abril 17, 2026

MILEI, ¿NECESITAMOS A ALGUIEN ASÍ?

Master Escribe Cardozo

Esperé unos cuantos días para referirme a la victoria contundente de Javier Milei en las elecciones PASO de Argentina. Del triunfo que consiguió podrían inferirse dos cosas a priori. Por un lado, menos mal que por allí apareció un individuo que tiene en claro que los métodos aplicados durante décadas no funcionaron ni funcionan, estando dispuesto a removerlos, así como a sacar del medio a todos los políticos que tanto daño le han hecho al país. Eso, per se, en un Estado como el argentino, es una bomba. Desde todas partes del mundo se tiene el concepto de que es una nación que ha sido gobernada de manera irresponsable y, por lo tanto, es hora de cambiar el rumbo. En segundo lugar, sobre el ascenso de Milei, también se puede inferir: cómo será la situación argentina cuando alguien así está a las puertas de convertirse en el Presidente. Son dos maneras de ver un triunfo resonante que pone a ese pueblo de cara a algo que se podría ver y considerar de muchas maneras pero, en lo esencial, es diferente a lo que hasta ahora ha tenido. El proyecto Kirchnerista ha fracasado rotundamente y la sociedad argentina, con su actual deterioro, da cuenta de ello. Los manejos llevados adelante desde la Casa Rosada y desde la administración pública en general demandan un urgente cambio de rumbo. Milei recepciona el generalizado descontento y le echa nafta al fuego de la rabia. Aparece en forma nítida como «un personaje», que no se hace problema alguno en decir cualquier cosa y enfrentar a los gritos tanto a periodistas como a adversarios y en Argentina esa locura paga y paga bien. Lo que parece que este individuo tuviese en claro es el tema ideológico. El Brasil de Lula, así como todo lo que huela a socialismo no está en sus planes. De ahí se aleja casi sin miramientos; lo tildan de facilista y populista pero sus razones, en ese aspecto, son de peso. No me voy a poner a defender a la élite política argentina, a la cual Milei le da el peyorativo nombre de «la casta», y vaya si le asisten razones para denominarla así. Sin embargo, es complicado lanzarse tan abiertamente contra el sistema porque, si no hubiese políticos y si no hubiesen partidos, ¿qué habría? Los paréntesis de las instituciones siempre son antinacionales y allí han provocado, como en todas partes, consecuencias nefastas. De todas formas, es loable la voluntad de cambio, de hacer las cosas con otro sentido y, muy especialmente de gobernar bien, lo cual no se le puede pedir al sector que está ejerciendo el poder y, mucho menos, al actual presidente, en el entendido que Argentina, aunque no lo parezca, tiene un presidente. El achicamiento del gasto estatal y la eliminación de regímenes prebendarios que están impuestos como una especie de Ley non scripta, de llevarse a cabo racionalmente, son medidas que se imponen. En cambio si hablamos de desmantelar el Estado, sacándolo de los lugares en los que su presencia es necesaria, puede ser muy contraproducente. Si a un argentino medio se le preguntara su opinión sobre cerrarle el camino a los políticos corruptos, seguramente respondería a gritos que sí, aunque no nos atreveríamos a predecir su respuesta si se le planteara que todo cuanto lo rodea estuviera en manos privadas. También cabe preguntarse de qué manera puede funcionar un sistema económico sin una autoridad monetaria, rol éste que siempre han cumplido los Bancos Centrales. Milei pretende sacarlo y no se ve claramente qué iría en su lugar. Lo que hay que ver, es cómo nos viene esa presidencia si la misma se concreta. De entrada nomás ha dicho que no le convence el Mercosur y que existe una necesidad real de buscar otra clase de aliados lo cual se alinea a la postura de la Torre Ejecutiva. Queremos que le vaya bien a Argentina; acá no parece haber lugar para un outsider así. Históricamente somos otra cosa y manejamos el reloj y el almanaque de otra manera. El Uruguy es más sereno, más sesudo, más razonador y a la hora de decidir, considera otras premisas. En fin, el lío por aquellos lados es grande y grande será la convulsión necesaria para salir del mismo. En una de esas Milei gana, cosa que a nadie le debería extrañar, y, en una de esas, en un tiempo que por ahora no se puede calcular, pasamos a tener un vecino respetuoso y pujante.