abril 16, 2026
Master Escribe Fuentes

Cuando se instala un nuevo gobierno, obviamente tiene el propósito de llevar adelante su programa. Tiene objetivos y tiene estrategias para alcanzarlos. Por supuesto debe conocer las posibilidades del país, sus potencialidades y sus debilidades, así como también la realidad regional y mundial. Lo normal es que ya tenga previsto las medidas que habrá de adoptar a corto y mediano plazo.
Pero no es tan simple. Hay infinidad de circunstancias imprevistas que inexorablemente se presentan. En su gestión, va a encontrar apoyos y va a encontrar oposiciones. En la sociedad conviven quienes lo votaron y quienes tomaron otra opción, pero debe gobernar para unos y otros. Los actores políticos, por su parte, juegan su partido. A veces ayudan y a veces complican. Habrá planes que podrá llevar a cabo y otros que tal vez queden en el debe.
Esto, puede decirse, es lo normal y previsible. Es lo que ocurre en todo país democrático.
Sin embargo, en un mundo tan cambiante es posible que sucedan cosas fuera del libreto. Y esto es lo que ha pasado casi desde el momento en que comenzó su gestión el gobierno encabezado por el Dr. Lacalle Pou.
A diez días de su asunción, llegó al Uruguay el covid 19 y en poco tiempo se abatió con toda su intensidad. Fueron momentos durísimos que no es necesario detallar porque no hay habitante del país que ignore lo que pasó. Vacunas mediante, la labor incansable del personal de la salud, la responsabilidad de la gran mayoría de la población y las medidas del gobierno hicieron que se pudiera plantar cara a la epidemia y superar sus aristas más dramáticas. Pero es innegable que dejó secuelas en una multiplicidad de aspectos. Por citar algunos: en la salud física y sicológica de muchos compatriotas, en el bolsillo de gran parte de la población, y en la economía del país. Pero salvo la reaparición de una nueva variante, parecería que lo peor ya pasó. Pero antes de ello y en medio de la pandemia, a impulsos del Pit-Cnt, se concreta un referéndum contra 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración. Es indudable que este hecho mereció la atención del gobierno, porque debió abocarse a su defensa y elaborar un plan B para el caso que la ciudadanía derogara los artículos impugnados. Tuvo que aplazar algunas medidas, y en definitiva significó destinar a esos efectos un tiempo y una atención que debían haberse aplicado a la gestión gubernamental.
El tema se saldó y cuando a pesar que la epidemia aún no se había terminado pero había cedido y paulatinamente volvíamos a la normalidad – que no supone ausencia de problemas y de desencuentros, pero normalidad al fin – Rusia invade a Ucrania.
Otra vez, una situación que surge a miles de kilómetros de nuestro país, nos golpea y nos golpea duramente. En rigor no sólo a nosotros, ha afectado a todo el mundo. Por
supuesto el gran drama lo están viviendo los ucranianos que sufren la invasión de una de las mayores potencias militares del mundo, que ha sembrado muertes y destrucciones indiscriminadas. Esta verdadera agresión ha cambiado el mundo que ya no será como antes. Para empezar, no se sabe cuándo finalizarán los combates, cuál será el final, cómo será la nueva realidad geopolítica. Lo que sí se sabe es que ha provocado una crisis global. El país invasor y el país invadido son fuertes exportadores de bienes que ahora por la merma de la producción se han encarecido notoriamente: energía, alimentos, fertilizantes. Como a su vez, éstos impulsan alzas en el precio de otros bienes, y escasez, la inflación se abatió sobre el mundo, y como parte del mundo que somos, también nos alcanzó.
Estamos entonces, frente a otro desafío. Para juzgar al gobierno, pienso que no debería hacérselo responsable de la inflación porque es importada. Se le debe juzgar en cambio, si hizo o no, todo lo necesario, dentro de las posibilidades reales del país, para que afecte lo menos posible a la población. En eso exclusivamente radica su responsabilidad.