febrero 1, 2026
Master Escribe Cardozo

Cuando fue sancionada la Ley 17 514, de Violencia Doméstica, respiramos aliviados; como siempre decimos, el Derecho se nutre de la realidad y ésta indicaba que era hora de contar con un instrumento que permitiera defender a las personas del ataque de parejas irascibles que, padeciendo el síndrome de la agresividad, arremeten contra quienes tienen al lado. Siempre pasó esta clase de cosas, pero recién en éstas últimas décadas se aceptó que era necesario tomar medidas, las que llegaron algo tarde debido, entre otras cosas, a que la evolución cultural, en diversos ámbitos, es lenta. Todavía hay una alta cifra oscura, conformada por hechos que no son denunciados y cuyos culpables no han sido llevados ante la Justicia. Se ve todos los días y se alimenta de la pasividad de quienes pueden o deben denunciar y no lo hacen. La promulgación de la mencionada norma, tuvo como impulsores a diversos colectivos feministas que, desde hacía tiempo, venían protestando contra las situaciones a la postre abarcadas por la Ley. Lo que nos preocupa de estos movimientos es que, en más de una oportunidad, han actuado con criterios dualistas, tal como si hubiese episodios que los sensibilizan y otros no, cuando el acaecimiento de los mismos está comprendido en la Ley.  Más adelante en el tiempo, le llegó la hora a la Ley de Género, 19 580 con la que se ha procurado brindar una mayor protección, en este caso, especialmente a la mujer, inclusive, a aquella mujer trans. Este cometido, muchas veces, nos ha llevado a pensar en la actual situación de las mujeres en el mundo entero. Haciendo a un lado a aquellos países en los que su situación como ser humano está reducida a la nada, es necesario reconocer los avances de aquélla en todas partes y en todas las actividades. Basta dar una mirada al ámbito profesional de nuestro país, para darse cuenta que la mayoría de la población universitaria es femenina. Así es en todas las facultades y centros de enseñanza. Pasa lo mismo en los tres Poderes del Estado, pese a que, en los últimos períodos hay una disminución en el número de mujeres. Los hechos nos llevaron a concluir en la necesidad de que ese tipo de normas esté en vigencia.  Sin embargo, en algún momento, nos llamó la atención que se necesitara tanta intervención legal para regular situaciones que se imponen por la fuerza de los hechos. Cada día son menos los que consideran la existencia de un sexo débil. De todas maneras se trata de una herramienta muy útil en tiempos en que la violencia es moneda corriente en todas partes. A no olvidarse de que ha habido hombres públicos que han sido puestos ante un Fiscal por transgredir esa clase de leyes lo cual, en otros tiempos de la vida del país, no habría pasado. Nos pareció de orden, las modificaciones que a la Ley de Género propuso el Poder Ejecutivo, durante la Presidencia de Lacalle Pou, en cuanto establece penas mayores para todos aquellos que presenten denuncias falsas, lo cual es de capital importancia ya que las ha habido y con ellas, en la mayoría de los casos, se pretende distorsionar la labor de la Justicia. Aún hay trabajo que hacer al respecto. El Estado, debe permanecer atento ante cualquier desborde de conductas, sin que importe quienes las protagonizan.