MARES EMBRAVECIDOS
Uruguay necesita imperiosamente contar con los patrulleros oceánicos; es de orden tenerlos ya que en estos tiempos resulta imprescindible la vigilancia de nuestras costas, ora por los traficantes, ora por la pesca ilegal. Se trata de embarcaciones con equipamiento de última generación debido a los riesgos que corre el personal especializado que cumplirá funciones en ellas. En estos tiempos, cualquier nación necesita embarcaciones de esa naturaleza. Sin embargo, justo en Uruguay, se presentan problemas en lo concerniente a la construcción de dichas lanchas patrulleras. El contrato inicial para construir esas lanchas, ya que tienen que ser una empresa especializada la que lo lleve a cabo, era de noventa y dos millones de dólares. El precio en sí, aparece como razonable porque con esas barcas se va a custodiar nuestra soberanía. Varias instituciones bancarias de plaza no avalaron el proyecto y finalmente apareció en escena una empresa llamada Eurocommerce con la que se negoció el aval. Se supo luego que ésta empresa no existía, por lo que todo lo que provenga de la misma, es falso. Las idas y venidas se suceden hasta que Mario Cardama, titular de la empresa constructora, manifestó que él también se había sentido «estafado» agregando seguidamente una frase tremenda: «hubo mala fe del Estado uruguayo». De acuerdo a sus palabras, el gobierno no lo notificó de la existencia de un incumplimiento o de irregularidades con la garantía. Asimismo afirma que las naves en cuestión han sido construidas en un sesenta por ciento y que las tareas de finalización han continuado. Todo da a entender que la Ministra de Defensa Nacional no se arriesga a tomar cartas en el asunto. Es una madeja muy difícil de desenredar y aparece toda clase de versiones al respecto. Cardama, por lógica, defiende su negocio que buenos frutos le brinda. No obstante, no puede aparecer tan distante de la situación; no puede decir que no conocía a quienes se les solicitó el aval. No vamos a poner en duda su integridad, aunque está claro que no es un angelito. No está vendiendo camisetas en una feria, sino que construye embarcaciones que son utilizadas para los fines ya expresados. Desde la Presidencia se busca poner paños fríos a la situación. Es lo que generalmente se hace en estos casos. El punto es que nadie previó que un problema de este tipo pudiera presentarse y en este tipo de negociaciones, los que conocen el entramado de las mismas, se mueven con otros cuidados que, para el caso, no se han tenido. Y esto, le pese a quien le pese, deja mal al Uruguay, que siempre ha procedido con una prolijidad que muchos, fuera de fronteras, han elogiado. Ese tipo de desprolijidades no se pueden permitir ya que las mismas atentan contra el prestigio que hemos ganado durante años. Bueno sería rever, no sólo el caso de Cardama, sino todos los procederes que le dan marco a cualquier contratación de todo aquello que sea necesario para el país.
