Adjudicación de estancias en las márgenes del arroyo Pando a las familias de Montevideo
La medidas de la época
Por Daniel Mesa. Para poder transitar en el desarrollo histórico, se hace imposible conocer la geografía y la propiedad sino se aborda el conocimiento de las medidas que se utilizaron en el Siglo XVIII y su equivalencia con las medidas que actualmente se utilizan en nuestro país.
En Uruguay el sistema métrico decimal fue aplicado por ley promulgada por el presidente Berro el 20 de Mayo de 1862 que dispuso en su artículo primero que «desde el 1 de enero de 1867 el sistema métrico decimal reemplazará en todo el territorio de la República al sistema de pesas y medidas que se usan actualmente en ella» (Colección Legislativa de la R.O. del Uruguay 1852-1865 Tomo 2 pág. 510)
Medidas de Longitud
Durante el Siglo XVIII se usaron las siguientes medidas con alguna particularidad a partir de 1799 a la que nos referiremos más adelante.
1 pie castellano; 28 cm.
1 pulgada (la duodécima parte del pie); 2, 333 cm
1 línea (la duodécima parte de la pulgada); casi 2 mm.
1 vara castellana (3 pies); 83,59 cm.
1 legua castellana (igual a 6000 varas); 5015,40 m.
Debemos afirmar que en los amanzanamientos se hacían tomando la cantidad de 100 varas por 100 varas, es decir que las mismas tenían 83 metros con 59 cms.
La vara nacional medía 85,9 cm., medida que no corresponde con ninguna de las varas clásicas. Afirma Apolant que tal medida ha sido meramente convencional y afirma que todos los títulos del Siglo XVIII se basan en la vara castellana de 83,59 cm. de longitud, luego de 1799 «las medidas posteriores tenían por base (o hubieran debido tener por base) la vara nacional de 85,9 cm. de longitud».
Afirma Apolant que « presumiblemente tampoco la mayoría de nuestros escribanos haya practicado la necesaria diferenciación, de modo que un considerable número de títulos de solares de la ciudad vieja de Montevideo, al igual que las propiedades rurales de su primitiva jurisdicción -entre ellas las del arroyo Pando- pueden tener pequeños errores en sus medidas métricas de superficie, derivadas de sus medidas originales del Siglo XVIII expresados en varas y leguas castellanas».
Medidas de Superficie
Una suerte de chacra tenía normalmente de 200 varas (m 167,18), 250 varas (m.208,975), 300 varas (m.250,77), 350 varas (m.292,565), 400 varas (m.334,36) varas de frente por una legua de fondo (m.5015,4), es decir de 120 cuadras (84 há) a 240 cuadras (168há) de superficie.
Se plantea una modificación de estas dimensiones en las chacras de la ciudad de Canelones que no es motivo de nuestro análisis, así como tampoco la evolución de las superficies rurales que se producirán en nuestro país como por ejemplo en el Reglamento Artiguistas de 1815.
Repartido de Estancias
Millán mensura y deslinda dos estancias sobre el arroyo que hoy llamamos Carrasco y otras con frente a la margen derecha del arroyo Pando y también sobre su margen izquierda, entre ellas las de Bernardo Gaytán que integró el primer cabildo de Montevideo en carácter de Alcalde Provincial, abuelo de Francisco de Meneses Gaytán. Estas suertes de Estancias fueron entregadas en Enero de 1730 según afirma Millán en su informe del 16 de Mayo de 1731 (1) constando de 3000 varas de frente sobre el arroyo (Aproximado a km. 2,5) y una legua y media de fondo (se refiere a la legua castellana que es de 5.010 m. por lo cual es aproximado Km. 7,5).
Si bien conocemos que se ha encontrado la referencia al reparto de 22 estancias , dos sobre el Carrasco y veinte sobre el Pando en realidad fueron un total de 38, dato que no coincide con el Testimonio notarial el Escribano de Gobierno y Hacienda, don Francisco Saez, y los Escribanos don Manuel R. Alonso y don Carlos E. Barros de fecha 11 de setiembre de 1899, expedido en cumplimiento de las disposiciones del gobierno del doctor Herrera y Obes, del 4 de setiembre de 1891, destinadas a preservar la conservación de los Padrones existentes en la época, formados por don Pedro Millán y ya muy deteriorados por el uso, de los cuales es copia fiel, es identificado como Libro Nº 3, éste, se refiere a sólo dos suertes de estancias en ambas márgenes del arroyo Carrasco y veinte repartidas en las bases derechas e izquierda del Arroyo Pando. La duda planteada es este informe de Millán de 1731 contenido en el trabajo de Apolant, que se transcribe : «….y concluidas éstas, se pasó al repartimento de las estancias para ganados sobre la costa del mar y en el paraje que llaman arroyo Pando, en que se comprenden (sic) 38 suertes con 300 varas castellanas de frente y legua y media de largo, todas sobre el arroyo Pando, de una banda a y otra».
