abril 17, 2026

EL ACATAMIENTO DEPENDE DE LA CAPACIDAD DE CONTROLAR

Master Escribe Fuentes

Más allá del hecho que estamos en tiempos de un notorio aumento de la conflictividad sindical en varios frentes: la reforma educativa, la reforma de la seguridad social, problemas en la salud privada, entre otros, el tema que abordaré en esta oportunidad puede parecer menos actual, pero creo que no lo es. Hace a la necesidad de reflexionar sobre el dictado de normas que no se respetan. Sobre lo otro habrá tiempo a medida que se pueda saber cómo se desarrollarán.
El acatamiento de una disposición debería depender de la conciencia del ciudadano que comprendiendo su conveniencia voluntariamente la cumple. Pero lamentablemente muchas veces en la medida que no sea posible o difícil fiscalizarla, se desobedece. Entonces se transforma en letra muerta y muestra que la buena voluntad no alcanza.
Algunos ejemplos serán suficientes para apreciar esta realidad. Se exhibe en todos los comercios del ramo que está prohibida la venta de cigarrillos a menores de 18 años. Muy sabia medida, pero todos sabemos que cualquier muchacha o muchacho menor tiene muchos medios para hacerse de los mismos. No hay prueba más concluyente que verlos. Por cierto no van a comprarlos en un supermercado, pero tiene a su alcance muchas otras posibilidades. Idéntico comentario para las bebidas alcohólicas, tan o más serio. Basta conocer las encuestas a liceales sobre consumos problemáticos para saber que acceden como quieren al tabaco, al alcohol y aún a las drogas cuya comercialización es un delito. No es que las citadas prohibiciones estén mal dictadas, son correctas, pero cualquiera las puede violar sin inconvenientes. Entiendo que sería pedir un imposible que los controles fueran tan afinados como para hacer respetar estas disposiciones, pero lo que intento señalar es que con el mero hecho de dictarlas en modo alguno asegura que se acatarán.
Otras, en cambio, tienen un alto grado de cumplimiento. Es obligatorio que los vehículos transiten con las luces cortas encendidas. Todos vemos, que salvo algún distraído, todos lo hacen. Claro, en las rutas nacionales la Policía Caminera y en las zonas urbanas los inspectores de tránsito aplican dolorosas multas a los infractores y esta es la diferencia. Otro tanto los cinturones de seguridad. Por más que todos sabemos, o deberíamos saber, que es esta sencilla precaución puede salvarnos la vida, si no fuera por la fuerte multa, no faltarían quienes, inconciencia mediante, no los usarían. Si se sabe que hay cámaras que registran la velocidad de circulación en determinados tramos y que se sanciona a los que sobrepasen los límites establecidos, todos, o casi, los respetan. Seguramente muchos lo harían por su conciencia del riesgo para sí y para otros, pero dudo que sea el caso de la totalidad de los conductores.
La conclusión es que el acatamiento a una norma depende más del grado de fiscalización que puede tener, que la necesidad e importancia que implica su cumplimiento. Es aplicable esa conocida frase que dice que todos somos hijos del rigor.
Es ingenuo prohibir lo que no se puede controlar. El consumo de sustancias nocivas para la salud y el desarrollo de los adolescentes no se combate con simples anuncios de una buena medida pero que todos pueden violar impunemente a veces hasta por la rebeldía propia de edad. Creo que hay que apelar a la conciencia. Sería necesario un fuerte impulso a la difusión de los males que acarrea, a la educación en salud. Desde la familia debería comenzar esta tarea, pero en muchos casos no pueden, no saben, ignoran lo que hacen sus hijos o no son escuchados. Creo que el Estado debería liderar una campaña de concientización, que podrá no convencer a todos pero que si ayuda a algunos valdrá la pena.