CARRERA, HUMANO Y FALLIDO
La victimización, o sea la búsqueda de que los demás crean que quien hace algo indebido es una víctima de cualquier hecho que haya acontecido, no sirve en ningún aspecto de la vida. Si alguien es una víctima o no, es algo que determinan las circunstancias y se refleja en la realidad. Cuando el Sr. Senador Charles Carrera se agravia porque salieron a luz las irregularidades de su proceder en los tiempos en los que era Director General del Interior, y dice que, a raíz del caso de Víctor Martínez, se ha orquestado una maniobra contra su persona, es evidente que se está victimizando; por lo tanto, está poniendo excusas a su proceder que por cierto fue cuestionable. Carrera estuvo muy bien cuando ayudó a una persona herida de bala, pero falló rotundamente en sus acciones como jerarca y funcionario público. Carrera tiene derecho a asistir a los festejos del cumpleaños de cualquier persona, sea ésta funcionario, compañero de juergas, ídolo de su equipo de fútbol, cura, colchonero, rey de basto, caradura o polizón. Los últimos cinco pertenecen al inolvidable «Discepolín» pero bien vale transcribirlos aquí. Lo que Carrera no pudo hacer y nunca debió haber hecho, es actuar como se le diera la gana, pasando por encima de leyes y reglamentos con la finalidad de proteger a su barra. La primera pregunta que habría que hacerse es qué estaba pasando en ese cumpleaños para que se apretaran los gatillos. ¿Acaso era el aniversario de «Billy the Kid» y lo festejaban a los tiros? Todo es posible. En ese caso habría que ver quién accionó el o las armas de fuego. Quien lo haya hecho, por el motivo que sea, dejó parapléjica a una persona. Aquí empiezan los yerros de Carrera. Era un integrante del Poder Ejecutivo y tenía la obligación de conocer a fondo los procedimientos, por lo tanto, lo primero que debió hacer, luego de auxiliar al herido, es dar cuenta del hecho a su propio Ministerio y decir lo que había pasado, quién había disparado el arma, cosa que Carrera sabía porque se encontraba en el lugar, y cuáles habían sido las consecuencias. Esto debería haber derivado, primero en la denuncia penal de orden y, al propio tiempo, en la apertura de una Investigación Administrativa seguida del correspondiente Sumario Administrativo, para deslindar responsabilidades. La cuestión fue que no hizo nada de eso y la buena actitud de haber ayudado a alguien en un momento como ese, se desdibuja ante sus acciones posteriores. Bajo cuerda,consiguió una serie de beneficios para el herido y para su familia, tales como una internación sin límite de tiempo en el Hospital Policial, tickets de alimentación, todo ello en desmedro de la verdadera destinataria de dichos beneficios como es la policía uruguaya. Hasta sacó guita de su bolsillo para entregársela a un hermano del herido. Y todo el salto al vacío, toda esta cuestión sin pie ni cabeza, no tenía como objetivo colaborar con la situación de quien fue víctima de una descomunal irresponsabilidad policial, ¡Buscó tapar los hechos! ¡Trató de que nadie se enterara de lo que había pasado, con el fin de proteger a su gente! Rogó por silencio y, mucho peor aun ¡dijo que no estaba actuando conforme a Derecho! Convengamos en que para algunos esto no es óbice para ninguna cosa. ¿Cuáles son sus códigos, Carrera? Sin reparar en la tecnología no advirtió que lo grabaron, y lo dicho, valga la redundancia, dicho está. Cuando Víctor Hernández, la triste víctima, y su hermano Daniel, se dieron cuenta de lo que en realidad estaba pasando, hicieron la correspondiente denuncia, la verdadera, la real, o sea la que Carrera no hizo, además de demandar al Ministerio del Interior. Carrera y su barra de inmediato le cortaron toda la «ayuda» que le venían dando. Como hemos dicho, entendemos que es de orden auxiliar a un herido; pero el jerarca, en su cargo, nos representa a todos y en esa ocasión a lo único que Carrera atinó, fue a poner a salvo a los suyos. Les llaman «hombres públicos». Así les dicen.
