ADELANTAN LAS PICADAS DEL MUNDIAL DE QATAR
Una broma macabra nos está jugando la realidad, cuando todos estamos pensando en armar una picada para disfrutar del mundial e incluso los comercios les ofrecen ya para no perder mucho tiempo, otros compatriotas se dedican a arriesgar sus vidas haciendo malabarismos sobre dos ruedas con la complicidad de muchas personas que disfrutan del espectáculo, sin considerar sus consecuencias.
Es vergonzoso ver tanta gente reunida sobre la entrada a la ciudad esperando el momento donde jóvenes con ansias de protagonismo a cualquier precio se lanzan en todas direcciones haciendo rugir a sus bi-rodados como leones heridos y contando con la audiencia de miles de ojos que como en un partido de tenis giran rápidamente sus cuellos para no perderse nada.
Nunca entendí a los matrimonios o familias que acampan a la vera de la ruta para ver los autos pasar en una actitud pasiva pero hasta con cierta indiferencia, especialmente si logran realizar algún juego o merienda compartida, son como espectadores que comparten la escenografía con los actores pero no se mezclan en sus actividades.
En cambio las personas especialmente jóvenes, que acuden a hacerle número a estos pibes sin memoria, para no clasificarles más drásticamente, son parte del espectáculo vergonzoso donde simplemente se complacen en disfrutar el riego de otros sin tener que arriesgar nada, simplemente son espectadores pasivos de un peligro que saben que existe, pero que simplemente no acercándose demasiado pueden evitar.
Son personas egoístas e incentivadores de la desgracia ajena, porque de eso se trata, que otros pongan su pellejo para que mi adrenalina se vea incrementada y posteriormente siéntanos el placer del que disfruta con el posible accidente del otro.
Ustedes deben conocer o haber ido al circo du Solei cuando estuvo en Uruguay, dije no acudiría más a ese tipo de espectáculo donde una persona se expone al peligro sin red, siendo su propio cuerpo el freno a un posible error, como sucedió poco tiempo después, parece que la vida no vale nada y que la cuestión es ganarse la comida aunque sea peleando con un león enfurecido.
No quisiera desmerecer al espectáculo en general que brinda este tipo de circo, simplemente remarco la actuación de riesgo de un personaje que hacía equilibrio sobre unos tanques que giraban a gran velocidad, el resto o parte de, son demostraciones de habilidades y artes escénicas que comparto, lo que sucede es que no puedo disfrutar cuando debo pasar por lo narrado.
En esto de las picadas nocturnas hay algo de masoquismo personal, porque quienes aplauden tratan de acompañar pero sin correr riego alto y quienes lo hacen es la forma de protagonismo juvenil, que los chicos de escasos atributos personales tratan de tomar como su buque insignia, para atraer voluntades que les reconozcan como grandes equilibristas sobre los bi-rodados, casi como si fueran parte del globo de la muerte del viejo circo.
Lo más trágico es que las condiciones en que se realizan estas corridas adolecen de las mínimas precauciones de seguridad para los concurrentes y para quienes asumen la locura de trascender a cualquier costo, e inclusive ni siquiera tratan de tener algún móvil de las empresas de asistencia, por si hay un accidente, todo está fuera de la ley y por su puesto los sistemas de prevención.
Lo saben quiénes concurren y también quienes hacen las piruetas que están fuera de la ley, sin embargo si hay una persona lastimada toda la sociedad debemos hacernos cargo del individuo, que por propia decisión tomó tan temeraria opción y que a continuación debemos protegerle igual.
En esto todos somos responsables, porque si ustedes ven un auto a elevada velocidad si pudieran le detienen o cuando ven los pibes y no tan jóvenes que hacen delivery corriendo contra el tiempo, piensan que deberíamos detenerle. De la misma forma tendríamos que tratar de evitar cuando menos concurrir a este tipo de lamentable espectáculo haciéndole el vacío visual, porque seguramente si nadie acude a mirarle perderían su motivación, de sobresalir a cualquier costo, incluso de sus vidas.
Cuando un pibe acróbata de la ruta queda postrado en un hospital sus cuidados deben ser afrontados por la sociedad y ni que hablar si queda inválido total o parcialmente, el estado debe protegerle con una pensión además de darle todos los cuidados necesarios, sin olvidarme de su familia que también correrá con las consecuencias de una mala decisión de su descendiente.
Justamente deberíamos empezar por tratar de que las familias de estos chicos traten de no contribuir a sus caprichos, porque pueden terminar muy mal e inclusive sabemos qué se ha llegado a la estupidez de cruzar a ciegas la ruta 8 (ruleta rusa le llaman) y que la suerte se apiade de su vida.
Los padres deberían no estimular el uso de las motos en primer lugar y ser responsables solidarios de las actitudes de sus hijos, porque debemos convencer primero y reprimir luego, siendo en este caso casi imposible la erradicación de este tipo de manifestación personal o grupal. Se me ocurre que poniendo cámaras en los lugares donde se acostumbra a que haya corridas y posteriormente haciendo convocatoria de los identificados directamente o aplaudidores solidarios junto a sus familias para lograr algo de concientización.
Otra forma poco ortodoxa de bajar a tierra este tipo de locura sería organizarle las posibilidades de que se hagan bajo determinadas condiciones reguladas, porque es como el boxeo o las carreras de autos o incluso de motos que vemos por la pantalla también hay accidentes, pero las condiciones son más rigurosas en cuanto la seguridad e incluso es menos probable el derrape.
Capaz que si esta modalidad de carrera o simple malabarismo se lleva a un teatro controlando las consecuencias pueden ser menos traumática; ya se había intentado en el Autódromo Fabini, no sabiendo porque se dejó de hacer.
De cualquier manera y visto que es un fenómenos que se repite en cualquier ciudad o pueblo deberían buscarse formas de organizarles de tal manera que permita regular su desarrollo en condiciones controlables y dentro de la ley, porque no tiene sentido seguir distrayendo la capacidad represiva del Ministerio del Interior o las Intendencias, cuando estos señores actúan como si fueran guerras de guerrillas, haciendo su aparición y desapareciendo rápidamente, lo cual le hace muy difícil combatir para las autoridades encargadas y además estamos distrayendo capacidad para combatir otro tipo de desviaciones legales.
Ahora que viene el verano las condiciones para las picadas alrededor de una mesa se hacen imprescindibles para la convivencia familiar o ciudadana, no así las que se realicen en lugares públicos sin reglas de desarrollo siendo posible que su existencia ponga en riesgo a los proponentes, al entorno familiar, siendo la sociedad toda quienes deben asumir luego sus consecuencias.