(En realidad no son 300 sino 3000 mil varas de frente)
El Decreto del Gobierno uruguayo es muy importante para entender la interpretación del Tema, razón por la cual se transcribe: «Ministerio de Gobierno. Acuerdo. Montevideo, Setiembre 4 de 1891. Siendo notorio el mal estado en que se encuentran los libros padrones de reparto de tierras y considerando que con el uso constante que se hace de ellos, dentro de corto plazo tiempo se encontrarán ininteligibles lo que traerá perjuicio a los interesados. El Presidente de la República. Acuerda. Artículo 1º. Facúltase al Señor Escribano de Gobierno y Hacienda, acompañado de los Escribanos don Manuel R. Alonso y don Carlos E. Barrios a sacar testimonio de los mencionados libros, reservando a estos en el archivo para que en los casos especiales que ocurran y por mandato expreso de los señores Jueces de Hacienda puedan ser examinados. Artículo 2º. Comuníquese, etc. Herrera y Obes. Luis E. Pérez. (2)
De acuerdo con Apolant, en la obra citada que «… Del cotejo del informe antes mencionado del Capitán Comisionado don Pedro Millán, de fecha 16 de Mayo de 1731 y en el Testimonio citado como Libro Padrón Nº3, atribuidos con razonable fundamento a un mismo autor, se infiere y comprueba la pérdida, destrucción o sustracción, aquí o en Buenos Aires, de las actas relativas a la adjudicación de diez y seis estancias efectuadas por Millán sobre el arroyo Pando, en 1730, debiéndose tener presente al respecto que los libros originales, o las actas, fueron llevados por éste a Buenos Aires y no volvieron a Montevideo sino a petición y reclamo del Cabildo de ésta a las autoridades bonaerenses, y que hay fundamentos para pensar que los libros primitivos fueron originariamente un conjunto de legajos luego encuadernados… », el documento original volvió a Montevideo en 1763, el autor de referencia afirma que en cuanto a estas adjudicaciones que «… de los 13 cabezas de familia del primer grupo de los pobladores canarios no figura, ninguno entre los que el acta conservada menciona; y de los del segundo grupo de canarios llegados a Montevideo encontramos sólo a dos ; Juan Camejo y Antonio Méndez…
Destaca Apolant que «…Esa falta del acta del primer reparto de estancias causó múltiples dificultades desde el principio. Citemos aquí un sólo caso a títulos de ejemplo: En Julo 1744 solicitó Jacinto Zerpa al gobernador de Buenos Aires Agustín de la Rosa una estancia «en la otra banda del arroyo de Pando». Basó su solicitud en el hecho de que, aunque había recibido una estancia en aquel paraje en el repartimiento practicado por Pedro Millán, se había perdido el «padrón» de estancias ignorando él por lo tanto cuales eran las tierras que Millán le había asignado. (3) Zerpa fue uno de los pobladores canarios del primer grupo y el reparto a él estaba por lo visto en el acta (o las actas) referente (s) a las 16 «suertes de estancias» repartidas por Millán a principios de 1730 además de las 22 cuya acta apareció en 1763.
