abril 19, 2026
Master Escribe Casanova

Todos conocemos un single de un importante supermercado en referencia la oportunidad de comprar más barato, e inclusive usando la música tropical como fondo, de aquello muy popular en los barrios, que caribe que está todo y por supuesto como alternativa la oportunidad o sinónimo de que ahora sí te vas a avivar.

Esta forma de ver a los clientes no es la más común para los proveedores directos de los compradores citadinos, cuando se da esa oportunidad y si bien en las ferias vecinales algo se nota en general, los precios que cobran están más cerca de las grandes superficies que de un vendedor sin intermediación.

Recuerdo cuando estando de director de la granja el padre del actual responsable Ing. Agr. Nicolás Chiesa se instaló el IVA en verduras y frutas en las grandes superficies y muchos amigos míos relacionados a los grandes proveedores de los supermercados se oponían , pero luego tanto Mujica que fue un gran detractor en el segundo gobierno de Sanguinetti, así como otros representantes del frente amplio usaron sin problema este impuesto, para salvar la producción nacional frente a eventos de catástrofes como granizo ,sequías o excesos de lluvias, que son cada vez más comunes en nuestro país.

Sin embargo los productores rurales cada vez que tienen oportunidad de marcar la diferencia entre dejarse espoliar pagando comisionistas y caer en manos de los famosos lechuzas del mercado, que imponen precios. Cuando pueden vender directamente, adoptan la actitud de nuevos comerciantes con sed de actuar igual de aquellos que le precedieron, sin darle chance a la población consumidora de mejores precios por la mercadería ofrecida, ya que no tienen que pagar la intermediación.

Cuando realizan algún evento promocional de sus productos en las ciudades, en lugar de ofrecer sus productos a los precios que recibían cuando enviaban al mercado adoptan como referencia los del consumidor final y lo que perdían antes de conquistar a sus nuevos clientes, con una mentalidad cortoplacista inexplicable.

Cualquiera de nosotros hemos concurrido a fiestas donde se proporcionan productos de la tierra y quedamos perplejos al tener que pagar un vasito de vino como si fuera un bar de Pocitos y una mermelada como las importadas, con un frasquito hermético muy adornado, incluso con lecturas en otro idioma.

Esta forma de pensar y actuar le ha llevado por siempre a perder oportunidades, que se dan cada año pero nunca se consolidan, creo que un caso excepcional son los queseros artesanales que concurren a EIcilda Paulier y rematan su oferta de acuerdo a la demanda o venden en su propio domicilio a precios muy competitivos, mostrando una rara sensibilidad que le delatan como personas con descendencia europea más realista, así como entendedoras del mercado que afrontan.

En cambio por estos lares la mentalidad es muy diferente y las oportunidades no las usan para mejorar sus vías de comercialización y eliminar la intermediación que tanto les afecta. Sus precios de venta representan 30 % de lo que paga el público en general en el mostrador, además si no hay demanda vuelven sus mercancías pagando por no vender, y eso sí les afecta la ecuación de su emprendimiento.

Está muy de moda la oferta de productos con ciertas características especiales en cuanto a su manera de ser producidos y por lo tanto eso se refleja en el precio al público, como es orgánico por ejemplo, se produce menos porque hay un combate de enfermedades o desmalezamiento menor que afecta a los cultivos y estos producen menor rendimiento, el cual debe ser recompensado con mayor precio.

Fíjense lo que sucedería si se implanta como predominante la producción ecológica como parece que conducen las nuevas aspiraciones de muchos colegas y productores, toda la población o la mayor parte de esta deberán pagar precios superiores para compensar este tipo de producción, mientras se daría un consumo elitista que solo afrontarían los niveles superiores de la población en cuanto a su ingreso, teniendo los pobres que conformarse con algunos descartes o incluso acudiendo a un mercado negro de frutas y verduras.

