OTRA VÍCTIMA DE LA INTOLERANCIA
La sociedad estadounidense siempre se caracterizó por la violencia y hoy día existe en el seno de la misma una grieta social muy profunda, tal vez como nunca antes la hubo. Surge claramente la existencia de una fractura social que erosiona los cimientos de esa nación, sin que haya forma de controlarla. La crisis social y política es inminente y a la Casa Blanca no se le puede pedir que ponga paños fríos. Hace pocos días, fue asesinado Charlie Kirk, un activista del conservadurismo, muy allegado al presidente Trump. En estos tiempos, tanto allá en el norte como en todas partes, ganarse el mote de «fascista» es bien fácil; basta decir, por ejemplo, que se eligió ser héterosexual o que no se está de acuerdo con la agenda de los colectivos LGTBI u oponerse al aborto y listo. Kirk, tenía ese INRI, más allá de su defensa del porte de armas, lo cual resulta discutible. Todo eso, para algunos, conforma un «discurso de odio» y se creen con autoridad moral para combatirlo sacando del medio a quien lo pronuncie. Enorme pisoteo a la libertad de expresión, pero para ellos, vale y siguen adelante sin respetar límites de especie alguna. Por cierto que allá, decir la verdad o, al menos, expresar que se piensa diferente es complicado. Sobran los ejemplos. Charlie Kirk daba la cara en cualquier parte. Cuando lo asesinaron estaba explicando sus ideales a plena luz del día en la Universidad de Utah. A él no le importaba que los «progres» estuvieran «copando la parada». Tenía en claro su pensamiento, lo cual en estos tiempos parece que fuese algo peligroso para aquellos que están envueltos en una nube mental. Pichones de Torquemadas incapaces de considerar puntos de vista que no sean los suyos. A balazos lo arreglan todo y se ufanan de eso, aunque siempre le disparan al indefenso, al que no los ve venir. Las convicciones profundas, están cotizando a la baja y un tal Tyler Robinson decidió poner fin a la vida de Kirk por el sólo hecho de pensar distinto. Actuó en la forma descrita; no se podía esperar otra cosa. De pronto se creyó que tenía una misión sagrada para con su grupo o sociedad y se sintió un ángel liberador empuñando un arma. A Kirk lo convocaba el debate contra «el wokismo». Los que ambientan esta cultura, si es que se le puede llamar así, entienden que están luchando contra la desigualdad. Buscan imponer los supuestos valores progresistas y matar a sangre fría parece ser uno de ellos. Kirk no les rehuía, al contrario. Daba su opinión con argumentos sólidos y era complicado rebatirlo. Era un conservdor nato y encima joven, con el que se sentían identificados aquellos que buscan paz y orden, por medio de los principios de la Civilización Occidental y Cristiana. Esos valores lo llevaron a fundar «Touring Point USA», que tiene predicamento en la lucha por esas ideas y las difunde en todo el país. Sea como sea y sin que importe el signo político de la víctima y del victimario, ya que en cualquier caso sería lo mismo, otra vez la violencia es la que preside la escena y la misma parece un fiscal implacable. Desde los viejos libros de historia, Robespierre nos hace una guiñada que no deberíamos responder.
