EL CAMBIO CLIMÁTICO
Es necesario, a veces, salir de los temas nacionales y dedicar la atención a otros de carácter universal, que como el que trataré en esta columna, mirados en perspectiva, son mucho más trascendentes para el mundo, que los que se debatimos entre nosotros.
Cada vez que ocurren grandes catástrofes naturales tales como huracanes, incendios forestales, sequías, olas de calor, deshielo de las zonas polares, se produce una reacción de temor sobre el futuro del planeta. Sin embargo, siempre las hubo. Tengamos en cuenta en el presente las noticias llegan a todas partes al instante, lo que no ocurrían décadas atrás y eso puede hacer que parezcan más frecuentes y violentas. De todas formas admitamos que actualmente se han intensificado. Aún así, esto no debe llevarnos a pensar que vamos directamente al fin de la vida del planeta, tal como proclaman algunos grupos ambientalistas. No existe comprobación científica que sea así, es más, existen sólidos argumentos para sostener que no estamos en las puertas de una amenaza de tal envergadura.
Un reconocido estudioso del tema, el profesor Bjorn Lomborg calificado por la revista Time como una de las cien personas más influyentes del mundo publicó en el año 2020 un libro, que tituló “Falsa alarma”. No me consta que esté editado en Uruguay, lo compré en España. Vale la pena leerlo. La denominación puede inducir a suponer que niega importancia al calentamiento global y a sus consecuencias. No es así, todo lo contrario, asegura que es una realidad que nos planteará serios problemas. Lo que plantea es un tratamiento racional, sensato, y la forma de enfrentar en problema real, importante, que pondrá a prueba la capacidad de gobernantes de todo el mundo para encararlo y de la humanidad para adaptarse.
Sostiene que el pánico ante el cambio climático no salvará el planeta. Lo que sí será imprescindible es prepararnos. La temperatura seguirá subiendo y ya nada podrá detenerlo. Es una realidad que es preciso reconocer. Es imposible impedir que se deje de emitir dióxido de carbono al menos en un futuro próximo. La mayor parte del transporte, entre otras actividades depende de los combustibles fósiles. Lomborg dice que aún ante la nula posibilidad que ya mismo deje de usarse, igual continuaría subiendo la temperatura global, porque el proceso ya se inició. Obviamente las acciones individuales no serán capaces de revertir el cambio climático. Además el dióxido de carbono tiene un beneficio para la naturaleza ya que es alimento para los vegetales, aunque el perjuicio es que las plantas no pueden absorber todo el que se emite. En lugar de apelar a imposibles, a esperar que todos los países acaten los acuerdos que ellos mismos firman, lo que podemos hacer, y no es poca cosa, es prepararnos. Aunque no sea inmediato, los adelantos tecnológicos podrán hacer que se empiece a reducir las emisiones de dióxido de carbono y a pesar que no sea determinante, como vimos, igual será una contribución para enlentecer el calentamiento global. Un ejemplo, de cómo prepararnos: habrá zonas que se inundarán ante la subida en el nivel de las aguas, por lo tanto será necesario tenerlo en cuenta al momento de decidir dónde edificar. Otro: habrá regiones en las que no se podrá continuar con las plantaciones que con otro nivel de temperatura eran posibles, entonces será necesario producir otras y las que allí se cultivaban se trasladarán a lugares más adecuados.
Todo esto será muy difícil y muy costoso, pero la parte positiva es que no se cumplirán los pronósticos apocalípticos, y que el mundo seguirá siendo un lugar propicio para desarrollar la vida, aunque con temperaturas más elevadas.
