CADA COSA A SU TIEMPO
La democracia no será un sistema perfecto, pero es el único compatible con la dignidad humana. No es perfecta porque a su amparo se usa la demagogia, se hacen promesas que no siempre se cumplen, es habitual que haya políticos, y hasta partidos que piensan más en cómo mantener o acceder a posiciones de poder que en su responsabilidad para con el país. Son defecciones de las personas más que del sistema, pero el sistema las hace posible. Sin embargo no existe ninguna otra forma de organización que sea mejor, al menos de las conocidas hasta ahora.
La democracia implica la libertad como condición esencial, la vigencia de todas las garantías ciudadanas, la elección de los gobernantes a través de comicios libres, la obligación de éstos de actuar con estricto apego a las normas constitucionales, que la población tenga acceso a la información a través de la prensa libre, que rija en plenitud el Derecho, que la oposición pueda ejercerse sin censuras, que dentro de la ley puedan actuar todas las organizaciones del tipo que sean.
En su estado puro, otorga derecho a los ciudadanos e impone obligaciones a los gobernantes. Cada persona pueda hacer todo aquello que no está expresamente prohibido, en cambio el gobernante sólo puede hacer lo que le está expresamente permitido. Precisamente a la inversa de los regímenes totalitarios.
Cuando, para defender un gobierno afín con su ideología alguien dice que se trata de “una forma distinta de democracia”, está faltando a la verdad, porque existe la democracia o no existe. Hay libertad o no la hay. La oposición está en el Parlamento o es perseguida y encarcelada. Se respeta la opinión de quien discrepa con el gobierno o ello se considera un delito. La cosa es clara. No puede haber una interpretación que vaya contra la esencia del sistema.
La democracia es condición necesaria para la vida digna de las personas, pero no es suficiente. Debe haber además la posibilidad que cada uno pueda trabajar y vivir decorosamente, que la educación de calidad llegue a todos. Si esto no ocurre, no es responsabilidad de la democracia sino de otros factores. Convengamos que ninguna sociedad es perfecta, de ahí la necesidad de buscar permanentemente los caminos para mejorar la calidad de vida de la población y sentar las bases para que las próximas generaciones vivan mejor que las presentes.
También es verdad, como expresé líneas arriba, que la competencia política, en ocasiones no está en consonancia con lo que requiere la población. Concretamente quiero referirme a quienes viven los cinco años que dura un gobierno pensando en las próximas elecciones. Diseñan su estrategia, no en función de lo que es mejor para el país, sino en lo que resulta más conveniente a sus intereses. Termina una elección, se analizan los resultados y ya comienza a pensarse cuáles fueron las causas de la derrota o del triunfo y a partir de ahí a posicionarse durante el tiempo que resta para la siguiente instancia electoral. El equipo gobernante tiene la obligación de hacer lo que las circunstancias exigen, sin tener en cuenta si ello implica pagar un costo político. Para eso, para que actúe con responsabilidad, es que lo eligió la mayoría de la población. A su vez la oposición, también tiene compromisos con el país. Debe tener la altura de cuestionar todo aquello que entiende inconveniente, pero no sentirse obligada a decir que no a toda iniciativa gubernamental, como si fuera una debilidad que le reprocharán sus votantes, si brinda su apoyo a proyectos que sabe son necesarios. No es posible pasar cinco años de un período gubernamental, pensado ante cada tema, qué postura es la mejor para su suerte personal o la de su partido. Aún estamos en la mitad del período de esta administración. Quedan aún muchos asuntos importantes para resolver. Es momento para que gobierno y oposición cumplan con sus respectivas obligaciones. Ya llegará el tiempo electoral. Todavía falta.
Cada cosa a su tiempo.
