UN VIAJE CON SENTIDO
El viaje que realizó el Presidente de la República con su comitiva a Londres tiene mucha más importancia de la que se le atribuye y para entender la misma, hay que tener en cuenta el contexto histórico en el que estamos viviendo. Podríamos comenzar recordando que somos un país pequeño, muchas veces dependiente, el cual se tiene que desenvolver en una región que se le torna complicada y, hasta por momentos, hostil. El Mercosur, como ya lo hemos dicho desde esta columna, no nos ha dado pautas claras de desarrollo ya que nuestros vecinos están comprometidos con otros intereses y no parecen dispuestos a tirar del carro en una misma dirección. Sus razones tendrán, pero no nos podemos quedar de brazos cruzados porque el tiempo y las necesidades de la gente apremian. Todos conocemos el dicho de que «al toro hay que tomarlo por las astas», y eso es precisamente lo que está haciendo el actual gobierno. Lo que se fue a buscar a Londres, y así mismo se le planteó a Boris Johnson, es el incremento del comercio y las inversiones, entre el Reino Unido y Uruguay, lo que, evidentemente, nos sirve a nosotros, pero, como no puede ser de otra manera, le tiene que servir a ellos también. Son el primer mundo y de otra forma no hay negocio. Entonces, la administración Lacalle Pou, consciente del momento que nos toca vivir, tiene que jugar el partido con el mejor equipo y entrar a la batalla con sus armas más preciadas; sólida institucionalidad, lo que, entre otras cosas implica el imperio de la Ley sin desbordes, cumplimiento regular de las obligaciones internacionales, reglas de juego claras tanto para nacionales como para extranjeros y, tal como lo exige la hora en la que vive el mundo, firme condena a Rusia por la invasión a Ucrania. Hay mucho más para exhibir, pero estas credenciales deben presentarse en primer lugar. Por aquellos lares saben quiénes somos y a no olvidarse que Inglaterra, Brexit mediante, ya no pertenece a la Unión Europea y, por lo tanto, está por fuera de la zona euro. Esto no quiere decir que sea vulnerable ni mucho menos, pero obviamente las pautas de negociación, para la apertura de nuestra economía son otras. Lo mejor que ha producido este intercambio es el interés que Uruguay despertó en una serie de empresas del ramo energético. Resulta reconfortante saber que entre ambas naciones hay acuerdo sobre la utilización de energías promoviendo la inversión en éstas por parte del sector privado. Ya no estamos hablando de «lo que se viene» porque eso ya está instalado en la agenda del mundo. Por ese motivo, Uruguay está llamado a realizar una profunda reconversión en el ámbito laboral ya que se acercan tiempos de cambios profundos y casi inimaginables. Se prevé que muchos de los empleos que hoy día se desarrollan, ya no lo van a realizar seres humanos sino algoritmos o, mejor dicho, entidades con inteligencia artificial. Robots, ni más ni menos. Siendo así, si no hay más remedio que aceptar esos «avances», lo primero a lo que hay que apuntar a cambiar es la mentalidad de la gente y, como nunca, hay que definir con absoluta claridad cuál va a ser el rol a cumplir por parte del Estado. Si los algoritmos ya comenzaron a existir, es lógico que algún día llegarán por estas latitudes y habría que irse preguntando cómo los recibiremos. Entonces, bien vale planificar con seriedad qué se va a hacer con la gente cuando lleguen esos momentos. Por eso es loable lo que hace el gobierno al buscar la apertura de caminos en una realidad mundial que se torna cada día más compleja.
