abril 19, 2026

CONGLOMERADOS QUE SE DIFERENCIAN

Master Escribe Cardozo

Entre muchos otros autores, Jaime Durán Barba y Santiago Nieto, reconocidos politólogos y escritores que han organizado y hecho ganar diversas campañas políticas en América, nos dicen algo que la gran mayoría de la gente comienza a asumir: la política, en su forma de construirla así como de vivirla, ha cambiado. El primer cambio es que los «ismos» han perdido fuerza y ya muchos quieren votar sin la venda en los ojos. Es muy saludable para un Estado de Derecho que la ciudadanía, cuando tiene que decidir, en lugar de apelar a las tradiciones, esté pensando qué es lo mejor para el país. El propio José Batlle y Ordóñez decía que si un pueblo no es instruido no puede ser libre y de ahí la importancia de la educación. En alguna oportunidad lo dijimos desde esta columna: la gente, con su voto, ya no busca tanto que prevalezca un partido determinado ni, mucho menos, un candidato. Busca a aquel que enfrente con decisión cualquier situación adversa y que sea capaz de solucionar los problemas que se le presentan. El actual inquilino del Edificio Libertad así lo ha probado. En definitiva es para eso que se eligen tanto gobernantes como representantes. Estamos en una era en la que se requiern líderes con un estereotipo diferente a los que se conocen. En cuanto a la decisión sobre el voto, los pueblos se pueden volcar hacia cualquier opción y la más insólita tendría posibilidades de vencer. Ya no se tienen en cuenta los aspectos, muchas veces formales o políticamente correctos, que antes prevalecían. Ahora, más que nunca, el sillón del poder es más accesible para los audaces que para los probos, aunque hay quienes podrían conjugar las dos condiciones. Si nos preguntamos dónde está parado el Uruguay en esos aspectos, tendríamos que observar cuáles son las actitudes de la Coalición Repúblicana y quiénes se colocan en la vereda de enfrente a la misma. La oposición es clara y ya se sabe adónde apunta. No está mostrando un proyecto de país que abarque a todos los uruguayos. Su estrategia parece ser la permanente confrontación y el aprovechamiento de cualquier traspié que pueda dar Lacalle Pou y, ante eso, surgen las interrogantes. ¿Es capaz, el conjunto de fuerzas políticas encabezadas por Partido Nacional, de concluir en cohesión este período de gobierno? Lo más probable es que sí, ya que ninguno de los partidos que la integran puede hacer demasiado en forma individual con la excepción del partido del presidente. Entonces, la unidad, como característica de la Coalición Gobernante es simplemente una muestra de inteligencia político electoral. Lo peor que le podría suceder a la Coalición Republicana es desarmarse. Desde el otro lado darían cualquier «Cosse» para que eso pasara. Hay algunos que están pregonando el programa de gobierno común para todo este conglomerado. No lo vemos de esa manera. Si bien conviene mantenerse unidos, no se concibe que los distintos pilares de la coalición pierdan la individualidad que deben conservar para captar votos. Lo que sirve es acordar lineamientos generales utilizables como hojas de rutas para un eventual segundo período. Debe establecerse con claridad hacia dónde se va y cuáles son las áreas prioritarias de la acción de gobierno. Lo del «lema unificado» está en la misma línea de pensamiento; sería abandonar lo que le es propio a cada uno con el riesgo de no volverlo a recuperar y en todas partes hay dirigentes a los que una determinación de esa naturaleza los deja sin mando, lo que indudablemente sería un horror para ellos. Vivimos tiempos en los que el agua bajo los puentes corre a velocidad de vértigo. Antes decíamos: «qué nos vamos a preocupar, faltando tanto para las elecciones». Hoy sabemos que los comicios están a la vuelta de la esquina y se juegan en todos lados, muy especialmente en las redes sociales. Estamos en condiciones de pedir seriedad.