RESPETUOSO SALUDO
Haciéndole caso al corazón, así como al cerebro, aunque, como dijo Blaise Pascal, aquél tiene razones que éste último no entiende, tengo que felicitar al Partido Nacional por sus ciento ochenta y seis años. Feliz cumpleaños se le desea a cualquiera. En las redes sociales nos anuncian todos los días el aniversario de diversas personas y, casi por instinto, les deseamos felicidades sin importar si las conocemos o no. En este caso, no se trata de un automatismo sino de sentimientos reales hacia una fuerza política con la que nos sentimos mancomunados en el esfuerzo por tener un Uruguay cada día mejor. Cuando en 1984 se producía el retorno a la vida democrática, quienes nos jugábamos enteros por el Partido Colorado, al que le entregábamos nuestros mejores esfuerzos de militancia, veíamos a los nacionalistas como adversarios que peleaban con la misma enjundia que lo hacíamos nosotros. Wilson Ferreira era ese personaje terrible que nos hacía la lucha difícil. Era bravo; tenía gente. Luis Alberto de Herrera había significado lo mismo, décadas atrás concitando, al igual que Wilson, la adoración de sus partidarios. La lucha fue durísima; se peleaba palmo a palmo y ninguno de los dos aflojaba ni un tranco. Los batllistas conseguimos la victoria y me viene a la mente el gesto de nobleza de Alberto Zumarán saludando a Julio Sanguinetti con un abrazo que sellaba el compromiso que permitió reconstruir esta República. Cinco años más tarde fueron los blancos quienes ganaron y la responsabilidad de ambos partidos se mantuvo intacta, más allá de matices y opiniones. 1994 marcó un jalón en nuestra historia cuando las tres fuerzas políticas quedaron casi en igualdad de votos, pero los colorados otra vez fuimos más. Fue ese el inicio de una etapa diferente de colaboración entre los acendrados adversarios que comprendieron la necesidad de aunar los esfuerzos para gobernar al país. En ese período se llevó a cabo la reforma de la Constitución que permitió que el sistema electoral se ajustara a la actualidad. La paridad había sido tal, que se debió agregar una segunda vuelta al calendario electoral para brindarle al ganador el respaldo que la gestión ameritaba. Así se llegó a este siglo en el que los eternos rivales, aquellos que habían peleado a lanza tiñendo las cuchillas de sangre, entendieron que el país del futuro solo se podía construir si ambos ponían el hombro. De esa forma, con los votos blancos en la segunda vuelta, ganó un Batlle. Los propios blancos, en un gesto patriótico supremo, fueron capaces de darle sus votos a un descendiente del rival que los había derrotado en Masoller. Fueron tiempos duros; tiempos de crisis; tiempos en los que las ideas perdían consistencia ante una realidad jamás vista. Y el enorme Presidente al que la mayoría de los uruguayos había votado fue capaz de timonear la nave en la tormenta y entregarle al primer mandatario de «izquierda» un país en crecimiento, lo que para muchos, tan solo meses antes, era algo impensable. Eso lo hizo un Batlle respaldado por el Partido Nacional y esa clase de cosas no es para cualquiera. Son cuestiones de patriotas. Se necesitaba coraje cívico para algo así y lo había, claro que lo había. La gente, con su voluntad, determinó lo sucedido en los tres lustros posteriores. Los republicanos no cuestionamos la decisión. En 2019, cerramos filas al lado de otro blanco y lo llevamos a la Torre Ejecutiva, manteniéndonos a su lado en todas las instancias, actuando de acuerdo a lo que los batllistas conocemos como «la ética de la responsabilidad», actitud que se mantiene tanto en el poder como en el llano, y que significa hacer lo que se debe hacer, sin medir costos de especie alguna. Se trata de convicciones. De principios que se viven y se palpan a cada momento. Y esos principios, nos pertenecen tanto a nosotros, los de Fructuoso Rivera, José Batlle y Ordóñez, Venancio Flores, Baltasar Brum, Juan José de Amézaga, Luis Batlle Berres, Oscar Gestido, Jorge Pacheco Areco, Julio María Sanguinetti, Jorge Batlle y todos los que vendrán en el futuro. Pero está claro que es un tema que involucra a los de Manuel Oribe, Leandro Gómez, Aparicio Saravia, Luis Alberto de Herrera, Fernández Crespo, Wilson Ferreira Aldunate, Luis Alberto Lacalle de Herrera y Luis Alberto Lacalle Pou. Es una forma de construir al país que está en los genes de los dos. Se trata de sentir la patria muy adentro de cada uno y de experimentar la vocación de servicio hacia toda la sociedad sin que importe otra cosa que la felicidad de todos. Ahí estuvieron los blancos siempre. Ahí estuvimos nosotros. Ahí estaremos los dos.
