abril 16, 2026

Entre dinosaurios e insectos sociales, quiero ser hombre Parte 1: Paises y Estados en la era Global

Master Escribe Caputi

La preguntas que motiva la entrega de hoy es ¿Que diferencia hay entre países y Estados y entre Estados de distinto tipo?.
Los países son territorios con características geográficas propias habitados por grupos humanos con rasgos culturales y fenotípicos característicos. A diferencia de los países, los Estados son conjuntos de instituciones burocráticas estables, a través de las cuales se deciden y ejecutan reglas a través del ejercicio monopolico de la fuerza sobre una población dentro de un límites territorial.
Estado y país comparten entre sus atributos territorio y población. Pero no tienen porqué coincidir. Hay Estados sin país como por ejemplo el principado de Sealand y Estados distribuidos en el orbe como el Vaticano. El reino de España y mucho más el de Gran Bretaña son Estados conformado por muy diversos países, y el país Vasco y la isla de Irlanda son países divididos entre Estados.
Estado y país se diferencian por el concepto de soberanía, es decir quién o qué grupo humano ejerce en forma monopólica el uso de la fuerza para condicionar, controlar o limitar el comportamiento de la población. De ahí que hayan existido y existan diversos tipos de Estado a lo largo de la historia.
Es decir, mientras que el concepto de País es un concepto de raigambre ecológica, el de Estado es un concepto político. El estado es el resultado de una transacción entre partes, ya sea por acuerdo consentido globalmente por un grupo humano o por el dominio violento de unos grupos humanos sobre otros. Entre ambos extremos se distribuyen los Estados del mundo.
El análisis moderno de la relación de los conceptos de Estado y soberanía comienza con Maquiavelo quien distingue dos tipos: repúblicas o principados. Mientras que en las repúblicas la población tiene una participación vinculante sobre las decisiones del sistema burocrático que gobierna el Estado, en el caso de los principados, el príncipe es el soberano, con atribuciones internas para cobrar impuestos, legislar, juzgar y aplicar coercitivamente las mismas, mediante el monopolio de la fuerza pública dentro de su territorio y atribuciones externas de representación del Estado ante otros Estados.
Con el desarrollo del capitalismo, por revolución (como en Francia), o por deriva política (como en Inglaterra), el amplio poder del príncipe fue sustituido en buena parte por Repúblicas o Monarquías constitucionales. La mayoría de los Estados Americanos y Europeos, pertenecen a las llamadas “democracias representativas”. Estos Estados se caracterizan por tener un sistema jurídico que asegura la participación vinculante, transitoria y repetitiva de una parte de la población (aquellos que la constitución especifica denomina ciudadanos) en la elección de algunos miembros de la burocracia que gobierna el Estado.
También el desarrollo actual del capitalismo ha promovido Estados con régimen de principados. Estos Estados exhiben una concentración de poder en un monarca o en una oligarquía representada por el monarca. En algunos casos porque la imposición de un monarca local fue la solución que los imperios coloniales encontraron para administrar riquezas naturales que, al presente, son recursos indispensables para las corporaciones transnacionales. Tal es es el caso de Oman, Arabia Saudita, Brunei y los Estados Árabes Unidos (este último, principado colegiado), en otros casos como Andorra, Mónaco, Liechtenstein, San Marino en Europa donde el monarca es un agente del capital financiero internacional.
Un tercer grupo de Estados, predominantemente en Asia, desarrollaron el capitalismo tardíamente. Buscando superar el régimen de principado o reaccionado frente a las desnaturalización de la libertad, igualitaria y fraterna que debería haberse logrado a través de evolución (o revolución) hacia una democracias representativa, los habitantes de estos Estados, intentaron un salto revolucionario al vacío sustituyendo la organización del Estado feudal por regímenes de partido único que invoca la representación igualitaria del pueblo trabajador y en consecuencia una sociedad más justa y solidaria.
La historia reciente demuestra que estos Estados no superan el capitalismo. Los remanentes culturales del régimen feudal avalan socialmente la emergencia de nuevos príncipes. Como bien lo pinta Orwell, en “Rebelion en la granja”, en la búsqueda de la igualdad entre los seres humanos, los burócratas terminan siendo seres humanos “mas iguales que otros” seres humanos. Estos Estados tienden a organizarse como superorganismos capitalistas a imagen y semejanza de una colonia de insectos sociales, con claros ejemplos de “abeja reina”.
La inexorable globalización económica y consecuentemente cultural, está llevando a la liquefacción de la soberanía de las democracias representativas. Las corporaciones transnacionales, especie terminal del capitalismo (que llamo por eso “dinosaurios”) han tomado progresivamente el poder económico y cultural. Mientras que los principados serviles son funcionales al control global por las corporaciones trasnacionales, los “superorganismos sociales humanos” se transforman en principados basados en el más rancio capitalismo autocrático, que por ser nacional y anacrónico se opone al control de las corporaciones transnacionales.
La expansión politica y comercial de las trasnacionales en Europa del este requiere la integración del mercado ucraniano a la UE (43 millones de personas e importantes recursos en su suelo). Ademas de “cambiar de bando” el mercado, dicha expansión amenaza a controlar el principal “puerto tibio” (Sebastopol) por donde Rusia se conecta al Mediterraneo. Por lo tanto, afecta el cerno económico de los Estados capitalistas autocráticos en Asia. El ex-presidente Trump, representante del capitalismo nacional de los EEUU, trazó la raya a la antigua, “de aqui para mi y de aquí para los demás”. Por eso, se llevaba bien con Putin y Xi-Jinping, y toleró virtualmente la invasión a Crimea en 2014.
Luego de la eleccion de Biden, las transnacionales retomaron el poder sobre el aparato militar de los EEUU. Ahora pueden expandirse no sólo a través de la presión subliminal y la violencia económica, sino también la violencia militar, sobre buena parte de los Estados de Europa (la cual como decía De Gaulle termina en los Urales), América, Africa y Oceanía. En este contexto, la potencial integración de Ucrania a la NATO agrega un ingrediente adicional que provoca que la guerra en curso haya resultado una consecuencia inevitable.