LA DOÑA AÚN NO HA MUERTO.-
La semana pasada hablábamos de una declaración firmada por legisladores uruguayos en el Parlasur en la que defendían a la vicepresidenta argentina la cual, según ellos, es víctima de un complot del que toman parte las autoridades del Poder Judicial y, como no podía ser de otra manera, la prensa. En este caso, hablamos de la prensa libre; no de la prensa cristinista, que ya se sabe en qué forma actúa. En la oportunidad nos preguntábamos cómo estos compatriotas podían encolumnarse detrás de alguien que, supuestamente, recalcamos el adverbio «supuestamente», representa todo lo contrario a lo que ellos dicen defender. Las respuestas no parecen tan obvias como para que aparezcan a priori. No toda la oposición uruguaya le canta loas a esta persona. Hay quienes se han manifestado con más moderación que los signantes del manifiesto. Unos y otros, allá en la otra orilla, hablan de odio; del odio que padecen a causa del argentino al que tienen enfrente. A las horas de haberse publicado nuestra nota en «Tiempo», se informó del «atentado» que la Sra. habría sufrido cuando ingresaba a su domicilio. Las culpas recayeron sobre un desconocido que algunos sindicaron como participante en los mítines Kirchneristas al que las cámaras habían enfocado en forma reiterada. Hasta un niño se daba cuenta de que la reacción de los guardaespaldas no fue profesional. Ni la cubrieron ni hicieron nada de lo que se habla en los libros más básicos de la protección a personas. Al sujeto no se le colocaron esposas. Ella sonrió como si fuera una artista de cine al que se le pide un autógrafo. Y como estos elementos aparecen muchos más, que el pueblo se tiene que creer. Fernando Sabag Montiel, se llama el individuo quien habría actuado con la complicidad de su novia Brenda Uliarte. «Planificación y acuerdo previo», determinó el Magistrado actuante. Mi respeto a él y a todos los encargados de impartir justicia. Pero en el caso de esta señora no se suele saber nunca nada en concreto, aunque las acusaciones de corrupción con las que los jueces la jaquean aparecen como irrefutables. Conclusión: El presidente Alberto Fernández decretó dos días de feriado nacional debido a que habían querido matar nada menos que a su titiritera. Más tarde aparece una cantidad de argumentos válidos con los que se da a entender que todo fue una mise en scene, como dicen los franceses, con la única finalidad de presentarla como una víctima de la derecha o de quién sabe quién, para exaltar más a la patota que le festeja cualquier cosa y amedrentar a los referentes de la Justicia. El tema es que no la juzguen, que no vaya a los Tribunales a los que les sobran las pruebas para ponerla tras las rejas, lo cual significaría que algunos se quedarían sin sus beneficios. También resulta muy relativo ese cúmulo de derechos y beneficios que el kirchnerismo le brindó al pueblo argentino. Muchos lo aplauden, pero otros han demostrado que las cosas no son de esa manera. De todas formas, de acuerdo a los amigos que allá tenemos, que por suerte son unos cuantos, en aquél país se empieza a divisar un deseo de cambio. Las nuevas generaciones estarían llegando con una mentalidad diferente, más abierta, más adaptada a los tiempos que corren y eso no solo es bueno para ellos sino para todo el continente.
