CON DEFENSORES ASÍ, NO SE NECESITA DETRACTORES
Una de las consignas que con mayor frecuencia expresan las autoridades frenteamplistas, se refiere a la defensa de las empresas públicas. Pero claramente no tienen el monopolio de esa concepción. La gran mayoría de los uruguayos, consideramos imprescindible que las empresas que manejan áreas estratégicas para el país deben estar en manos del Estado, hasta por razones de soberanía. En ellas prima el interés nacional y el servicio a la población por sobre el lucro. Así debe ser.
Les propongo hacer un breve repaso de las concepciones económicas para ubicarnos en el tema.
El capitalismo salvaje procura que todo quede en manos privadas y que el Estado se abstenga de intervenir. El dinero es amo y señor de vidas y costumbres. Los que manejan los hilos de las grandes corporaciones supeditan todo a su propósito de incrementar sus ganancias a como dé lugar. Por eso les molesta que alguien controle y eventualmente ponga límites. Sería un Estado limitado a ejercer la Justicia, la función policial y que además juegue a su favor. Juez, gendarme y protector de sus intereses, y hasta ahí. En su forma pura no hay país en el que rija este sistema, pero sí casos en los que el Estado tiene escasa incidencia en la vida económica, y eso no es bueno.
En el otro extremo, el comunismo concentra poder político y económico en el Estado sin que los privados puedan tener la libertad de organizar sus propios emprendimientos. Todas las empresas son estatales, sean estratégicas o no. Por supuesto monopoliza también la educación en todos sus niveles y condiciona el ingreso a la Universidad y la elección de carreras a las necesidades del Estado por encima de la preferencia del estudiante. La historia demostró que este sistema tampoco funciona en su estado puro, y si algún país se acerca al mismo, es en base a la fuerza. Pero también acá hay casos en los que el Estado es demasiado presente y francamente despótico.
En definitiva ambos extremos son inhumanos en la medida que prima el materialismo. Todo lo que se haga en ámbitos, culturales, recreativos, por ejemplo, está al servicio de la idea central. En realidad son dos formas distintas de capitalismo, uno privado, el otro estatal, pero capitalismo al fin. Por supuesto que sin capital no hay producción posible, y por lo tanto no se generarían bienes ni se podría satisfacer las necesidades básicas de la población, pero nunca al extremo de limitar o condicionar la vida de la gente de a pie. En los dos hay quienes gobiernan y quienes limpian las calles; hay quienes viven holgadamente sin apremios económicos y quienes apenas pueden subsistir. Así que no caigamos en la ingenuidad de creer en paraísos terrenales.
Como expresaba al inicio de esta columna, mayoritariamente en Uruguay tenemos la convicción que el Estado no puede estar ausente en la vida económica. En nuestro sistema los privados pueden invertir capital para producir y obtener réditos, pero el Estado, además de cumplir sus funciones básicas, también se reserva la propiedad de empresas que cumplen servicios esenciales y que no es conveniente sean manejadas por intereses privados. La defensa de las empresas públicas no es exclusiva del Frente Amplio, aunque de sus promociones parece que lo fuera. Es más, la verdadera defensa de las empresas públicas no se ejerce con discursos ni eslóganes sino con compromiso y responsabilidad. Si un profesor falta cientos de horas a su trabajo para dedicarlas a la actividad gremial, aunque así haya sido – lo que no está claro – en cambio lo que sí está claro es que le importa más su militancia que su tarea docente. ¿Es la forma de defender y prestigiar la educación pública? Si la Federación de ANCAP apaga el horno de la refinería y provoca, distorsiones y pérdidas para el Ente, ¿realmente están defendiendo esa empresa? Si los empleados de la banca oficial, en marco de su lucha por mejoras, tengan razón o no en sus reclamos, le complican la vida a sus clientes con medidas que afectan seriamente sus actividades, ¿están del lado de los bancos estatales o incentivando a que haya quienes opten por requerir los servicios de bancos privados? Si hay trabajadores de las empresas públicas que no cumplen sus tareas responsablemente, sino haciendo lo menos posible, ¿tienen conciencia que así no se las defiende? Si se generan permanentemente pérdidas va a llegar el momento en el que su existencia pueda quedar cuestionada. Por más públicas que sean deben ser eficientes y competitivas porque quien paga el desequilibrio en la gente de este país, y no nos sobran recursos.
No se trata de objetar la legítima lucha sindical, sino marcar la necesidad que los sindicalistas reflexionen para medir el alcance de las acciones porque su abuso y profundidad pueden generar efectos contarios a los objetivos que se proclaman. Puede que le apunten al gobierno y le peguen a las empresas que dicen defender.
