julio 26, 2026
Master Escribe Fuentes

Hace algunos días el Dr. Radi y el matemático Paganini fueron recibidos por el presidente Lacalle Pou. Como se recordará fueron junto con el Dr. Cohen quienes encabezaron el grupo de técnicos que con capacidad, responsabilidad, compromiso y verdadero patriotismo asesoraron honorariamente al gobierno en la lucha contra el Covid. Seguramente hablaron de la situación sanitaria vinculada con la pandemia, tema al que se refirió el Dr. Radi al salir de la entrevista. Pero, en realidad, el objetivo fundamental de Radi y Paganini era solicitar el presidente que tuviera en cuenta a la investigación al momento de disponer el destino de los recursos en la próxima rendición de cuentas.
Históricamente, el monto presupuestal que se destina a la investigación en nuestro país, siempre estuvo muy por debajo de lo que necesita y merece. A pesar de ello, quienes ponen todo su esfuerzo en la causa, han logrado avances reconocidos internacionalmente que además, e importa más, son de gran importancia para nuestra población. Los excelentes recursos humanos con que cuenta Uruguay hacen milagros con poco apoyo financiero. Basta recordar su gran aporte cuando la pandemia nos tenía en jaque. No hay mejor reconocimiento a una labor tan trascendente que facilitarle los medios para que cuenten con lo que su labor científica requiere. No sea cosa que los llamamos cuando las papas queman y nos olvidamos de ellos cuando se asignan recursos.
Claro, se dirá, es justo, pero el dinero no es suficiente. Aparecen reclamos y exigencias de todo tipo, y quienes presionan más tienen mayores chances de lograr su objetivo en detrimento de otros sectores.
En Economía se parte de la base que los recursos no son suficientes para satisfacer todas las necesidades. Esto pasa también a nivel familiar. Si lo sabremos cada uno de nosotros. No siempre el dinero que ingresa alcanza para cubrir todo lo que precisamos o queremos. Entonces lo que hace un buen administrador es establecer prioridades. Primero atender lo más necesario y luego, en la medida que haya un sobrante destinarlo a otros fines. Esto multiplicado por un factor que tiene un 1 seguido de muchísimos ceros, es lo que pasa en un país. Hay que administrar bien.
Si se gasta en cosas que pueden ser vistosas, atractivas, pero de momento prescindibles, no estamos haciendo las cosas bien. Porque, a veces, el problema no es sólo gastar de más, sino gastar mal.
En instancias presupuestales y en las rendiciones de cuenta prácticamente todos los ministerios y reparticiones públicas que se financian con los recursos estatales, elevan sus propuestas con incrementos. Los sindicatos, con COFE a la cabeza, diseñan una programación de paros y manifestaciones con el propósito de obtener mejoras
salariales. La educación requiere mayor presupuesto, la salud también, la seguridad otro tanto, la obra pública no puede carecer de la inversión necesaria, los cuantiosos subsidios a la seguridad social son ineludibles, y así podríamos continuar.
En medio de todo esto, sin alzar la voz, sin barullo, casi humildemente, Radi y Paganini, con fundadas razones, le exponen al presidente la necesidad de aumentar los fondos para la investigación. Hay erogaciones que directamente son gastos, y hay otras que son inversiones. Estas últimas representan sí un incremento del déficit endémico que padece Uruguay, pero no son en saco roto. En este caso en particular, es apoyar a quienes crean conocimiento. Esto, más pronto que tarde, redundará en beneficios que excederán con creces el pequeño sacrificio presupuestal de hoy. Que por otra parte es un porcentaje ínfimo en el monto global de las erogaciones estatales.
Radi y Paganini, entre otros muchos, hicieron una gran contribución al país en momentos difíciles, pero también harán otra gran contribución si logran convencer al gobierno que aumente las asignaciones presupuestales a la investigación, porque tiene razón en lo que piden