Sobre estos padrones Carlos Ferrés en “Epoca Colonial La Administración de la Justicia en Montevideo” explica que;…, corridos más de treinta años, a mediados de 1763, se presentó el Gobernador Viana, Dn. Jph. González de Melo entregando el antecedente referido. Y proveyó Viana: “Montevideo, y julio 7 de 1763- Haviéndome presentado D.n Jph Gonzalez de Melo el antecedente repartimiento de Estancias del pago de Pando, (que al parecer es original del q.e hiso D.n Pedro Millan) por su carta de treinta de Mayo, proximo mes pasado, remitasse al M.I.C.J. y Reximiento de esta Ciudad, para que se archive, en la Caja de Instrumentos â ella pertenesiente, remitiéndome un testimonio autentico, para devolverlo a dho. Melo, en caso, q.e no conste, en el libro de repartimientos- Viana.(4)
Afirma Ferrés que; El documento original se guardó en las condiciones que indica la nota siguiente, consignadas en un testimonio expledido en 1770; va también consignada la autenticación de las firmas de Don Pedro Millan, y del Mariscal de Viana. Véanse: “Ba cierto, y verdadero este traslado, y concuerda fielmen.te â la letra, con el original de su contexto, q.e queda en papel suelto, metido en uno de los libros de Padrones de esta Ciudad, q.e se guardan en la caja q.e sirve de archivo en la sala capitular de ella, al q.e en lo necesario me refiero, certificando juntamen.te, como certifico, q.e los nombres, y apellidos de D.n Pedro Millán, y del S.or Mariscal de Campo D.n Joachin de Viana, q.e alli se suscriben,, y rubrican, son en todo referentes, y semejantes â la letra, y firmas de ambos â dos, del primero, por tantas q.e he visto, en los referidos libros Padrones, y otros particularmente papeles, y la última letra, y Rubrica del expresado S.or Mariscal, por las muchas, q.e en mi presencia, en acuerdos capitulares, y fuera de ellos, le he visto hacer y para q.e conste donde convenga, dí la presente, de pedimento del S.or D.n Luis Ximenez: yo D.n Domingo Guerrero Alcal.de ordinario de primer voto de esta Ciudad, y jurisdicción, por S.M. actuando por mí y ante mí judicialm.te con tgos, â falta de Escribano, que no le hay de ningun titulo, y en este papel comun, que se usa, por Real Cédula en esta dicha Ciudad de Montevideo â 12 de Noviembre de 1770 a.s. Domingo Guerrero. Tgô. Inocencio de Vieyra. Tgô. Felix Mas de Ayala.” (5)
Sobre el tema, Azarola Gil en «Los Orígenes de Montevideo» págs. 144/145 da su versión sobre el rescate de los padrones que Millan había llevado «ilegalmente» a Buenos Aires.
El original del acta «rescatada» en 1763, con la diligencia de Viana, se perdió entretanto también y lo único que ha llegado hasta nosotros es aquel testimonio del Cabildo en el Lº Padrón Nº1, testimonio que parece contener, empero, en un lugar una vaguedad que ha inducido posteriormente a interpretaciones equivocadas»
De esta relación del testimonio surge que las dos estancias sobre el arroyo Carrasco fueron otorgadas a Sebastián Carrasco y a Esteban De Ledesma, y en el arroyo Pando 10 de cada margen.
Debemos subrayar que cuando se habla del arroyo Carrasco no existe inconveniente en reconocer el arroyo que luego del bañado desemboca en el mar. El problema para la época es saber; ¿Cuál de los arroyos aguas arriba del Bañado es el Carrasco? El actual Manga? El Actual Toledo?
Otra confusión procede también con el nombre de Meireles en el que en algún momento se le denominó con dicho nombre al arroyo que hoy conocemos como Toledo.
¿Pero cuál fue el punto de referencia de Millán para medir dichas estancias?
Millán según el testimonio, dice que «…y de allí pase al arroyo que llaman de Pando, y poniendo la Aguja en una Isleta de Zeibos, que está entre el bañado, y los médanos, llevando el arroyo por frente. Se encontró una barranca de tierra colorada, y tosca, y allí se hizo un mojón, dándoles a conocer a los interesados que allí estaban, en aquel barranco, el mojón principal, que dejo señalado en dicho Arroyo de Pando y como cosa de 100 varas del mojón referido, está un gran zanjón, que lo declaro por seña de dicho mojón y barranca referida de esta banda de dicho Arroyo.
La tarea de ubicar dicho mojón hoy es totalmente dificultosa, en virtud de los cambios que se han producido en la zona de los cuales ya nos hemos referido anteriormente, avance de las dunas, cambios en el curso, etc.
Las adjudicaciones según dicho testimonio son:
10 en la Márgen Oeste:
Capitán Juan Antonio Artigas,
Bernardo Gaytán,
Juan Mateo Barreda,
Sebastian Ribero,
Francisco de Acosta,
Juaquín Mendieta,
Antonio Mendez,
Ventura Vladenegro,
José González de Melo
y Antonio Figueredo.
