Hacia el debate
Mientras Donald arrasó en Estados Unidos, llevándose puesta la famosa «cultura woke», decretando que sólo habrán de reconocerse dos sexos, ambientando la frontera restrictiva con México y dándole la espalda al Cambio Climático, Uruguay, serenamente se acerca a la recta final de las Elecciones. Muy pocas veces en nuestra historia, nos ha venido tan bien la definición de «penillanura suavemente ondulada»; la chatura del proceso y la vaciedad de las propuestas nos lo dice todo. ¡Será que nadie tiene nada que decir! ¡Será que a pocos les preocupa que se vaya a lo profundo de cada cosa! A tal punto es así que mucha gente no sabe que el próximo domingo se va a llevar a cabo un debate televisivo entre los dos aspirantes al sillón presidencial. Suponemos que los contendores se están preparando para dar lo mejor de sí y en esto se puede hacer algunos vaticinios. Es casi seguro que el candidato del conglomerado de izquierda, se está alistando o, al menos, lo están ayudando a rellenar los vacíos que ha demostrado tener. Sobre algunas cosas no dice mucho. Sobre otras no dice nada. Para colmo, el hombre que le lleva los números, Oddone, no le está aportando una gran colaboración, que digamos. Por el otro lado, resulta obvio que Álvaro Delgado se va a plantar con su clásico talante sereno y conciliador, dispuesto a buscar acuerdos y a establecer consensos y, con absoluta lógica, hará gala de su experiencia aquilatada en un puesto clave de la actual administración. Los indicadores serios, esos que están elaborados por técnicos conscientes, nos permiten ver que en este país se constata una serie de cambios en relación a la pasada administración. Se produjo una reforma jubilatoria la cual se gambeteó durante los tres lustros anteriores cuando todo el sistema la reclamaba. Puede que en la misma haya aspectos que no resultan demasiado «simpáticos», por llamarlos de alguna manera, pero había que incluirlos para equilibrar la balanza. Se plebiscitó su anulación y las grandes mayorías la apuntalaron. Punto y aparte. La administración de la enseñanza y la dirección que la misma ha tomado nos muestra una descompresión de las estructuras educativas, aunque todavía resta mucho por hacer en materia de planes de estudio. Los índices de criminalidad han descendido y aquí puede hablarse de una gestión no ideologizada sino efectiva y concreta. La inserción internacional del país es un hecho que ya está dando sus frutos y las posiciones adoptadas ante los grandes temas mundiales marcan una diferencia notoria con lo que otrora fueron las posturas de la Cancillería. Delgado ha sido partícipe de todos esos logros; estuvo allí, o sea que puede hablar de los mismos en primera persona. Dos rostros. Dos cerebros. Dos abanderados de diferentes procesos. Dos formas de ver al país. Dos concepciones políticas diferentes acerca del rol del Estado. Y un pueblo que aguarda expectante.