Sin embargo existen esfuerzos particulares de algunas instituciones que caerán en el vacío por más que sean muy loables sus intenciones, porque en contra de las mentalidades conservadores y muy corto placita es muy difícil generar caminos de largo aliento, que construya rutas de ida para llegar más lejos, en lugar de ida con vuelta para terminar en el mismo lugar de partida.

Parecía que los mercados de cercanía iban a cambiar la mentalidad de aquellos productores que accedían a canales de venta directa, sin mayores costos y con una población ávida de productos frescos recién cosechados para su comercialización.

Se combinaban los deseos de los vendedores de estar más cerca de los consumidores y estos de poder consumir productos más confiables, por tener enfrente a quienes eran directamente sus productores.

Sin embargo lo que comenzó muy bien se ha ido desvirtuando con el tiempo y una vez que mucha gente acudió a dichos lugares de venta, las ventajas comparativas se han ido acortando y hoy desgraciadamente vemos que el proyecto tan comentado por las autoridades del momento, va cayendo paulatinamente sin red que lo contenga.

Quizás el de estación Atlántida haya tenido mejor génesis porque fue creado por los propios productores y simplemente usan un predio otorgado, mientras que las mejoras han sido realizadas por los propios beneficiarios.

Además la población objetivo de esa zona en general dispone de un mayor poder adquisitivo, que le permite pagar por la diferenciación de los productos ofrecidos.

En cambio en Pando el lugar elegido no es el mejor ubicado, desde que propusimos Pando 2015 habíamos propuesto la ubicación del Centro Cultural como alternativa de mercado en general y bien se hubiera podría enfrente del actual destino porque estaría en un lugar de elevado tránsito peatonal y vehicular, que podrían ser potenciales compradores, además de no arruinar una hermosa plaza como ha sucedido.

Los productores intervinientes han recibido la infraestructura sin coste alguno e inclusive con ayuda para estimular su producción por parte de la comuna canaria, lo cual era esperar que redundaría en mejores precios al consumidor final, sin embargo las diferencias brillan por su ausencia y las ventajas comparativas solamente se ven reflejadas en tener que caminar más, para obtener productos eso si recién cosechados pero a precios nada competitivos con otras bocas de venta.

Simplemente al pasar observé el precio del pollo de campo que sería una buena opción de compra de algo diferente en cuanto a la cría y por lo tanto el tipo de carne obtenida (no diré en este caso como la gallina feliz porque el final del animal es similar), pero fue grande mi sorpresa cuando observé un precio similar al que había pagado en un supermercado de la ciudad donde también lo ofrecen, y sin entrar a las condiciones de presentación o higiene con que era ofrecido.

Si hay algo que caracteriza a los emprendimientos privados es la velocidad de reacción y cambio, especialmente a nivel comercial, por lo tanto no se ha hecho esperar una oferta similar a nivel de los comerciantes instalados, que a pesar de tener que cargar con desventajas iniciales a largo plazo seguramente predominarán en el mercado, porque si aquellos que podrían vender más baratos porque están subsidiados no lo hacen pretendiendo ganar más, el resultado esperado ya sabemos cuál será. Así que estimados lectores hemos colaborado entre todos en la instalación de un mercado de cercanía que cada día lo vemos menos diferenciado y más lejos de nuestras posibilidades de compra, por una cultura de lucro muy arraigada en la sociedad que no admite demora , ni siquiera reconoce el esfuerzo colectivo que se hizo para favorecerles.

Solamente me resta decirle que es muy loable el esfuerzo productivo de los pequeños productores, pero evidentemente la parte comercial no es la suya y por más que arranquen con estímulos no están preparados para las carreras largas, piensan que es vender y a cobrar olvidándose que la población compradora tiene recursos escasos y por más que desearía comer productos certificados todos los días, la billetera o el monedero está muy flaco de recursos.

Lamentablemente los actuales protagonistas no les dará el tiempo para cambiar, espero que los del futuro si lo hagan y podamos decir ahora sí que se avivaron, venden su producción en forma fresca ,sana, inocua y a precios accesibles, para que nadie les pinche el globo, y así ofrecer una sana y mejor alimentación para la comunidad.