febrero 1, 2026

DIECINUEVE TROFEOS A LA GAUCHADA EN LAS DEPARTAMENTALES

Master Escribe Casanova

Por más que el recientemente electo intendente de Montevideo se esfuerce en argumentar que el Frente Amplio sigue gobernando la capital porque no se estila la gauchada o la corrupción, los tozudos hechos demuestran que al decir de Sendic si ponen un frigo bar o una heladera se gana.

Cuando Sendic afirmó que si era de izquierda no metía la mano en la lata (Tabaré Vázquez a su vez dijo que si sucedía se la cortaba, pero nunca vi un manco por estas circunstancias y menos aplicar la ley del talión), estaba partiendo de una premisa equivocada que los sucesos posteriores se encargaron de demostrar.

La guachadita más común la realizan las propias autoridades cuando ponen en tela de juicio el trabajo de los fiscales o la ley en primera instancia y posteriormente haciendo declaraciones de amistad, incluso yendo en caravana para tratar de torcer o influir en las posibles sanciones de los implicados. Esto corre para todas las corporaciones de izquierda, derecha, de centro, asalariados, empresarios, de corbata o remendados, nunca falta un roto para un descocido decíamos antes y siendo aplicable frente a cualquier atropello legal o constitucional. Como dijo Bezzosi nadie está libre de las gauchadas en los diecinueve departamentos (vieron que nadie tiró la primera piedra, ni Orsi), y quien más o quien menos han utilizado esta forma tan uruguaya de utilizar el estado para no poner la mano en su propio bolsillo y así seguir acumulando voluntades, que al final se transforman en votos para consolidar su presencia política. Sin lugar a dudas la obra pública es la forma más horizontal y difundida de las adjudicaciones desde el gobierno desde donde se obtienen los recursos para perpetuarse en el poder, porque nadie me podrá decir que es una gran casualidad que las empresas adjudicatarias sean las mismas y jamás se han escuchado protestas o algún indicio de que exista discriminación alguna por obras mal realizadas.

Otra forma más sofisticada de apropiarse de nuestros dineros con la mirada cómplice de las autoridades de turno, es cuando se realizan obras innecesarias y/o utilizando soluciones más costosas para complacer el apetito de los empresarios.

Por ejemplo que piensan ustedes de la sustitución del hormigón de Pando con grandes excavaciones y por supuesto generación de un entramado nuevo de hierros con su consiguiente encofrado para ser rellenado, teniendo que volver a realizar los cordones, respectando las entradas o las cañerías que puedan existir?. No hubiera sido más económico pregunto; haber re-capado con una gruesa capa de asfalto y reforzando el hormigón de las paradas como se ha hecho en la capital, y con las disculpas del caso sí se me escapa algún argumento, que no sea económico, usted no desconfiaría?.

Como algo menos ofensivo o cuando menos aceptada por la población es la gauchada, como una forma corrupta de menor cuantía que se practica en todos los niveles de la sociedad, pero cuando se hace con los dineros públicos puede pasar a ser un delito, dependiendo del ojo fiscal o la experticia de quienes deben vigilar los dineros de todos. Esta forma de trabajo implica generar diferencia entre los ciudadanos porque son algunos los que acceden al beneficio y otros miran desde su ventana ver pasar en sus narices los acomodos personales, en forma de materiales o recursos humanos, que generan grandes erogaciones sin demasiadas justificaciones. La discrecionalidad de la compra directa muchas veces observadas por el tribunal de cuentas, pero sin poder ser reversible su resolución, al igual que las designaciones totalmente justificadas por circunstancias particulares, que luego se hace permanentes.

Con la complicidad en este caso de los propios gremios que siempre defienden a los recién llegados sin importar el como para aumentar sus adherentes, todo ese combo termina en el endeudamiento crónico.

Gobernar una intendencia debería obligatoriamente no gastar más de lo que se recauda y de esa manera no depender del endeudamiento que genera compromiso, que van más allá de la propia gestión beneficiaria, una forma desleal de comprometer el patrimonio actual en aras de dar la idea de gran gestión. Otra forma de estimular la gauchada es mirando para otro lado cuando sabemos que todo empleado público debería denunciar en conocimiento de irregularidades (por algo existe esta ley), siendo muy común que frente a ocupaciones de la propiedad privada hagan la plancha o inclusive ha habido situaciones por suerte excepcionales, donde le han estimulado. En un régimen de derecho debemos conservar el respecto de la propiedad no solo por quienes las sustentan, sino para mantener ciertas reglas de convivencia social que hacen a un entendimiento civilizados de las controversias. Recuerdo lo narrado por un amigo que trabajó en Haití y cuando le pagaba el sueldo a su empleada esta le pedía que se lo guardara porque no sabía cómo usarlo ante la inexistencia de la propiedad sobre los bienes a ser comprado.

El capitalismo en su origen tuvo que hacerse de la tierra primero para despojar a los indígenas o primeros habitantes de esta, logrando que pasaran de la esclavitud a la dependencia del salario para sustituir su alimentación, ganando en eficiencia de explotación pero dando la libertad como bien tan deseado. La existencia de regímenes que aseguran la alimentación, la educación, la salud o el habitad se parece más al pre capitalismo si no existe la libertad del individuo, como condición indispensable para andar por la vida sin temores o represalias por su forma de pensar o actuar. En un sistema democrático se supone que las condiciones son iguales para todos siendo las diferencias por nuestras virtudes o defectos, sin embargo en una población tan pequeña el amiguismo fomente la gauchada haciendo posible la discriminación, por parte del estado que debería asegurar el respeto por los iguales. No me vengan con eso de que es para amortiguar las diferencias creando otras más coyunturales o incluso permanente, porque alguien que entra por la ventana al estado a no ser que mate al jefe (es broma) es casi imposible su remoción, siendo aún peor los que ingresan con grandes salarios, que poco tienen que ver con su formación o idoneidad para la función asignada. Qué país generoso, jugamos a todo, incluso a la gauchadita, hasta hicimos un rodeo cortando arboles añejos para que los gauchos se diviertan, pero parece que ha tenido poca aceptación el proyecto, porque pasó la semana criolla sin pena, ni gloria y sin caballos para regular el pasto. Se argumenta que es privado, pero quien recuperará los cambios producidos en un terreno público que debería ser disfrutado por todos los que pagamos los impuestos, por supuesto no incluyendo algunos compatriotas recién designados en cargos relevantes. Señores basta de gauchadas por respecto al gaucho y sus costumbres, usen su plata si quieren favorecer a un amigo o vecino, o dejarse influir por las corporaciones de cualquier tipo, y menos usar el estado para decisiones discrimatorias.