10 en la Márgen Este:
Alferez José Mitre
Alferez Miguel Saavedra
Juan Antonio Martinez
Miguel Jaimes
Antonio Alvarez
Jorge Burges
Cristobal Nuñez de Añasco
Manuel González Almeyda
Ignacio Contreras
Alférez real Juan Camejo
Se presume que entre las suertes de Estancias y chacras adjudicadas por Millán existió un camino público de doce varas de ancho para permitir el pasaje, uso y abrevadero común y público. (6) también en ese sentido (7)
El Capitán Pedro Millán, falleció en Buenos Aires, entre el 7 y 12 de Junio de 1733, fecha ésta que es necesario tener en cuenta para el tema que tratamos
Debe de mencionarse las Estancias de los Jesuitas, instalados en Montevideo y su jurisdicción a partir de 1743, en esta zona, la Estancia de San Ignacio (1749) de «media legua de frente al arroyo Solís Chico y una media de fondo hacia el arroyo Pando» con tres mil cabezas de ganado (8)
De los dicho deducimos, que no conocemos totalmente el reparto de estancias realizado por Millan sobre el arroyo Pando. Seguramente la continuidad de una minuciosa investigación, podrá en el futuro generar mayores datos que aporten a la reconstrucción total de este tema.
Juan Alejandro Apolant publica en su obra Génesis de la Familia Uruguaya un mapa de Esteban Campal donde se intenta ubicar las estancias en el territorio de la jurisdicción de Montevideo. En el mismo sentido Historia ciclo básico unificado año 2 Schurmann – Coolighan PAG.117
(1) Juan Alejandro Apolant, en «Génesis de la Familia Uruguaya Tomo I pág.. 55
(2) Apolant Génesis de la Familia Oriental Tomo 1págs. 41 y 42
(3) Arch. Esc. Gob. y H., expediente encuadernado Nº 64, fs. 38/39
(4) Archivo del Juzgado Letrado de Primera Instancia en los Civil de Primer Turno
(5) Ferrés Carlos Epoca Colonial, La Administración de Justicia en Montevideo, paginas 164 y 165. Barreiro y Ramos 1944.
(6) De la Sota «Historia del Uruguay» Clásicos Uruguayos
(7) Pando ciudad Bicentenaria, Jorge Alonzo, artículo de Evaristo Alonso Rodriguez pág. 6.
(8) Crónica General del Uruguay», Washington Reyes Abadie y Andrés Vázquez Romero página pág. 486
Como se juntó el ganado para los colonos
Ya hemos hecho referencia a la introducción de los primeros ganados vacunos por Hernandarias en 1611 en la isla de Vizcaíno, la segunda en 1617 en la mencionada isla y en la isla de San Gabriel, la tercera que realizaron los misioneros Jesuitas hacia 1634 y la abundancia de estos en nuestros campos.
En cuanto al Caballo, el ganado habría sido precedido por éste, en 1636 en la Carta anual de P. Pedro Romero consigna a los Charrúas con Caballos y desde 1715 Las yeguadas se extendieron por todo el territorio con vastas manadas de miles y miles de animales.
Para conocer como fueron adjudicados los ganados a los pobladores de Montevideo –algunos de ellos pobladores del arroyo Pando- tomaremos el aporte que hace Apolant al tema. (1)
En Octubre de 1730, los diputados Joseph González de Melo y Bernardo Gaytan (miembros del Cabildo de Montevideo) con la asistencia del Capitán Pedro Gribeo, enviado por el Gobernador Bruno Mauricio de Zabala a tales efectos, hicieron entrega de 6.000 vacas a las primeras y segundas familias que vinieron de las Islas Canarias a Montevideo para un total de 150 personas de 20 familias, correspondieron 40 vacas a cada personas -entre estos a alguno de los propietarios de las estancias de Pando- precisando de acuerdo a Apolant, que Las primeras «20 familias de a 5 personas», empero, que habían llegado con sólo 96 personas, formando 13 familias auténticas, contaban en octubre de 1730 con tan sólo 86 integrantes por haber desertado en el interín 8 y fallecido 2 personas, sin computar a los hijos ya nacidos en Montevideo los que, no siendo pobladores, no entraron en el reparto. A esas 86 personas correspondían, siempre a razón de 40 animales por cabeza, 3.440 vacas y, empezando la distribución con y a favor de esas familias de primer grupo sobraban entonces sólo 2500 animales que no alcanzaban sino para otras 64 personas.
Y parece que se eligieron entonces entre los teóricamente 150 y prácticamente alrededor de 135 integrantes del segundo grupo a algunas familias auténticas cualesquiera cuyos integrantes sumaban exactamente 64 personas. Eran 9 familias verdaderas, de modo que el reparto de Octubre de 1730 benefició en total a 22 familias auténticas (las 13 del primero y 9 del segundo grupo), con exactamente 150 integrantes en conjunto, quedando todas las familias restantes en aquel momento sin ganado mayor.
Este Ganado había sido recogido por Juan de Rocha a quien el Cabildo de Montevideo le había recomendado fuera de media asta para que los vecinos pudieran «sujetarlo a rodeo con más facilidad» de acuerdo a el acta de reparto. (2)
Apolant opina que parece que las familias que no recibieron ganado mayor en esa oportunidad, no lo recibieron tampoco más tarde, por lo menos no en forma colectiva.
