mayo 2, 2026

EL RECHAZO O LA SIMBIOSIS ENTRE EL SER HUMANO Y EL CABALLO

Master Escribe Casanova

Entre el caballo y el ser humano ha habidos desde siempre un amor odio parecido a ciertos vínculos racionales, aunque esta característica no acompañan al equino.

Pueden llevar a tener una simbiosis positiva con su monta, hasta el rechazo absoluto en función de la forma de relacionamiento del participante racional, que altere la relación generando el rechazo por parte del equino, llegando incluso a poner en juego la vida del jinete.

Cuando fue introducido el caballo en nuestras tierras por los españoles se dio una expansión de su presencia e incluso pasó a ser un botín de guerra durante los enfrentamientos bélicos, siendo esencial en la resistencia de los indígenas, cuando lograron su monta, para tener mayor capacidad de movimiento en la batalla.

Con el tiempo el equino se fue transformando en un símbolo de nuestras patriadas y su pertenencia determinó acuerdos y hasta compra de voluntades en los albores de la patria, siendo famoso el acuerdo de Rosas en Argentina para amortiguar la rebeldía federal de Urquiza mediante la adjudicación de una gran caballada al caudillo entrerriano.

En nuestras gestas libertarias y en los enfrentamientos fratricidas entre hermanos estuvo el caballo como principal responsable de la vida o la muerte de sus montas ocasionales, siendo con el tiempo parte de una herramienta de trabajo en diligencias, carros o en el surco, pero siempre con la complicidad del ser humano, aunque muchas veces el equino se revela para expresar su humor o el mal trato.

Siempre entre el equino y quien le monta hay una relación diferente de acuerdo a la circunstancias, dependiendo sobre todo de la parte racional, es así que últimamente se ha impuesto la doma racional donde se da una complicidad manifiesta entre el animal con su amansador, que termina en una relación de cariño entre las dos partes, que solo se rompe por intervención de un tercero o cambio de humor de uno.

Generalmente el caballo debe ser castrado, amansado y especialmente acostumbrarse al freno (recuerden aquello de no lo para ni un freno mulero),luego que se hace el estiramiento de boca y aceptación de la herramienta que permite manejar el equino, se resuelve una monta casi simbólica, donde el jinete debe estar atento porque inicialmente puede dar corcovos que le hagan terminar en el suelo o como en el caso de mi padre, que pesaba más de 100 kgrs haciendo que el pobre animal no intentara ninguna resistencia. Dentro de la tropa siempre hay individuos que no se dejan domar como la canción del viejo de la vela (pero hay pajaritos que no se dejan enjaular), lo que les hace diferentes, siendo su destino el desafío permanente con la monta.

En su defecto si es tratado deferentemente puede ocasionar accidentes donde su par humano puede terminar lesionado o incluso con la muerte (conozco muchos casos, aunque puede suceder también con animales que fueron domesticados y dentro de su irracional se revelen por diferentes razones muchas veces no previsibles).

Los equinos reconocidos como indomables son cuidados para el espectáculo de las jineteadas e incluso se clasifican de acuerdo a sus posibilidades de resistir la monta, siendo los reservados los más cotizados e incluso se generan premios especiales, para quienes soporten sus embriones bruscos para sacarse a la molestia ocasional de su lomo.

Los que ya no peinamos canas porque nuestra cabeza carece de material para ordenar, recordamos el más famoso reservado que le llamaban el paleta quemada (se ve que de malo al hacerle la marca se movió tanto que quedó marcado en forma desproporcionada), que tuve el privilegio una tardecita presenciar su caída en el predio del prado en manos del gaucho Barreiro, un montevideano de la tablada, que terminó haciendo tatuceras y siendo prisionero por pertenecer al MNL.

Este pingo astuto giraba primero en su eje, hasta que en un momento arrancaba a corcovear en derecho, pero ya el “domador” estaba desacomodado; en este caso fue estudiado hasta que aguantó la salida intempestiva, que terminó con el caballo entregado al no poder voltear a su incómoda monta.

Como sería la fama de este animal que en la empresa copsa había un ómnibus facansa que le apodaban el paleta quemada, porque nadie le aguantaba en el lomo o en este caso manejándole con el número 40 que muchos jubilados todavía le recordaran porque los choferes no querían trabajar en él.

Actualmente existe una desproporción de los reclamos de los activistas en contra de las domas como espectáculo que se pretende regular para defender el bienestar animal, el cual tengo dudas que el animal se entere, pero que acepto como una forma de mejorar la relación entre el gaucho con el equino o vacuno o incluso otros animales.

Por supuesto que también deberían velar por la salud del jinete que muchas veces termina con lesiones crónicas (decían que era muy común orinar sangre por parte de los profesionales de la doma por los corcovos bruscos y las caídas traumáticas), siendo una profesión de alto riesgo, como tantas que se realizan para entretener al público, que siempre disfruta de los desafíos aunque sean de origen primitivo.

Por otro lado los recaudos por el lado del caballo son atendibles, siendo aceptable la eliminación del espoleo, y un tratamiento adecuado en el palenque de arranque de la doma e incluso en el trayecto previo en los corrales, pero ahora se ha acotado la propia monta llegándose a disponer de un veterinario en el ruedo o la posibilidad de no permitir la largada si se detectan defectos o lesiones, que hagan vulnerable a una parte del espectáculo.

Mejorar las condiciones en que se desarrolla la “doma” me parece muy bien, pero eliminar este tipo de deporte de riego donde por clara libertad de elección un individuo se enfrenta con el peligro, sobre un equino mañero y de costumbres rebeldes, me parece demasiado.

La decisión de postergar la regulación del reglamente que a priori me pareció exagerado e incluso poco práctico, me parece algo inconveniente , estamos frente a una propuesta donde el legislador debería asesorarse mejor, porque poner de acuerdo posiciones tan contrastante es como pretender que un caballo reservado sea utilizado para hacer los mandados en la capital.

Lo deseable es que haya una sinergia entre el caballo y quien lo monta en forma permanente, e incluso recuerdo una vez que le preguntamos a un militar sobre un colega que luego llegó a altos cargos de responsabilidad, y nos dijo:” usted vio que entre el soldado de caballería con el caballo hay una gran sinergia, en el caso del teniente coronel mencionado es total, dejando en el aire la idea de lo emparenta miento del jinete con su potro. Al caballo hay que defenderle para la equino-terapia, los trabajos de campo, (la ciudad no es amiga del equino que terminan con sobrehuesos por el hormigón), las carreras u otras competencias deportivas o, para los espectáculos circenses, las pruebas de rienda o el paseo de placer, siendo la doma una excepción cada vez más acotada en el tiempo, por lo cual está bien su ordenamiento, aunque debería considerarse ambas partes de la jineteada.

Les recomiendo escuchar “pida patrón” de Santos Inzarraulde cantada por el Dr. Paravís (Santiago Chalar), donde se defiende la muerte del equino en el campo antes de vender su carne, para los consumidores franceses.