mayo 7, 2026
Master Escribe Cardozo

Mientras en la región y en el mundo se viene perfilando «una nueva derecha», como respuesta a los yerros del populismo y en defensa del capital, en Uruguay el clima político se tensa por la designación de dos señoras a sendos cargos diplomáticos. Los partidos de origen tanto de Beatriz Argimón como de Carolina Ache pusieron el grito en el cielo porque ninguno de los dos había dado el aval para los nombramientos. Ni siquiera les preguntaron. Lacalle Pou se enteró por las redes sociales, ¡Ah, las mira! y los colorados, presumiblemente por la prensa.  Y como tampoco faltaron los oficialistas sorprendidos, podríamos estar apreciando una señal del Presidente Orsi con la que le estaría comunicando a todo el espectro político que no es un mandatario anodino y que es capaz de ir más allá de las estructuras partidarias tanto propias como ajenas. En el caso de los nacionalistas, pese a que algunos relativizaron el tema, Graciela Bianchi salió a hablar de favores de la ex vicepresidenta a la gente del actual gobierno. No puntualizó ninguno en especial; solo especuló y todos sabemos que la política es el reino de la especulación.  A varios blancos se les inflamó la yugular ya que una muy importante dirigente del partido, que había ocupado nada menos que la Vicepresidencia de la República, de manera inconsulta, aceptó una nominación proveniente del Frente Amplio.  De haber existido dichos «favores», es muy difícil que alguien hable con claridad sobre los mismos. Una interpretación también posible, podría ser que la escribana Argimón haya entendido que su etapa de Representante concluyó y que, de pronto, le resultaría difícil volver al ruedo. Por eso decidió aceptar de motu propio el ofrecimiento ya que el Directorio Blanco, le podría decir que no lo hiciera para mantener la distancia con Orsi. El caso de Ache es diferente. Estuvo involucrada  en uno de los casos de corrupción más relevantes de los últimos años y por ello recibió todo tipo de críticas por parte de aquella oposición que hoy es gobierno. No le tembló el pulso a la hora de dirigir el índice hacia el Canciller de entonces, el cual fue removido casi de inmediato. La Fiscalía la convocó y ¿a quién le encomendó su defensa? Al Dr. Jorge Díaz, actual prosecretario de la Presidencia. Convengamos que aquí también cabe la especulación. A Ache este cargo le viene como anillo al dedo. Su performance en las últimas Elecciones Internas no fue buena y, al no haber sido electa legisladora, la embajada de Portugal que le está ofreciendo Orsi, es una forma de seguir en carrera. Más adelante, tal vez, podrá rehacerse y volver a intentar su ingreso al hemiciclo legislativo o a algún otro lugar de trascendencia. El Presidente de la República y el Ministro de Relaciones Exteriores actuaron en una consonancia que no ha sido la usual en estos primeros meses de gobierno. El mandatario manifestó que «no se trata de un ofrecimiento a los partidos políticos, sino que se busca personas de diferentes culturas» que trabajen en función de una estrategia política. No se puede negar que ensayó una muy buena respuesta; atinada y edulcorada. Lubetkin, por su parte, refiriéndose directamente a Ache, dijo que la misma no tiene temas pendientes con la Justicia y nada le impide salir del país para ocupar el cargo de embajadora. Ambos casos son demostrativos de la forma en la que se mueven las piezas en el ajedrez de la política, muchas veces, lejos de los controles ciudadanos. Personas que habían sido criticadas por sus adversarios políticos, están ahora en la más alta consideración de éstos. Sin importar qué partido haya llegado al poder, esta clase de hechos se vieron, se ven y lo más probable es que se vean siempre.