abril 19, 2026
Master Escribe Cardozo

Vamos a comenzar por el principio, ¿nos estamos dando cuenta de la trascendencia del tema de la reforma de la Seguridad Social? ¿Entendemos de qué va todo esto? Si la respuesta a ambas preguntas es «sí», como debe ser, nos resulta de orden considerarlo y establecer puntualizaciones. Por fortuna las grandes mayorías se están tomando el asunto a conciencia. En primer lugar, les asiste razón a aquellos que piensan que esto debe ser tratado como una política de Estado, lo cual significa que no puede estar al arbitrio de nadie, así como tampoco ser susceptible de la especulación de partido, ni candidato alguno al cargo que sea. Sería demencial estar cambiando cada tanto tiempo las reglas de juego, poniendo así en jaque la tranquilidad y hasta la propia vida de los compatriotas que ya cumplieron con el país. Hubo un enojo por parte de la gente del Pit Cnt ya que sus dirigentes sostienen que el Presidente de la República no fue en persona a presentar el proyecto en la sede de dicha central, ni mandó a nadie a hacerlo. Luis Lacalle Pou contestó algo que, si bien podría causar algunas molestias, es la verdad; el Pit Cnt no es un partido político, sino que es una central sindical, con lo que pretendió manifestar que, si bien la corporación de trabajadores puede y debe estudiar la propuesta, ellos no conforman una fuerza política que esté representada en el Parlamento, contrariamente a lo que pasa con el Frente Amplio. Por lo tanto, aunque pueda enervar los ánimos, lo que evidentemente ocurrió, el Mandatario actuó de manera correcta. Si se invirtieran los roles, seguramente la actual oposición procedería de la misma manera. Se ha cuestinado la vocación dialoguista de este gobierno. Entendemos que los críticos deberían recordar cuál fue su postura al respecto. Es cierto: el Presidente había dicho, durante la campaña electoral, que lo llevó a la Torre Ejecutiva, que no se iba a aumentar la edad para jubilarse. Convengamos que por violento que haya sido el volantazo, fue imposible no chocar contra la realidad. En 1996, se llevó a cabo una reforma que resultó moderna y abarcativa, pero el paso del tiempo y los cambios sociales reclaman una actualización que se hace impostergable. Hoy día la gente, en virtud de los avances de la ciencia, vive más y vive mejor; al menos es lo que pretende con toda lógica y justicia. Y eso, como todos nos damos cuenta, implica que el orgnanismo previsional debe pagar durante más tiempo a la mayoría de los pasivos y las más de las veces no tiene plata suficiente, siéndole necesario acudir a Rentas Generales. A no olvidarse que, como se ha dicho muchas veces, «somos un país de viejos» y son muchos los pasivos en relación a quienes aportan por su trabajo. Ahí está el quid de la cuestión, que por cierto no es algo privativo del Uruguay y que no pasa en otros lados. Todas las naciones, más tarde o más temprano se ven ante este tipo deficultades. El punto es cómo se tratan, o sea, de qué manera se plantean para obtener una solución. Las demoras, sin importar lo que las motive, pueden resultar fatales y si el proyecto no se plasma pronto en la realidad, se corre un peligro enorme. La reforma es para todos; en esto no se trata de que algunos vayan a ganar y otros a perder. Lo que debe ser desacado es la responsabilidad con la que la Coalición de Gobierno ha encarado el tema, independientemente de las diferencias que pueda haber entre sus integrantes. Estamos seguros que la misma va a actuar con la estatura que los tiempos le reclaman. La sociedad entera será la destinataria de esta reforma y no puede quedar nadie afuera.