junio 5, 2026

COMO ESTÁN LAS COSAS, NO TIENE SOLUCIÓN

Es muy difícil poder asegurar que un problema no tiene solución. Sobre todo cuando se trata de uno extremadamente grave y que afecta a millones de personas. Sin embargo en el tema a desarrollar en esta oportunidad, no veo cómo se puede resolver con la legislación que rige no sólo en Uruguay, sino en el mundo. Me refiero a la adicción a las drogas y a los múltiples aspectos que tienen relación con ella. Es tan grande el poder de quienes manejan el mundo del narcotráfico que parece una batalla perdida de antemano el tratar de neutralizarlo. Poder económico, sofisticado armamento, disuasión por las buenas o por las malas, billetera generosa para comprar conciencias y gatillo fácil. Tienen asegurada la demanda dado que los que padecen la adicción constituyen un público cautivo, que por su propia enfermedad buscarán la forma de hacerse de la droga.
Como si con las conocidas no fuera suficiente, aparecen otras, fundamentalmente las sintéticas, cuyo daño puede ser aún mayor.
Como se sabe, el consumo no está penado. No lo está desde el punto legal, pero los perjuicios a la salud superan con creces cualquier sanción. Lo que sí está penado en la comercialización. Por conocidas no parece necesario abundar en las consecuencias que provoca el consumo. No sólo los daños físicos y sicológicos, sino además los dramas familiares, la violencia, el deterioro en la economía. Cuántas vidas destrozadas, cuánto futuro desperdiciado.
Imaginemos un escenario imposible. Supongamos por un instante que por una razón determinada en el mundo por un mes, por ejemplo, se cortara el suministro de drogas. Nadie puede obtenerla, no hay dónde hallarla. Seguramente se generaría un caos en el mundo de imprevisibles consecuencias, porque los adictos, aquellos que dependen de la dosis en forma regular, entrarían en un estado de desesperación difícil de controlar. Así que por necesidad de muchos y negocio de algunos, se seguirán vendiendo más allá de todas las leyes y penalidades vigentes.
Cuando en Uruguay se liberó, con limitaciones varias, la venta de marihuana, uno de los fundamentos esgrimidos fue que era una forma de combatir el narcotráfico. En realidad ese propósito era “un saludo a la bandera” porque quedaban por fuera todas las otras sustancias, por cierto más pesadas, porque además no todos los consumidores corrieron los trámites exigidos, y porque las farmacias que aceptaron venderla, eran pocas. El narcotráfico siguió tan campante y por otra parte se continuó comercializando marihuana como sin nada, por fuera de la legal.
En algunas ocasiones las autoridades encargadas de fiscalizar la comercialización y los embarques, logran decomisar partidas, a veces de gran volumen, pero lo que nunca sabremos es qué porcentaje representan. Seguramente pequeño porque la prueba incontrastable es que sigue habiendo y el consumo no se ve demasiado afectado.
¿Qué hacer?
Será necesario trabajar mucho en mensajes destinados a jóvenes haciéndoles conocer las consecuencias para evitar nuevos consumidores, también en recuperar adictos. Reconozco que son medidas tímidas y de consecuencias limitadas, pero todo trabajo para reducir el número de consumidores vale la pena. Me parece sin embargo, algo más contundente para encarar este drama.
Aunque todavía no estamos preparados, falta mucho para un consenso global, y además existen muy atendibles y poderosos argumentos en contra, creo, sin embargo, que tendremos que pensar que la solución tal vez sea la legalización, junto a campañas para desestimular su consumo y con control de su calidad. Consumidores habrá con o sin legalización pero no poca cosa será cerrarle las puertas al narcotráfico.
No sólo los estupefacientes son altamente dañinos, también lo son el alcohol y el tabaco que como drogas que son, generan adicción y no pocos problemas sanitarios y sociales, a pesar de lo cual ambas se trafican legalmente.