Debemos de recordar que una vez adjudicadas las estancias de Pando, el resto del ganado de la jurisdicción fue considerado «del común». Al decir de Millán «ninguno há de ser osado á salir á campaña á hacer faénas de recogidas, ni matanzas de dicho ganado», para lo cual se exigía licencia «de la persona que para concederla tenga facultad»
Debemos entender la dificultad para conocer que ganados se le ajudicaron a los estancieros del arroyo Pando que como vimos parte desde los padrones de Millán.
Las ovejas
En cuanto a la introducción de ovinos, un informe sobre daños en la Colonia del Sacramento afirma que desde el 29 de Julio de 1735 hasta el presente que corre de 1736 figuran 11 cabezas de ganado ovino. Reyes Abadie y Andrés Vázquez Romero (3) explican que «…Dn. Buenaventura Caviglia, hijo, consignó este hecho para atribuir a los portugueses de la Colonia el carácter de introductores del ovino en el Uruguay, presuponiendo -sin ofrecer prueba documental- la existencia de ovejas entre los pobladores de Santo Domingo de Soriano, con anterioridad. La primera probanza permite establecer, sin embargo como lo ha demostrado Juan Alejandro Apolant que existían ovejas ya en 1728 en la jurisdicción de Montevideo en el establecimiento rural del Capitán Cristóbal Nuñez de Añasco que había sido censado como poblador el 6 de enero de 1727.
Cristóbal Nuñez de Añasco era casado con Pascuala Cepeda y Resquín, de ese matrimonio nacieron seis hijas, tuvo un solar en la cuadra Nº11 de la ciudad, una chacra de 400 varas en el Miguelete y una suerte de estancia sobre el arroyo Pando en la margen Este, según Apolant abandonó Montevideo muy pronto al parecer en 1733.
Las ovejas de Nuñez de Añasco tuvieron un fin trágico según Pascual de Chena (4) al otorgar testamento en 1736, afirmó que las ovejas de Añasco tuvieron un fin trágico a manos de los indígenas.
Zabala informa que «también se les ofreció a cada familia de cinco personas a veinte ovejas cada una, que en las treinta familias de a cinco personas les corresponden tres mil ovejas que
se le compraron a Don Juan Bautista de Sagastiverría a dos reales y medio y se remitieron a Montevideo, cuyo repartimiento hizo el Capitán Don Francisco Antonio Lemos, estando de comandante en Montevideo. (5)
El mencionado investigador señala que no ha encontrado documentación sobre esta distribución de ovejas y que dicho reparto debe haber tenido lugar a fines de 1729 o a principios de 1730.
El mismo Apolant señala que entre 1751-1752, los vecinos montevideanos con alguna omisión poseían 8200 cabezas de ganado ovino.
Como es de suponer las estancias de Pando tendrán ovejas, aunque no sabemos desde cuando; En la venta de la estancia de Gaytan a Meneses Matha se afirma la existencia de ovejas, … deja entre otras constancias, como la de que Meneses Matha tiene ya poblada la estancia con ganados «Bacuno, Cavallar y obejuno».
Se debe consignar que la Estancia de San Ignacio de los Jesuitas estimaba tener 5000 ovejas el 8 de Julio de 1767, hecho totalmente desvirtuado en la práctica. (6)
En la estancia de Juan Antonio Artigas, de acuerdo al Censo de 1751, éste tenía 60 cabezas de ganado vacuno (igual en 1753) y 300 ovejas
En el Censo del Pago de Pando de 1769 aparecen en el mismo los detalles de Pedro Píriz; con 1000 ovejas y Miguel Querete; 200 ovejas
(1) Apolant Juan Alejandro, «Génesis de la Familia Uruguaya» T 1, págs. 128 a 130 (2) A.G.N.-A.G.A, Caja 1; carp.8: doc. 1 (3) Reyes Abadie y Andrés Vázquez Romero en su Crónica General del Uruguay pág. 297, (4) Apolant Juan Alejandro, «Génesis de la Familia Uruguaya (5) Apolant Juan Alejandro, «Génesis de la Familia Uruguaya (6) Carlos Ferrés «Época Colonial La Compañía de Jesús en Montevideo Colección de Clásicos Uruguayos Volumen 147 pág. 279, también Ernesto J. Maeder La administración y el destino de las Temporalidades jesuíticas en el Río de la Plata. Buenos Aires año 2000.
