Se conmemoró el Día Mundial de las Abejas

¿Por qué se celebra el Día Mundial de las Abejas?
La celebración anual del Día Mundial de las Abejas permite sensibilizar acerca del papel esencial que las abejas y otros polinizadores desempeñan en el mantenimiento de la salud de las personas y del planeta, así como sobre los muchos desafíos que afrontan hoy en día. Esta celebración tiene lugar desde 2018, gracias a los esfuerzos del Gobierno de Eslovenia y el apoyo de Apimondia, que dieron lugar a la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas por la que se declaró el 20 de mayo Día Mundial de las Abejas.
La fecha elegida para celebrar el Día Mundial de las Abejas es la del natalicio de Anton Janša, pionero de la apicultura moderna perteneciente a una familia de apicultores de Eslovenia, donde la apicultura es una importante actividad agrícola con una larga tradición.
En la actualidad, el número de abejas, polinizadores y muchos otros insectos está disminuyendo. El Día Mundial de las Abejas supone una oportunidad para que todos -gobiernos, organizaciones, sociedad civil y ciudadanía interesada- promovamos acciones que protejan y ayuden a los polinizadores y sus hábitats, incrementen su abundancia y diversidad y apoyen el desarrollo sostenible de la apicultura.
World Bee Day 2026 theme
Juntos con las abejas, por las personas y el planeta
Una asociación que nos sostiene a todos
El tema de este año, “Juntos con las abejas, por las personas y el planeta. Una asociación que nos sostiene a todos”, pretende subrayar la sólida y duradera asociación entre los seres humanos y las abejas.
Durante milenios, las abejas y las personas han compartido una conexión estrecha y cambiante, moldeada por el modo en que las comunidades de todo el mundo han dependido de las abejas para alimentarse y ganarse la vida, por lo que a menudo estos insectos han pasado a formar parte de su identidad cultural. Desde la recolección de la miel hasta una gran variedad de sistemas apícolas, esta relación se ha adaptado continuamente a diferentes entornos, tecnologías y necesidades socioculturales.
Con arreglo a este nuevo tema, la celebración se centrará en cómo los seres humanos y las abejas han trabajado juntos durante miles de años para nutrir y sostener a las personas y el medio ambiente. También pondrá de relieve la evolución de la apicultura en diversas culturas y territorios a lo largo de miles de años, al tiempo que promoverá enfoques innovadores que mejoren la producción y la salud de las abejas y apoyen los medios de subsistencia de los apicultores, incluidas las mujeres y los jóvenes. Asimismo, se hará hincapié en cómo tanto los conocimientos tradicionales como las tecnologías modernas pueden contribuir a una apicultura sostenible, y en cómo las asociaciones y los enfoques inclusivos pueden ayudar a conseguir un futuro sostenible tanto para los polinizadores como para las personas, al tiempo que se promueve la transformación de los sistemas agroalimentarios.
Este tema está en estrecha sintonía con el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores y el Año Internacional de la Agricultora, que se celebran en 2026, y ofrece valiosas oportunidades para reflexionar sobre el papel de la apicultura en los medios de subsistencia rurales y pastorales y su contribución al empoderamiento de la mujer.
Científica y empresaria, una mujer mongola transforma el veneno de abeja en productos innovadores
Con una vocación filantrópica desde su juventud y una formación académica en economía, Solongo Ganbold encontró el camino hacia la microbiología en una etapa posterior de su vida, cuando ayudó a su madre en su investigación doctoral. Fue el veneno de las abejas melíferas (apitoxina) lo que despertó su interés por su potencial en el tratamiento de pacientes con diabetes. Con esta nueva orientación, se convirtió en emprendedora, impulsada por un concurso de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Desde niña, Solongo quería ayudar a la gente. A los 15 años se ofreció voluntaria para enseñar inglés a niñas desfavorecidas. De adolescente, recogía ropa vieja para huérfanos y niños de la calle. A los 20 años, gracias a su formación en economía, empezó a trabajar en el gobierno y en organizaciones internacionales para defender políticas que beneficiaran a niños y mujeres.
Sin embargo, fue durante su baja por maternidad cuando empezó a investigar los efectos terapéuticos del veneno de las abejas melíferas.
Cuanto más aprendía, más se daba cuenta de que podía aprovechar estos conocimientos científicos para desarrollar productos innovadores, como bálsamos analgésicos y ungüentos reconstituyentes, derivados del veneno de abeja. Creó “Magic Bee Foods” y, a pesar de las dificultades iniciales propias de cualquier empresa de nueva creación, Solongo se mantuvo determinada.
Su momento crucial llegó cuando ganó el segundo premio del “Desafío agroempresarial”, un concurso concebido para fomentar la innovación y el espíritu empresarial en el sector agroalimentario e identificar nuevas empresas prometedoras con soluciones potenciales para los retos del sector.
Este concurso se organizó en el marco de un proyecto financiado por la Unión Europea e implementado por la FAO y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo: Sustainable Development Goal (SDG) – Aligned Budgeting to Transform Employment in Mongolia (Presupuestos alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible [ODS] para transformar el empleo en Mongolia). En colaboración con la Organización Internacional del Trabajo, el proyecto asistió al gobierno en la prestación de servicios públicos eficaces, responsables y receptivos en el sector de las relaciones laborales y el empleo, apoyando la reforma del sistema de ordenación presupuestaria y financiera y reforzando la capacidad institucional.
La competición fue mucho más que un concurso convencional: ofreció un completo programa de capacitación en incubación y talleres intensivos en los que los principales expertos del sector asesoraron a los participantes con conocimientos y consejos específicos adaptados a sus necesidades.
Solongo afirma que su participación en el concurso le sirvió de inspiración para lanzarse a la investigación y desarrollo (I+D) de otros productos a base de veneno de abeja.
Las abejas y otros polinizadores están disminuyendo; esta conmemoración promueve acciones para protegerlos.
Foto:© FAO/Umar Isayev
