AL FINAL DE TANTO TRATADO SEREMOS DESTRATADOS
Existe en los gobiernos de turno una desmesurada inquietud por la firma de tratados con otras naciones, bloques o empresas, que tengan un atisbo de fomentar inversiones en el país aunque muchas veces es mayor el daño económico y sobre todo ambiental, que los aportes a largo plazo a la alicaída economía de países pequeños como el nuestro.
Desde siempre los gobernantes acuden a solicitar préstamos internacionales e inclusive últimamente hasta los intendentes, para lograr despegar en cuanto a realizar inversiones de magnitud, que dejen a futuro grandes realizaciones de infraestructura; destinando esfuerzos desmedidos en lograr los fondos sin importarle los compromisos que dejan sumido en deudas muchas veces, que comprometan el futuro de los presupuestos a ser presentados
También les quita el sueño la posibilidad de realizar acuerdos que van más allá de los comerciales y que sus efectos lo medimos en varias generaciones de uruguayos que luego deben aceptar o padecer sus consecuencias.
Con el viejo slogan ahora o nunca debemos subirlos a esa oportunidad, porque el tren pasa una sola vez (Tabaré Vázquez), tratan de dejar plasmados en los anaqueles de nuestra historia la gran firma, que significó hacer al país más dependiente y a sus ciudadanas más pobres, para favorecer a sectores de la sociedad que poco le importa la felicidad colectiva.
El argumento más fuerte para firmar tratados es que aun sabiendo que habrá sectores de la economía como perdedores, habrá otros que se beneficiaran y si bien no lo dicen así y tratan de hacer creer que será el país todo el beneficiado, la realidad nos demuestra que solamente algún sector exportador se quedará con las ventajas obtenidas.
Cuando se dice fíjense los millones de dólares que pierde el país en el intercambio por los impuestos que debemos pagar para entrar a ciertos mercados nos olvidamos que a quienes les toca perder esa ganancia son los exportadores, que si venden es porque las condiciones de mercado lo justifican.
Por ejemplo le vendemos a China porque nuestros productos se pagan al precio internacional y si este país cobra impuestos por comprar es porque sabe que el precio obtenido por el vendedor es más que suficiente, para seguir obteniendo pingues ganancias.
Que cambiaría con un tratado de libre comercio; que muchos productos que el comprador si o si necesita no tendrían recargos en el precio final abultando la ganancia de los exportadores, o ustedes creen que le pondrían retracciones para recaudar más el estado y así mejorar las condiciones de vida de toda la sociedad.
Por ejemplo nos guste o no en Argentina los exportadores deben aportar más del 30 % de sus ventas al erario público, para fomentar la industrialización por un lado y para cerrar las cuentas del balance negativo de la economía vecina, sin embargo hasta ahora hablan de un acuerdo con la comunidad europea en forma poco entusiasta, especialmente por el lado europeo dado las repercusiones negativas sobre sus productores del campo sabedores de sus costes elevados ,subsidiados y poco eficientes en cuanto a los logros obtenidos.
Brasil podría negociar de igual a igual solo con la comunidad, pero Macron ahora argumenta que no lo haría por el tratamiento ambiental brasilero sin decirlo o mejor dicho exigen las mismas condiciones que para los socios de su comunidad, una forma solapada o no tanto de barrera para-arancelaria.
En general los países grandes tienen mayor capacidad negociadora y cuando actúan en bloques aún mayor, siendo el caso de la comunidad europea el más notorio de proteccionismo de sus productores rurales, que son la base electoral de los partidos conservadores y los beneficiarios de las políticas de ayuda desde otros sectores como por ejemplo el tecnológico.
La realidad actual ha golpeado a Europa achicando el margen de trasfusión de recursos hacia el campo y el mantenimiento del bienestar social, obligándole a buscar nuevos mercados o profundizar los existentes, para colocar sus productos frente al avance de China en África y Latino América.
Hasta hace 2 décadas inclusive los europeos mantenían grandes reservas de productos agrícolas no perecederos con costos elevados, lo cual le permitían regular los mercados importadores e incluso mantener los precios de los alimentos en forma casi constante.
Con la caída del bloque ruso, Europa estuvo muy entretenida en expandirse hacia el este conquistando nuevos mercados y absorbiendo mano de obra ociosa, sin embargo la aventura actual con Ucrania ha puesto al descubierto la fragilidad de la economía comunitaria y su elevada dependencia de los recursos energéticos rusos.
Uruguay no puede permanecer aislado de la realidad geopolítica existente, pero dado su escaso poder de negociación tampoco puede salir a la descubierta, cuando había logrado ser parte de un bloque que le da ventajas comparativas.
Cundo Tabaré Vázquez quiso acordar con Estados Unidos un tratado de libre comercio la tozudez de su Canciller Gargano le impidió su concreción, sin embargo la presencia de la embajadora Reinoso fue más eficiente que cualquier escrito permitiendo la compra de citrus (aunque también los presos de Guantánamo algo ayudaron), al igual que la carne con hueso, sin necesidad de tratado alguno, simples acuerdos.
Países como el nuestro no necesitan perder el tiempo en grandes tratados que incluyen miles de productos, que pueden ser o no incluídos, porque simplemente si la demanda existe se dará la compra mediante acuerdo puntual o simple coyuntura de mercado.
Por ejemplo para comprar fertilizantes o petróleo nadie se le ocurre poner impuestos, simplemente los importadores miran donde hay disponibilidad al precio internacional y con cierta anticipación compran el crudo.
En los fertilizantes es más coyuntural, porque nuestro país muchas veces no llega a necesitar un barco entero y simplemente se fijan la disponibilidad a nivel del mar cercano aprovechando las ofertas con otros agentes locales o en acuerdo con empresas argentinas para concretar la compra.
De la misma forma los países compradores de grano, lácteos , carne o forestales que son nuestros principales productos de exportación se basan en Chicago para los granos o fonterra para la leche en polvo o la cuota Hilton para Europa o la realidad de otros mercados , pero le dan poca importancia a si hay o no tratado comercial.
Nuestras ventas de carne a Japón son privilegiadas por los precios y la demanda específica, la que lleva inclusive a producir un determinado tipo de animal en nuestro país (de raza japonesa Wagyu que significa armonía, butifarra con patas dice un amigo, los animales requeridos) o los israelitas mediante animales sacrificados según el rito coyac
Por lo tanto déjense de tanto tratado y estimulen la venta a los países que pagan mejor a nuestros países sin atarse acuerdos que nos comprometen por vida y cuando cambian las condiciones internacionales, no sabemos si nos conviene seguir o apartarnos, pero ya es tarde.
Una vez escuchando a un embajador mexicano en nuestro país en una reunión de Latinoamérica con Europa este manifestó que acordar con China era como hipotecar cualquier cambio a futuro o sea que eran acuerdos de pie de barro, donde entras pero luego las presiones son altísimas hasta el grado del destrato (quien mal te trata te destrata dice la filósofa de la academia racinguista Mirta Legrand, que bajo estoy cayendo usando esta señora de referencia pero es lo que había, perdónenme).
En países de África hicieron préstamos para infraestructura portuaria y posteriormente se quedaron con toda la operativa, eso sí capaz que mejor que el negocio que hizo Heber por 60 años.
El apuro por firmar tratados no tiene mucha importancia o acaso ustedes se acuerdan quien firmó el Mercosur, son como los cantares de Antonio Machado “esa es la gloria Guillén de los que escriben cantares oír decir a la gente que no los ha escrito nadie” o firmado, como en este caso, aunque sea el padre y el hijo; muchos creen que fue el espíritu santo.
