DIÁLOGO SOCIAL
Aunque se discuta la procedencia del mismo, bienvenido sea el diálogo social al que ha convocado el gobierno. Sea como fuere, es bueno ambientar el encuentro y, entre todos, sacar lo mejor para el país. Es lo que, con toda lógica, quiere la gente. Uruguay no se puede dar el lujo de permanecer «crispado». Los diferentes actores políticos y sociales deben sentarse a la mesa más seguido. «Brainstorming», le llaman los norteamericanos; arriba con la tormenta de ideas que es saludable y mucho bien nos hace. Pero está claro que el elemento político, el mal concebido, por supuesto, comienza a adueñarse de la escena. El Sr. Presidente de la República quiere poner sobre el tapete cuatro temas muy caros para la sociedad uruguaya. Protección a la infancia. Sistema de cuidados. Protección de trabajadores activos. Jubilaciones y pensiones. Nadie puede decir que los uruguayos no tenemos que hablar sobre estas cosas. Es más; son puntos que hay que tocar en forma permanente. Pero como las acciones de algunos ciudadanos públicos ha hecho que la política haya caído tantas veces en el desprestigio, la madeja se enredó y parece que lo que menos va a haber es diálogo. Los blancos entienden que está bien hablar y buscar soluciones para la infancia, así como cimentar el sistema de cuidado. Sin embargo, expresan un no rotundo cuando se les propone hablar de seguridad social. Argumento: el tema fue laudado por la ciudadanía en las últimas elecciones generales. Tienen razón; si la gente se pronunció de una determinada manera, el que se siente demócrata respeta el veredicto. Los colorados entienden que el diálogo, tal como está planteado, no tiene sentido y que debe haber una instancia específica para los partidos políticos. Es respetable la posición, aunque lo sería más aún si no se diera a través de la red social X. Ya sabemos que hoy día se imponen esos mecanismos de comunicación, válidos todos, pero que le quitan seriedad a los mensajes. La sorpresa la da Cabildo Abierto, desmarcándose de la Coalición Republicana y anunciando que se sentará a la mesa con Orsi. Manini comenzó a desarrollar su estrategia y la misma consiste en que no se sepa cuál será su actitud en cada ocasión. Entonces, nadie puede estar seguro si contará o no con ese partido en cada instancia política. Gustavo Salle ni se acerca a la Torre Ejecutiva y es coherente con su prédica. Los independientes tampoco van. A todo esto el gobierno responde que la oposición, o la mayoría de la misma, se niega al diálogo lo cual es «una señal terrible». Miremos el cuadro que tenemos delante y preguntémonos si todo esto no es otra de las tantas pulseadas entre los actores. Es muy probable que el gobierno, cuando convocó a esa conversación, se imaginara que muchos de los invitados no asistirían y, de alguna manera, los coloca frente a la opinión pública como unos irresponsables que tratan de ponerle palos en la rueda, de lo que el elenco gobernante sabe mucho. Y los que están del otro lado del mostrador, la Coalición, procuran que Orsi no encuentre la forma de materializar su agenda. Es ahí donde la gente se da cuenta de que no está en las prioridades de quienes tienen el poder, sin importar que sean gobierno u oposición. Las diferencias siempre van a existir y es bueno que así sean. Pero una cosa es disentir y otra entrar en un juego político sin sentido alguno para no dejar avanzar al otro. Es de esperar que las miras se eleven y que los relativismos y las estadísticas le den paso al diálogo franco, imprescindible en una sociedad como la nuestra. Y sería vital no histrionizar de una manera tan evidente que haga que la fe y la confianza se pierdan más aún.
