abril 20, 2026

Padres del adolescente asesinado le empezaron a dar palizas a los dos años, según registros policiales 

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Al adolescente, de Flor de Maroñas su padre le destruyó los intestinos y, cuando agonizaba, le dio con un palo en la cabeza y lo dejó en una cañada.

A Jonathan Correa, sus padres le empezaron a dar palizas a los dos años, según los registros policiales. La primera denuncia fue la de un CAIF al que asistía el por entonces niño, cuando apareció con los primeros moretones al llegar desde su casa.

Vecinos, maestros, tíos y primos hicieron denuncias en contra de sus padres. Siempre por el mismo motivo: gritos, palizas y golpes con lo que tuvieran a mano.

Entre 2013 y 2025, se registraron 14 denuncias, según información policial a la que accedió Montevideo Portal. La última fue la de la UTU de Flor de Maroñas, a la que Jonathan asistía y donde se había ganado una beca para poder estudiar francés.

Pese a la vida injusta y violenta a la que lo sometían, el adolescente se las arreglaba para estudiar y cumplir con las clases. Quizá, creen quienes lo conocían, utilizaba los tiempos de estudio como una escapatoria para salir de su casa.

Andrea, la prima de Jonathan, contó a Montevideo Portal que era un chiquilín tranquilo, que nunca decía nada de lo que le sucedía, pese a que en determinado momento de su vida todos a su alrededor ya se daban cuenta.

La Policía fue varias veces a la casa de Jonathan en Flor de Maroñas, una vivienda de una sola pieza, con todo integrado en el mismo espacio, donde vivían el menor de edad, sus padres y una hermana de nueve años.

Las veces que los efectivos acudieron a la casa —casi siempre por denuncias de ruidos molestos—, la respuesta de la madre de Jonathan era que el padre no se encontraba allí, que los había abandonado. Minutos después, los mismos vecinos veían cómo el hombre salía de un escondite.

El hombre era consumidor de pasta base, una situación que se dio prácticamente desde que Jonathan nació. Las palizas eran “justificadas” porque el adolescente no les hacía caso.

Familiares cuentan que cuando no había qué desayunar, le pedían que fuera a pedir algo a la panadería y Jonathan se negaba. Entonces lo acostaban boca abajo en una cama para varios golpes. Cuando creció, lo ataban para evitar que se resistiera.

Lo mismo sucedía cuando no quería ir a la carnicería a pedir carne, porque su madre no tenía con qué cocinar. En el último tiempo, Jonathan ya no gritaba, porque sabía que resistirse solo empeoraba la situación.

La noche de su muerte, en la madrugada del viernes pasado, la golpiza comenzó porque se olvidó de entrar a una perra que tiene la familia, para que le diera de mamar a sus cachorros.

Según la pericia forense, la golpiza en el vientre de Jonathan provocó que sus intestinos colapsaran antes de morir. En un estado de agonía, intentó salir corriendo —semiinconsciente—, pero en ese momento su padre le dio con un palo en la cabeza, lo que funcionó como una especie de golpe de gracia.

Jonathan terminó de morir a metros de su casa. Su padre lo tomó en la falda y lo llevó hasta una cuneta, donde lo dejó tirado. Allí lo encontró la Policía.

La familia de Jonathan insiste en que la situación no puede quedar impune, como ocurrió hasta que el adolescente murió. Preocupa que la hermana del menor, de nueve años, esté con su abuela.

La mujer,  ha sido violenta con otros niños que tiene a su cargo. Estos hechos han quedado registrados en videos.

La última vez que Andrea vio a Jonathan, él le dijo que no quería regresar a su casa que expresó, “Vuelvo solo por mi hermana”.

Foto captura