que «…recibió carta orden el Gobernador de esta Plaza del Capitán General, para que pasase a cuchillo todo indio mayor de doce años, reservando el todo de las mujeres y niños que se cogiesen; cuya copia dio al Maestre de Campo»
Además de la Guerra guaranítica los españoles tendrán reiteradamente hostilidades y ataques de los indígenas y se generaran acciones contra estos en 1764-1766-1773-1778 y 1797.
Dice Eduardo F. Acosta y Lara que: «Corresponde a esta época la creación del Cuerpo de Blandengues de la Frontera de Montevideo, fundada por el virrey Pedro de Melo de Portugal en diciembre de 1796, y cuyas normas de reclutamiento fueron publicadas en nuestra Capital por bando de Olaguer y Feliú, con fecha 7 de febrero de 1797. Destinado a perseguir a los charrúas, a los contrabandistas portugueses y a las bandas de cuatreros que infestaban la campaña, el nuevo cuerpo se formó con individuos conocedores del ambiente, aptos para desenvolverse y guerrear en terrenos agrestes y hostiles, y por sobre todo , gente muy de a caballo, condición ineludible para cumplir las misiones que se les confiaban. Buscando cuñas del mismo palo…»
(1) Azarola Gil Luís E. «Orígenes de Montevideo» pág. 125.
(2) Acosta y Lara Eduardo F, «La Guerra de Los Charrúas» pág. 51.
(3) de Funes Gregorio V:2 pág. 53 «Ensayo de la Historia Civil de Buenos Aires, Tucumán y Paraguay» Buenos Aires 1856.
(4) de Funes Gregorio Vol. 1 pág. 279 «Ensayo de la Historia Civil de Buenos Aires, Tucumán y Paraguay» Buenos Aires 1856.
5) Acosta y Lara Eduardo F, «La Guerra de Los Charrúas»
(6) Aníbal Barrios Pintos “Historia de los pueblos Orientales”
