URUGUAY: ENTRE LA VIOLENCIA Y EL DELITO
Uruguay continúa siendo considerado uno de los países más estables de América Latina. Sin embargo, la inseguridad sigue ocupando un lugar central entre las principales preocupaciones de la población. Aunque las cifras oficiales muestran una leve disminución de varios delitos durante 2025, la percepción ciudadana de inseguridad continúa siendo alta, especialmente en Montevideo y en algunas zonas del interior del país.De acuerdo con datos del Ministerio del Interior, durante 2025 se registraron alrededor de 369 homicidios, una cifra inferior a la de 2024, cuando se contabilizaron 382 asesinatos. La tasa nacional se ubicó en 10,3 homicidios cada 100.000 habitantes. Montevideo concentró más de la mitad de los casos, seguido por los departamentos de Canelones y Maldonado. No obstante, especialistas en seguridad advierten que existe un importante número de delitos que no llegan a denunciarse y que la percepción social continúa siendo negativa. Encuestas recientes indican que más de la mitad de los uruguayos consideran que la delincuencia aumentó en los últimos años. Uno de los temas más sensibles sigue siendo la violencia de género. En 2025 se registraron 18 femicidios, una cifra menor a la del año anterior, cuando se reportaron 22 casos. A pesar de esta baja, las denuncias por violencia doméstica continúan en niveles muy elevados. Informes oficiales señalan que en Uruguay se presentan decenas de denuncias diarias vinculadas a agresiones dentro del ámbito familiar o de pareja.A esto se suma la creciente preocupación por la violencia asociada al narcotráfico y los enfrentamientos entre bandas criminales. Algunos barrios de Montevideo y departamentos como Durazno han sido escenario de tiroteos y ajustes de cuentas que reflejan una criminalidad más organizada y violenta que la de años anteriores. Más allá de las estadísticas, el debate sobre la seguridad pública permanece abierto. Para muchos uruguayos, la inseguridad ya no se mide únicamente a través de los números, sino también por el miedo cotidiano, la violencia cada vez más visible y la sensación de que determinados barrios han cambiado profundamente en la última década. Estefania del Rivero
