Las manifestaciones populares llevadas a cabo en Cuba en los últimos días, dan mucho margen para la reflexión.
Escribe Juan Jose Fuentes
En primer lugar parece lógico que ante un régimen con síntomas de agotamiento, la gente se sienta motivada a expresar su protesta, y a pedir un cambio. El agotamiento proviene de múltiples causas: un gobierno autoritario dueño de todo, que no permite otras alternativas a su modelo; una situación económica y social extremadamente sumergida; la incidencia de generaciones jóvenes que no perciben mejoras en sus condiciones de vida; a los que se les cercena el derecho a reclamar lo que estiman justo.
Un segundo elemento a considerar es que a pesar de la dureza del régimen es destacable que haya miles que con valor y decisión hayan salido a desafiar al todopoderoso gobierno cubano. En nuestro país y en todos aquellos en los que impera la democracia, es fácil y sin consecuencias protestar, hacer paros, manifestarse contra el gobierno de turno. En las dictaduras no es lo mismo. En éstas, el que detenta el poder reprime, amenaza, encarcela, obstaculiza todo lo que quiera hacer el que protesta: estudiar, mantener su trabajo, andar libremente por las calles. Emplea sin pudor la fuerza pública y como no tiene ante quien responder ni hacerse responsable de los abusos, queda al margen de toda investigación. Los responsables libres de toda sanción y quizá hasta sean premiados. Los derechos humanos en estos casos son una parodia. Estas expresiones populares en Cuba no tienen la fuerza ni la continuidad para cambiar ya las cosas. Pero es el síntoma que algo anda mal y a la larga llegará la hora de la verdad. Ahora la lucha es tremendamente desigual, las armas, las llaves de todo, la red de informantes que se extiende por todos los barrios de todas las ciudades y pueblos, están en una parte: en la otra sólo el coraje y la legítima aspiración a vivir mejor a tener un futuro, a ser libres.
Es interesante ahora mirar un poco hacia adentro y ver las reacciones de los distintos sectores partidarios. Los que conforman la coalición gobernante condenando el régimen y exigiendo respeto a sus opositores. A su vez el Frente Amplio sin hacer referencia a los derechos humanos ni pedir respeto a los manifestantes, condena a Estados Unidos por su posible injerencia y por el bloqueo al que atribuyen la causa de la debacle económica. (Un bloqueo que es un pretexto porque Cuba puede comerciar con cualquier país del mundo, sin que haya potencia alguna que impida a los barcos llegar a sus puertos ni a los aviones a su aeropuerto. Sólo rige una prohibición absurda y torpe para que las empresas estadounidenses puedan negociar con la isla).
Lo curioso es comprobar cómo se cambian las posiciones según se comparta o no la ideología del gobierno. Cuando hubo manifestaciones en Chile y luego en Colombia, las posiciones no eran las mismas que ahora. Más allá de la postura política que cada uno pueda tener, para ser creíble cada vez que se emite una declaración, es imprescindible ser coherente. Los abusos son repudiables los cometa el gobierno que los cometa tanga la ideología que tenga. No se pueden justificar en base a la afinidad política. Creo que perdimos una hermosa oportunidad de ver a todos los partidos uruguayos suscribiendo una declaración conjunta, que simplemente abogara por pedir el respeto a la vida, a la seguridad y a la libertad de los opositores.
Sin calificaciones sobre el régimen cubano para evitar discrepancias. Tal como debiera hacerse en todos los casos en que ocurran hechos similares. Toda manifestación en la medida que sea pacífica le guste o no al gobierno de que se trate, tiene que ser respetada. También debería serlo en Cuba.
