abril 20, 2026
Master Escribe Cardozo

Nuestra misión y nuestro compromiso en el periodismo, aunque parezcan términos demasiado pretenciosos, no es pontificar. No nos interesa hacer algo así; se lo dejamos a quienes tengan motivos para realizar esa tarea. De todas formas, en esta ocasión, creemos necesario hablar alguna cosa más sobre el episodio protagonizado por el ex ministro Adrián Peña, y esperamos que no llegue otra noticia sobre un asunto que ya debería estar laudado. Por las dudas, desde ya aclaro que no tenemos absolutamente nada personal contra el ex jerarca; es más, destacamos su labor a la cabeza de un Ministerio que hoy día, como hemos dicho, juega un rol trascendente en las políticas de Estado. Hasta se podría decir que en muchas ocasiones marca la agenda. Tampoco se nos pasa por la cabeza que Peña carezca de honradez o que no esté apto para cumplir una función como la que venía desempeñando. Nada de eso.
Pero los hechos han tomado tal estado, han sido tan pronunciadas las idas y venidas, que no terminamos de entender ni el cómo ni el por qué de este asunto. Primero se propagó la información de que había sido denominado «licenciado» cuando no lo era. Parece que le faltaba un curso.
Luego vino el terremoto mediático, la renuncia y su reinscripción en la Universidad Católica para concluirlo, lo cual hizo con la mejor nota. ¿Justo en esos días se podía inscribir en el curso en cuestión y hacerlo? ¿justo coincidía la fecha de iniciación del mismo cuando a Peñale salta este tema? Según algunos medios parece que Peña se iba a tomar unos días de licencia para volver al Senado, donde conserva su banca, en tanto ponía al nuevo ministro, Robert Bouvier, a quien conocemos y sabemos de su honestidad y capacitación, de lo que viene haciendo esa Secretaría de Estado. Y luego de todo eso, cuando los uruguayos estábamos digiriendo los últimos bocados de esta cena, nos enteramos de que un profesor de Peña, así como también algunos de los que habían sido compañeros del ex ministro en la universidad, dicen que efectivamente el curso que le faltaba, no le faltaba, sino que lo había hecho hacía años atrás. Entonces cabría preguntarse cómo puede ser que Adrián Peña no sepa o no recuerde, esto último en el mejor de los casos, que ya había cursado la asignatura que le faltaba. Es como si se quisiera decir que él se creía licenciado, pero no lo era y no sabía que no lo era, o no se acordaba, se arma un problema al que todo el país le presta atención, porque se dijo que no lo era pero él mismo, el propio Peña no lo sabía. Entonces alguien le dice que sí lo era y él queda en la posición de poder decir que lo es. Parece que se estuviera ingresando en un túnel donde la luz al final del mismo aparece y desaparece.
El Sr. Presidente de la República entendió que Peña estaba en condiciones de volver a la titularidad de Ambiente y Robert Bouvier, caballerescamente, dice que no tiene problema en irse si así se decide, a lo que Peña contesta que no retorna. O sea que el Presidente, al igual que cualquier otro ciudadano, creyó en la historia inicial y aceptó la renuncia de Peña, quien había dicho que su renuncia obedecía a un un error.
Y al saber que Peña no sabía que en realidad era licenciado, le ofreció volver. Es todo rarísimo y hay un porcentaje muy alto de uruguayos que no se creen una letra de todo esto. También están aquellos que consideran que hay algo más atrás de un tema raro que distrae la atención cuya verdad todavía no ha salido a luz. No faltan los que creen que lo del título se arregló sobre la marcha. No adherimos a ninguna de esas posiciones. Analizamos los hechos tal como se han presentado y nada más y, una vez más decimos, no juzgamos ya que no nos corresponde. Pero… qué raro todo.