febrero 1, 2026

SI LA IMPUNIDAD CAMPEA LA JUSTICIA ESLA PRINCIPAL RESPONSABLE

Master Escribe Casanova

El nuevo código del proceso no puede permanecer ajeno de una legislación que amparaba los delitos sexuales haciéndoles prescribir luego de cierto plazo de acuerdo a la legislación anterior, su desconocimiento por las nuevas coordenadas procesales tendrían que haberlo considerado, para no ser cómplice de la impunidad que termina con una vida atormentada por la insensibilidad social a través de la justicia.

Cuando se sustituyen leyes por otras, siempre se busca que no se altere los antecedentes jurídicos existentes y debería tenerse en cuenta las deficiencias que la legislación desplazada contenía, para no seguir cometiendo los mismos errores.

El marco jurídico actual debería haber considerado al igual que los delitos de lesa humanidad que no tienen plazo de caducidad a los de tipo sexual, para que sus responsables lo fueran por vida y no anduvieran por la calle mofándose de sus víctimas, sin haber reparado en el daño ocasionado, así como los traumas causados con su proceder.

La preocupación anterior está mejor explicado lamentablemente con lo sucedido con la joven que se acaba de quitar la vida luego de deambular en busca de justicia por juzgados, fiscalías y luchar por curar su consecuencias personales de salud, sin tener respuestas adecuadas y cuando las hubo, fue para enlodarle en su cara que el plazo había expirado de acuerdo al código anterior.

Para esta joven no ha habido justicia, sistema de salud o protección social que pudiera enmendar tanta injusticia acumulado en un solo ser, que golpeó puertas por todos lados y la burla de la impunidad le ganó a sus ansias de lograr que sus agresores pagaran sus culpas.

Una sociedad que no es capaz de lograr cuando menos la reparación de los delitos genera incertidumbre, frustración y hasta rabia contenida, que puede terminar en una autoeliminación como en este caso, pero también puede contribuir con mayor violencia en toda la sociedad.

Cuando los mecanismos de justicia fallan, las personas se sienten desprotegidas y pueden acudir a métodos no controlables por los mecanismos aceptados por todos, terminando en enfrentamientos imposibles de frenar, porque cuando sienten que no son tenidas en cuenta sus vicisitudes por las instituciones supremas de la nación, pueden o intentan hacer justicia por mano propia.

No quisiera para mi país una sociedad crispada y en una batalla permanente con los delincuentes, sus familias o vecinos, porque cuando cunde la violencia es imposible poner límites personales o territoriales a los enfrentamientos y podemos llegar a ser una comarca habitada por los bárbaros de la edad media en el siglo 21.

En nuestro país el recorrido de la justicia tiene historia, pero ha sufrido cambios justamente por la detección de hechos de injusticia que han alertado sobre la necesidad de cambiar, desde cuando las desavenencias se arreglaban con derramamientos de sangre en guerras civiles o incluso en forma más civilizada mediante duelos personales, hasta la disolución de los tribunales en 1929.

Las personas que formaban los tribunales como aún sucede en los Estados Unidos en un país pequeño como el nuestro y más en 1929 resultaron muy permeables a los designios del instigador del asesinato de su esposa, el cual fue liberado en el juicio conocido como de la ternera (se dice que el abogado que elaboró la defensa inescrupulosa se comió media ternera), por el nombre de la estancia de autor intelectual del crimen.

Cuando regresa este acusado a su pueblo de pocos habitantes comienza a palparse una gran impunidad del dinero como motor de la compra de voluntades y hacerse patente, lo que todavía hoy es voz populi “hay una justicia para ricos y otra para pobres”, esta sí que es una venda que jamás verá iguales los platos de la balanza.

Deberíamos agregar la territorialidad como otro factor determinante de la aplicación de las letras muertas de leyes que son aprobadas pero hay diferencias en cuanto a su aplicación, como cantaba Zitarrosa, lo que lleva que en el papel somos todos iguales ante la ley, pero aparecen hijos o antenados, y como decía el Martín Fierro “hace te amigo del juez y no

tendrás de que quejarte”, Lamentable e irónico a su vez; pero lo peor es que aún sigue sobrevolando el imaginario de la impunidad presente en muchos estamentos y/o personas tan de carne y hueso como nosotros.

Todavía hoy existen señores feudales que tienen un dominio territorial por el poder económico, político, social y hasta religioso, que le da un cheque en blanco para cualquier atropello ciudadano en desmedro de otras personas a los cuales consideran objeto ocasional de sus tropelías(todos conocemos accidentes con responsabilidad sin consecuencias de cárcel, violaciones de tipo sexual, de convivencia o simples atropellos personales o quienes pasan por la misma vereda de quien ha sido ultrajado recientemente).

Piensen en lo que ha sucedido en las provincias del interior argentino o en nuestro interior profundo o incluso en barrios tugurizados de nuestras ciudades, donde predomina la ley del más fuerte sin participación del estado como garante de la convivencia social, en un espiral de violencia donde hablan los apremios sobre el razonamiento o la capacidad de convivencia civilizada.

Estamos en una sociedad donde se supone predomina un estado de derecho que nos protege y nos da garantías que lamentablemente fueron inexistentes por los 12 años de dictadura y que este mismo pueblo reconquistó, aunque muchos hechos siguen impunes.

Ustedes pensarán enseguida de la impunidad de aquellos responsables de la violencia estatal (aún no juzgados), que generaron el miedo y temor en la mayoría de la sociedad bajo el paragua del poder del gobierno de facto y que aún hoy siguen cobrando sus jubilaciones, sus sueldos y/o dando la espalda a sus víctimas e incluso sin dar información para poder rescatar a los desaparecidos.

Todos sabemos de casos de jóvenes mujeres obligadas a abortar en las peores condiciones que han pagado con su vida o de niños/as abusadas desde pequeñas/os, que no han sido reparados sus consecuencias o atendidas sus traumas psicológicos y/o físicos. Existen muchas situaciones donde la justicia no llega o lo hace tarde y mal, para poder reparar tanta desgracia personal o incluso grupal, que terminan en los archivos de las fiscalías, sin más destino de resurgir sí la o las víctimas consiguen sacarle a la luz pública, generando una presión en los medios que les obliga a actuar. Debemos darle una batalla a la impunidad, porque es la principal generadora de violencia en una sociedad que consideramos de legalidad y protección de los más débiles, donde fallan los mecanismos de aplicación de la justicia. En realidad, deberíamos velar por la protección de quienes son damnificados, condenando aquellos que se creen impunes por su condición de privilegios dentro de la sociedad, que lo hacen sentir un ser superior ante la ley; esto es inadmisible en memoria de tantos conciudadanos humillados en sus derechos y luchas por la justicia.