CUANDO PREVALECEN OTROS INTERESES
Toda persona medianamente informada tiene claro que la enorme mayoría de la dirigencia sindical, no tiene la menor afinidad con el gobierno. Más bien tiene notoria y nada disimulada antipatía. Sin embargo esto no debería implicar que se lleve al país a una escalada de paros que perjudican más que al gobierno, a la ciudadanía toda y no sé si también a la propia organización sindical.
Una precisión necesaria: no está en tela de juicio el derecho de realizar paros y huelgas toda vez que se considere, por parte de los trabajadores, que sus empleadores públicos o privados han violado sus derechos o ignorado sus justos reclamos. El problema está en el abuso, en la oportunidad y en la desproporción entre la plataforma y la profundidad de las medidas.
Pongámonos en contexto. Desde hace más de 21 meses estamos conviviendo con el COVID 19. Si bien la situación ahora es menos grave que hace algunos meses, no se puede considerar que ya no existen riesgos. Nuevas variantes, nuevas olas, y consecuentemente nuevas restricciones, son realidades en varios países. Esto no supone que los sindicatos renuncien a realizar los paros que estimen necesarios, pero considero que lo objetable es que se les fue la mano y que afectaron zonas extremadamente sensibles de la economía. Siempre encontrarán explicaciones, que bien distinto es a justificar los excesos.
Una breve e incompleta lista y sólo para señalar los más significativos: paralización de obras en UPM, la mayor inversión en el país; en la industria frigorífica en medio de la zafra; en el puerto con barcos que debieron irse sin cargar ni descargar; el paro en ANCAP, con el apagado de la refinería, hecho cuyo antecedente más cercano es de 1973, uno de los peores años del siglo pasado para la democracia uruguaya. Todos los casos parecen apuntar al corazón de la economía nacional. No se puede asegurar que detrás de todos ellos hay una planificación, que existe una intención de enfrentar al gobierno y mostrarle de lo que son capaces, pero al menos no es posible ignorar que llama la atención y que toda duda es posible.
Pero no es todo. Creo que la inmensa mayoría de la población es consciente de las graves carencias en la educación, y que por lo tanto es necesario introducir cambios y no meros maquillajes. Pues bien, partiendo de esa premisa, el Codicen anunció que encara una reforma que apunte a la formación de niños y jóvenes para un mundo distinto a aquel en el que se diseñaron los planes vigentes. La primera y apresurada opinión emergente de sindicatos de la educación fue anunciar fuertes medidas para el año próximo, con intensas movilizaciones en contra de la reforma. Lo curioso es que no conocen el contenido, entre otras cosas porque todavía se está en la etapa de elaboración y consultas. Una reforma con la proyección necesaria, no puede ser obra de las cinco personas que integran el Codicen, ni de pocos especialistas, necesita el asesoramiento de técnicos en distintas áreas. Es un trabajo que debe ser profundamente meditado. Sin embargo algún dirigente del gremio ya tiene formada su opinión. Sería de interés saber cuál es su idoneidad en políticas educativas, que no es lo mismo que estar preparado para dar clase. Que se escuche y valore la opinión de los docentes, me parece necesario. Pero también es necesario que la brinden sin prejuicios ni preconceptos, porque de última no son los habilitados para tomar decisiones. Una reforma de esta naturaleza debiera recogen el consenso de todo los actores vinculados al quehacer educativo. Deberá ser obra de la que todos se sientan copartícipes. Pero si ya empezamos con estos anuncios de un año 2022 conflictivo contra algo que no se sabe lo que es, parece un propósito de dinamitar todo intento de mejorar la educación, de la que un tiempo pretérito era un diferencial a favor de nuestro país. Salvo que haya quienes apuesten a que las generaciones que nos sucederán no estén preparadas para el mundo en el que vivirán. Un pueblo ignorante es más fácil de llevar de las narices. Que ese no sea nuestro futuro.
Los paros en aspectos tan sensibles y estos anuncios, no me dan la certeza, pero me hacen dudar, si detrás de todo esto hay otros intereses.
