LOS LÍMITES
Para no sufrir frustraciones, es importante conocer los límites. Para obrar con racionalidad, lo primero es no plantearnos metas inalcanzables. El realismo nos hace ver que no todo lo que pretendemos es posible. No quiere decir que de antemano renunciemos a la búsqueda de aquello que deseamos, sino a ser conscientes de la posibilidad de no lograrlo o de lograrlo parcialmente. Esto que es válido para todos los órdenes, en particular toma relevancia a la hora de conocer con qué recursos contamos para encarar proyectos y realizaciones.
Dentro del próximo mes, el Poder Ejecutivo deberá remitir al Parlamento el proyecto de Rendición de Cuentas, y Balance de Ejecución Presupuestal correspondiente al año 2021. Más allá que de su propia denominación surge que se trata de informar sobre todo lo actuado en el ejercicio anterior en materia presupuestal, es habitual que se asignen nuevas partidas a los distintos ministerios y a otros organismos públicos, así como modificaciones de variada índole en la estructura estatal.
Seguramente ya todas las unidades están preparando sus propuestas para que luego la Oficina de Planeamiento y Presupuesto y el Ministerio de Economía y Finanzas los analicen y en función de los recursos con que se cuenta les den curso o recorten el monto de las partidas solicitadas.
Lo habitual es que en esta instancia haya debates, conflictos, movilizaciones, porque muy difícilmente se contemplen todas las aspiraciones. Es una película que vemos todos los años y éste no será la excepción.
El problema radica en el hecho que, en general, los pedidos tienen su fundamento, pero las posibilidades del erario público no permiten acceder a todos y entonces es preciso establecer prioridades. Los criterios en base a los cuales se da preferencia a algunos gastos y se postergan otros, siempre son discutibles. Muchas veces las presiones tienen su efecto, otras se toma en cuenta la repercusión en la opinión pública. Lo verdadero es que nunca quedan planamente conformes todos los interesados.
En la estructura presupuestal, el margen para la distribución de los recursos es muy estrecho. El poder Ejecutivo no tienen la posibilidad de disponer de la totalidad de las partidas a su criterio porque tiene fuertes limitaciones. Más del 70% está constituido por erogaciones que no es posible obviar. Todos los gastos de funcionamiento del Estado, (sueldos, pasividades, educación, salud, entre los más significativos), quedan excluidas del margen de disponibilidad. A su vez no puede quedar fuera de las erogaciones la inversión pública, la asistencia social y muchos otros. Es verdad también que hay sectores tradicionalmente mejor contemplados que otros
Los Estados no producen riqueza, todo lo que gastan proviene de los recursos que aportan los contribuyentes. Pedir más gastos estatales implica pedir que nos aumenten los tributos. Lo que sí se le puede y debe exigir es que el administrador sea cuidadoso y transparente, en el manejo los dineros públicos, que no incurra en gastos innecesarios. En Uruguay el Estado, por su dimensión, tiene una incidencia decisiva en la economía del país. Cualquier acción de cierto volumen en materia financiera, repercute fuertemente en la sociedad.
Un mejor aprovechamiento de los escasos recursos de que disponemos, sería contar con un Estado menos burocrático, con más músculo que gordura, más eficiente. Pero no esperemos esto de la próxima Rendición de Cuentas, ni de las siguientes.
Son los límites entre los que nos podemos manejar
