febrero 1, 2026

PODRÍA ESCRIBIRSE UNA NUEVA HISTORIA

Master Escribe Cardozo

Desde esta misma columna dijimos que, en estos momentos, no nos es posible hacer vaticinios de ninguna especie sobre lo que puede pasar el próximo 24 de noviembre en la segunda vuelta entre Delgado y Orsi. No tenemos elementos de juicio suficientes para jugarnos por ninguna de las dos opciones las que, al momento de teclear estas líneas, van cabeza a cabeza. No obstante, lo que sí puede hacerse es analizar la forma en la que ha quedado conformado el Poder Legislativo y sacar algunas conclusiones. La Cámara de Senadores se conforma de treinta miembros, dieciséis de los cuales pertenecen al conglomerado izquierdista que ya ha comenzado a hacer alarde de la mayoría lograda. Si Delgado es elegido Presidente, se puede decir que tendría un escollo para gobernar, ya que la oposición le trabaría muchos proyectos. En la Cámara de Diputados, la izquierda no cuenta con mayorías, pero la presencia de los dos Diputados de Identidad Soberana, sector liderado por el Dr. Gustavo Salle, pueden convertirse en un escollo para cualquier gobierno. Desde que el Uruguay recuperó la Democracia, el Parlamento, como no podía ser de otra manera, ha jugado un rol más que importante, siendo caja de resonancia de mucho de lo que pasa en la sociedad. De mucho; no de todo. Convengamos en que no es una institución perfecta, ya que tales no las hay, pero en su perfectibilidad le ha servido en una buena medida a este país. Sin embargo, debe decirse que en ocasiones, el Poder Legislativo parece estar divorciado de algunas realidades. La integración actual es un innegable mandato del pueblo soberano que entiende que ya no es hora de pelear ni de contradecir, sino de buscar acuerdos que permitan arribar a las tan ansiadas soluciones. Los bloques son muy grandes y entre ambos se constata una paridad casi total; no es demasiado lo que cualquiera de los dos podría hacer sin el otro. Ambos saben que no se puede gobernar como si se estuviese en un ring. Sería una actitud demencial. El punto a saber es hasta dónde, cualquiera de los dos estarían dispuestos a aflojar, y así mismo va a tener que ser en diferentes momentos. Si se le preguntara a cualquier ciudadano, qué tipo de parlamento quiere, de seguro respondería que uno cuyos integrantes tengan todos los sentidos puestos en trabajar en pos de conseguir lo que sea mejor para el pueblo. Pero tal vez, el ciudadano interrogado no se quede sólo en eso, sino que también diga que quiere que los integrantes del mencionado poder hagan a un lado los personalismos y lleguen a acuerdos que permitan la gobernabilidad. Habría sido lo mismo que hubiese dicho: «terminen con las disputas estériles y sean capaces de ponerse de acuerdo para hacer lo que se debe hacer». Observemos por un momento dónde estamos y preguntémonos si de algo nos sirve continuar peleándonos en lugar de sentarnos a una mesa y escucharnos entre todos. Se me podrá decir que la política no funciona de esa manera, pero la gente dio un veredicto y de seguro premiará a quienes sepan adaptarse al mismo. Sería una inigualable oportunidad para saber si somos capaces de anteponer el país a las ambiciones personales. Sería uno de los mejores mensajes que le podemos mandar a la Comunidad Internacional. Y, porsupuesto a nosotros mismos.