abril 27, 2026
Master Escribe Cardozo

Estaba «cantado»; unos cuantos se iban sentir molestos por las palabras de Mario Vargas Llosa porque saben, y muy bien que lo saben, que, con su reconocida erudición, el Premio Nóbel de literatura iba a decir lo que no les agrada escuchar. El Rector de la Universidad de la República, Rodrigo Arim, con absoluta justicia, le entregó el Doctorado Honoris Causa y no lo había podido hacer antes porque voces universitarias, en su momento, dijeron que Vargas había defendido posturas contrarias a la Universidad. Pocas cosas resultan tan tontas, por decir lo menos. De ahí que las expresiones del autor de «Cinco Esquinas», de «La Fiesta del Chivo» y de tantas otras novelas traducidas a decenas de idiomas, vertidas en la conferencia organizada por el Centro de Estudios para el Desarrollo, hayan sido recogidas por destacados medios de comunicación a nivel mundial. Por lo tanto, el peruano es una de esas voces que hacen que muchos procuren bajarle el volumen, ya que cuenta con dos condiciones que, desde algunos sectores, se ven como contrapuestas: es un intelectual; y no es de izquierda. O, por lo menos, no piensa como a algunos les gustaría que pensara. ¡Y mucho cuidado cuando comienza a disertar sobre América Latina! La conoce a fondo y, siendo un republicano que no adhirió nunca a dictaduras ni a sistemas parecidos a las mismas, no se casa con cualquiera. Entonces, si esto sucede, hay que tener en cuenta lo que Vargas dijo y al escucharlo, o al leerlo, las conclusiones aparecen sin esfuerzo alguno. A modo de resumen se puede decir que, en lo que tiene que ver con Brasil, no está de acuerdo con varias de las políticas del Presidente Bolsonaro, el cual no es, para nada, santo de su devoción. Pero lo prefiere a Lula quien, si bien las encuestas dicen que podría volver a Planalto, se ha puesto a favor del Zar en la guerra contra Ucrania y aplaude sus excesos. Cuando le tocó hablar de Argentina, no fue para nada complaciente con el gobierno de Alberto Fernández. Vargas, que fustiga al peronismo, entiende que allí no se avizoran cambios de importancia. Se cuidó de mencionar a la más pujante figura política que ha surgido en la Argentina actual, que es el Diputado Javier Milei, quien hoy está al tope de todas las consultas de opinión. Vargas actuó con moderación y esto es una condición que debe resaltarse. De pronto entendió que no tiene los suficientes elementos de juicio para pronunciarse sobre ese incipiente líder del que habremos de hablar en su oportunidad. Con respecto a su país, dice que el actual Presidente peruano «es una vergüenza», y eso exime de todo comentario. Y viene lo peor: Vargas habla bien sobre el Uruguay, destacando su firme institucionalidad. El mero hecho de que nos considere «una excepción» en la región, causa escozor y cuando dice que el gobierno uruguayo va en la dirección acertada… ¡para qué! Pero es así, tal como lo dice Vargas, aunque algunos no lo crean o no se atrevan a reconocerlo para no quedar mal con sus adláteres. Eso sí: acelerador a fondo en todos y cada uno de los temas que le importan a la gente. El elogio sólo puede tener el efecto de mantener las acciones que llevaron a emitirlo.