TODAVÍA NOS FALTA
Existe en el país un consenso acerca de las bondades de nuestro sistema político y sobre todo en la plena vigencia de la democracia cualquiera sea el partido que tiene la responsabilidad de gobernar.
Cuando nos enteramos de la situación de otros países, esa idea se afianza y sentimos cierto orgullo de lo nuestro.
En buena parte eso es así. Los partidos se alternan en el ejercicio del gobierno sin que ello provoque, alteraciones en la paz pública. Todos respetan el veredicto de las urnas. Quienes pierden aceptan la derrota, asumen su tarea de oposición, de control de la gestión gubernamental y todo se desarrolla con normalidad. Existe libertad de asociación, de emisión del pensamiento, la prensa ejerce su función son censura previa ni posterior.
Pero aún queda mucho por mejorar. Compararnos con los que están en peor situación que nosotros puede ser una especia de trampa al solitario para hacernos a la idea que con lo logrado ya estamos cumplidos. Y no es así. Para progresar hay que reconocer los defectos, ser severos jueces de nuestra realidad. Creernos superiores además de ser una actitud no exenta de arrogancia, conduce a un quietismo complaciente que no ayuda.
En la democracia no existen unanimidades. La convivencia pacífica se basa en la libertad de cada uno y el respeto de todos la las opiniones ajenas. Yo no puedo exigir a los demás que respeten mi pensamiento si yo no soy capaz de respetar el de los demás.
Por eso cada gobierno tiene su política, y la oposición sus concepciones. Es lo normal, y es bueno y necesario que así sea.
Lo que me parece un problema que aún no hemos podido superar es la falta de políticas de Estado en algunos temas realmente trascendentes, no en todos, porque por ejemplo el combate al tabaquismo que impulsó el Dr. Vázquez, tan importante para la salud, no creo ni espero que tenga marcha atrás. Pero faltan otros. Para que una política sea eficaz debe tener continuidad en el tiempo. No es positivo que cada vez que asuma un nuevo gobierno se cambien. Reitero esto es lo deseable en los temas medulares. Hay infinidad de cosas en las que se puede discrepar, modificar si una nueva mayoría así lo dispone, pero hay otras en las que se juega mucho el país y no es posible que dependan de la orientación de cada sector, partido o coalición. Por cierto que es imprescindible un análisis profundo, que cada uno exponga su punto de vista, pero una vez alcanzado un consenso será un compromiso que todos deberán respetar. Reconozco que a veces no es fácil arribar a tales acuerdos, porque los actores políticos nunca pierden de vista los apoyos que pueden ganar o perder con cada decisión que adoptan. Pero quienes ocupan cargos de responsabilidad deben tener como primer objetivo actuar en beneficio del interés nacional. Cito ejemplos. Desde nuestros inicios como nación independiente, por nuestra dimensión territorial y la densidad de la población, hemos dependido y seguiremos dependiendo del comercio internacional. Todavía no hay acuerdo en esa materia. Mercosur, tratados de libre comercio, son temas aún no consensuados y vaya si son importantes. Otros. Una reforma que ponga en marcha un sistema educativo actualizado, moderno. Una legislación que asegure a los futuros pasivos un sistema previsional que les permia acceder a sus beneficios sin temor a que colapse. No se trata que el gobierno plantee su proyecto y se cierre en él, sino que se debata sin preconceptos, con generosidad, que todos aporten su punto de vista y no sólo del ámbito político.
Si sólo nos guía el propósito de tener una elección favorable a nuestros intereses en próxima contienda, quedará clara la vigencia del título.
