junio 20, 2026

COMENTARIOS SOBRE EL REFERÉNDUM

Master Escribe Fuentes

El domingo 27 de marzo terminó un largo proceso que se inició con la recolección de firmas promovida por el Pit Cnt con el explícito apoyo del Frente Amplio. En esta etapa, el oficialismo se mantuvo al margen. Una vez constatado que el número alcanzaba para convocar el referéndum, ser inició una campaña que no estuvo a la altura de las mejores tradiciones del país.
Era imposible que la población conociera en detalle los 135 artículos que se impugnaban. Esto motivó que se dijeran cosas que nada tenían que ver con el texto. La discusión fue acerca de temas ideológicos, del programa del gobierno. Hasta, sobre el final, se introdujo lo relativo a la suba de precios. Nada que ver, pero si la situación es desfavorable para el gobierno, podría jugar el voto castigo. En esta ocasión no jugó, y si jugó no fue lo suficiente.
Al inicio de la campaña, los promotores expresaban que el eje central de su propósito era la derogación de los artículos impugnados, y no una suerte de elección de medio período. Concepto inteligente porque me pareció un serio error estratégico poner a prueba la gestión del gobierno, cuando éste tenía una aprobación que superaba el 50%. Sin embargo con el correr de los meses fue derivando a un cuestionamiento al oficialismo en la medida que le surgían dificultades o adoptaba medidas que se estimaban cuestionables.
En definitiva la gran mayoría de la ciudadanía sufragó más en función de su postura partidaria que del análisis de los artículos en cuestión. O sea al fin de cuentas fue una pulseada entre oficialismo y oposición. En este sentido no hubo sorpresas y el gobierno salió airoso: los 135 artículos siguen vigentes y además no perdió terreno en la opinión pública luego de dos años de gestión.
Desde tiendas opositoras y según algunos analistas, se ha afirmado que los dos ganaron. El gobierno por las dos razones expuestas y la oposición porque obtuvo una importante votación. Humildemente me permito discrepar con tal juicio. El resultado que surge de las urnas, sobre todo cuando sólo hay dos posiciones, arroja un ganador y un perdedor. No existe otra alternativa valedera. Naturalmente no es lo mismo una diferencia significativa que un resultado ajustado. Este fue un resultado ajustado, pero con una opción que logró más apoyo que la otra. Gana la que obtiene más votos y pierde la que consigue menos. Si el objetivo era derogar los 135 artículos, no se logró, si era lograr más votos que el oficialismo, tampoco se logró. Sin embargo es claro que esta votación no supone anticipar lo que va a ocurrir en las elecciones de 2024.
Implica sí un respiro para el gobierno, que se puede sentir respaldado; le permite dedicar sus esfuerzos para llevar a cabo su programa por el tiempo que le resta.
Quedan asuntos trascendentes en el horizonte: seguridad social, educación, por citar los más complejos, importantes y sensibles.
En otro aspecto, vale la pena hacer una reflexión sobre el tiempo insumido, los gastos para el Estado y para cada una de los dos sectores en pugna, la incertidumbre acerca de si seguirán o no vigentes los artículos cuestionados, sacar parte de tiempo a gobierno y oposición de sus tareas específicas. Todo eso agregado a una notoria radicalización y al descenso de la calidad de la campaña, sirve para hacernos pensar si todo eso valió la pena. Un amplio sector de la población no sintió interés en la contienda; no formaba parte del centro de sus preocupaciones. Lo visualizó como una instancia que debían dilucidar los políticos. Se les paga por su tarea, y cuando no se ponen de acuerdo, acuden a la ciudadanía para que resuelva. Es un recurso constitucional y existe pleno derecho a usarlo. Pero una cosa es la legitimidad, que no se discute, y otra la oportunidad y conveniencia que sí pueden ser discutibles.