COSTUMBRES VOLUNTARIAS BUENAS Y MALAS
En la vida asumimos como obligatorios ciertos comportamientos o simplemente aceptamos, como forma de convivir en sociedad acuerdos que no elegimos, pero nos permiten progresar o cuando menos mantenernos en un trabajo o simplemente asegurarnos el habitad o la mantención de nuestras necesidades básicas.
Sin embargo hay convenciones o simples voluntades de nuestra parte, las cuales cumplimos por convencimiento tácito o acostumbramiento voluntario, durante la mayor parte de nuestras vidas.
Con el paso del tiempo ciertos acuerdos se comienzan a modificar o perder en el acostumbramiento que siempre predominó en nosotros o el resto de la sociedad, que nos va llevando a perder parte de esa denominación general que reconocemos como valores sociales, que tanto ayudan a la convivencia social.
Desde de priorizar el asiento en un ómnibus hasta el lugar en la mesa familiar, todo está preconcebido o estaba porque con el tiempo se ha ido perdiendo obligando incluso en el primer caso a que ya esté determinado como lugar obligatorio, para salvar la pérdida de costumbre.
Hace pocos días vi una foto de una señora mayor sentada en una hamaca de juegos infantiles que no quería ceder su lugar a los chicos, porque estos no lo hicieron en el bus, mostrando claramente que la costumbre ha caído en desuso, no solo para los jóvenes ,también en nosotros los mayores.
Hasta en el tránsito se ha perdido la gentileza de darle paso a una ambulancia o simplemente dejando espacio para que otros vehículos tenga senda libre si uno va a paso de tortuga, todo sirve para ser causa de irritación , bocinazo o incluso peleas cache jeras cada día más frecuentes.
No hace mucho tiempo viendo una película de un italiano manejando en Estocolmo era realmente cómico como el ítalo que podría ser argentino sin mayores reparos o casi uruguayo, tocaba bocina o ladraba epítetos que el resto de los automovilistas no entendían, porque los escandinavos son tranquilos, respetuosos de las normas escritas y/o las acordadas, además de manejar en forma controlada sin apuros (será que tienen 6 meses a la sombra).
Nunca vi mayor cantidad automóviles circulando como en Colombia, tal es así que se turnan un día sí y otro no, para poder circular como en su momento hubo en Uruguay (algunos tenían dos autos e incluso dos chapas), pero sin embargo en las calles son muy respetuosos del uno y uno según de donde venga pretendiendo tomar la misma vía.
No hace mucho tiempo cuando venía con mi nieto, yerno e hija del centro y tomamos Larrañaga recién mejorada vimos una chica que forcejeaba con un ladrón y le gritaba que no la iba a rapiñar de nuevo en la parada, frenamos aproximando el auto lo que fue suficiente para que el rapiñero se retirara, acompañando a la chica hasta la casa próxima de donde había salido.
Sin querer ser reconocido por la actitud reconozco que esta forma de actuar ha caído en desuso y los que siempre hemos declarado estar del lado del más débil hoy miramos para otro lado,es menos complicado él no te metas para no salir afectado. La calle parece que fuera de los delincuentes, mientras el resto profesamos el dicho de sálvese quien pueda en la selva de cemento, donde andar como peatón es casi seguro que en algún momento seremos agredidos e incluso golpeados por resistirnos a perder lo poco que llevamos encima.
No hace mucho tiempo a las 17.30 cruzando la calle Colonia un individuo quiso robarme metiéndome la mano en un bolsillo, pero el teléfono estaba en el orto a lo cual no pudo concretar su objetivo, sin amilanarme le grité de todo mientras los transeúntes miraban sin hacer nada, por eso afirmo que las costumbres de solidaridad frente al delito brillan por su ausencia, lo mismo que la presencia policial.
De a poco nos van ganando las malas costumbres por inanición o por convencimiento, porque cada uno sale y quiere volver sano y salvo sin complicaciones adicionales, sin pensar que mañana será el mismo el que pueda sufrir el atropello.
Digo más; hay personas que no quieren salir de testigo ante la injusticia o algún accidente, que vieron claramente como un atropello porque saben que luego deberán andar en vueltas perdiendo jornales o simplemente teniendo que concurrir a la sede judicial, siendo una manera simplista de ser cómplice de lo sucedido, por omisión afiliándose a la herencia de los días oscuros, de aquella frase egoísta de “hace la tuya”.
El problema adquiere muchas aristas porque las personas vamos adoptando costumbres en forma voluntaria que hasta ayer parecían parte de nosotros de una forma y ahora las vemos prácticamente de otra.
Cuando surgieron las tarjetas como parte de nuestro diario vivir e incluso con estímulos adicionales, la costumbre de dejar la propina a los mozos fue perdiendo fuerza, cuando todos sabemos que a esta altura son parte de su salario, nos guste o no.
Actualmente se le puede incluir en la deducción del monto total, pero muchas personas consideran demasiado poner un 10% más cuando un 5 % podría ser más adecuado, sin embargo de a poco casi no se usa el efectivo y hasta los cuida coches tendrán que salir con la maquinita de débito, para lograr alguna atención.
De las situaciones planteadas hay una que me produce mayor escozor, no por su magnitud, sino por el significado personal de quienes serían los beneficiarios, que son los acomodadores de algunos teatros, donde es cada vez más raro que reciban propina.
Desde que el señor Greco siendo responsable del teatro Solís impuso la costumbre de no recibir dinero a sus empleados, la gente comenzó paulatinamente a acostumbrase a no hacerlo y ahora hasta en la Sala Verdi también de la IMM vemos que los veteranos acomodadores si bien deben tener buenos sueldos, no reciben nada.
Lo que me resulta más chocante es en lugares como el Galpón o Circular, donde los chicos que realizan la tarea lo hacen como una forma de recibir una pequeña ayuda, para seguir estudiando artes escénicas en el mismo teatro, como me consta lo han hecho desde la década del 70 del siglo pasado, cuando comencé a concurrir asiduamente e incluso conocí muchos grandes actores que comenzaron realizando esa función.
Así que no demos por sentado que todos los cambios culturales son positivos, no abandonemos algunas costumbres voluntarias que no nos hacen ni mejores o peores ,simplemente a largo plazo estaremos ayudando a que más jóvenes culminen sus estudios o incluso algunos cuida coches lleven al pan a su hogar.
