abril 19, 2026

MÁS ALLÁ DE LA RENDICIÓN DE CUENTAS

Master Escribe Fuentes

Dado que estamos en los tiempos en que la Rendición Cuentas correspondiente al ejercicio 2021, se debate en el Parlamento, el tema tiene su interés. Como siempre ocurre hay reclamos, polémicas y nunca deja a todos conformes.
La oportunidad me parece propicia para hacer un análisis que va más allá del contenido de esta Rendición y tiene que ver con una realidad que condiciona fuertemente toda iniciativa presupuestal.
El primer dato a tener en cuenta es que casi las tres cuartas partes de los egresos del Estado están comprometidos de antemano. Con el contenido de esta Rendición de Cuentas o cualquier otro la situación sería la misma.
Los sueldos de los funcionarios públicos, las pasividades, los servicios estatales, las prestaciones sociales, los gastos de funcionamiento y tantas cosas más, representan más del 70% de las erogaciones que deben atenderse con las finanzas públicas. Si nos tomáremos el trabajo de analizar rubro a rubro esos compromisos, podríamos comprobar que la lista es enorme.
O sea que el margen que puede tener cualquier gobierno al formular su Presupuesto quincenal o las eventuales modificaciones anuales a través de las rendiciones de cuentas, sólo es de poco más del 25%. Pero esto a su vez es relativo por cuanto dentro de este porcentaje hay rubros que no es posible abatir.
Hay dos vías tradicionales a que normalmente pueden recurrir el gobierno para aumentar ese margen: subir los impuestos, o reducir gastos, o ambas al mismo tiempo. Ninguna de ellas va a contar con el beneplácito de los respectivos afectados. Respecto a los incrementos tributarios, es política de esta administración, no apelar a ellos. En cambio centra su esfuerzo de bajar los egresos en las áreas que entiende es posible hacerlo.
Hay, sin embargo, otro camino pero exige continuidad en el tiempo y depende de la filosofía de los gobernantes. En función del hecho, que en nuestro país, es habitual la alternancia de los distintos partidos en el poder – lo que habla bien de la cultura cívica de los uruguayos – no es sencillo que se produzca un consenso para transitar por esa vía. Me refiero a darle músculo al Estado y quitarle gordura.
Me explico. Hay tareas, y no me refiero a este gobierno ni a los anteriores, que son propias e ineludibles del Estado pero que no cumple como debiera, o no asigna los recursos necesarios. A su vez hay reparticiones innecesarias o prescindibles, exceso de burocracia que no sólo implica gastos sino que en no pocos casos complican más de lo que aportan. Un Estado pesado, costoso, poco eficiente no es ayuda para los ciudadanos ni atractivo para invertir. Que el Estado haga mejor lo que es su responsabilidad y deje de dedicar tiempo y recursos a cosas que no son esenciales y que además le implican gastos. Está comprobado que hay actividades que en manos privadas son más eficientes que en las públicas. En lugar de encarar emprendimientos en rubros no esenciales a pérdida, es preferible que controle y cobre impuestos a los privados que los gestionen. En sectores estratégicos en los que está en juego el interés nacional, el Estado necesariamente debe estar presente, porque no se trata de quitarle funciones esenciales. Al contrario el ideal es un Estado más fuerte y menos pesado, que se ocupe más de lo que la población espera de él, y menos de actividades que le producen pérdidas.
Como expresé líneas arriba, no es fácil encarar este tipo de política que necesariamente debe ir bastante más allá de un periodo de gobierno. Pero mientras no se encaren medidas de fondo, cada Presupuesto y cada Rendición de Cuentas, será una lucha por los pocos recursos que quedan disponibles.