EL COMIENZO
Si Lacalle Pou no fuese aún el Presidente de la República, bien se podría decir que este país está siendo presidido por la incertidumbre. Hasta el momento no se tiene en claro cuál será el rumbo que el Sr. Presidente electo pretende recorrer. Orsi, al menos hasta ahora, no ha demostrado grandes dotes de liderazgo. En una de esas, una vez que Lacalle Pou le pase la banda presidencial, nos sorprende a todos. Por el momento, lo único que se puede decir es que Mujica está detrás suyo, quizá «dándole letra» y que Alejandro Sánchez está jugando de «apuntador» como en el teatro. Nadie puede decir con certeza qué tan bueno sería, al menos a nivel nacional, verlo con independencia de criterios. Aunque, por ahí es mejor que siga el libreto al pie de la letra como lo viene haciendo. Muchos expresaron preocupación por su visita a Brasil ya que Luis Inacio Lula da Silva luce bastante deteriorado y, lo que es peor, no se ha mostrado muy amigo del Uruguay que digamos. Su idea de aprovechar estos momentos, en los que todavía no pasó a mandar en forma directa, si es que en algún momento lo hace, para ponerse en contacto con quienes van a ser sus colegas, no es mala; al contrario. Resulta saludable que se vayan generando espacios de entendimiento con otros gobernantes, ya que tendrá que lidiar con una región y con un mundo, que, de no mediar una diplomacia consciente, puede resultar muy complicado. En la misma línea, con similar importancia, aparece su mensaje sobre un rol «articulador» por parte del Uruguay. No está mal. Siempre hemos tenido fama de buenos árbitros en los conflictos internacionales y no la podemos perder. Se trata de un signo y de una función que nos han caracterizado desde hace mucho tiempo. Lo importante para Orsi, así como para todos, lo hayan votado o no, será no hacerse eco del relato político de algunos el cual está destruyendo a sus propias naciones, teniendo como finalidad el poder por el poder mismo. Eso sí sería lamentable. Contrariamente a lo que se cree, los invitados a su asunción no van a decir gran cosa de lo que va a ser su impronta. Es posible que tengamos la ocasión de ver a personajes cuestionados por toda la Comunidad Internacional, pero esos visitantes no van a ejercer una influencia directa en el próximo gobierno. Como quiera que se mire, el que va a ser nuestro gobernante a partir de marzo próximo, está considerado una persona equilibrada, es decir, que no se va a dejar guiar por radicalismos en área alguna. Lo que hoy trasciende es cimentar la continuación de los procesos de afianzamiento de la competitividad del Uruguay en los mercados internacionales. Ahí va a estar la clave del juego y no se puede perder oportunidades como las que se nos fueron hace tiempo, lo cual significa que las estrategias que se adopten en ese sentido serán fundamentales. La visión que Orsi pueda tener sobre ganancias y riesgos, lo va a definir. Lo bueno y ventajoso que tendrá a su favor, es que el gobierno que se irá el primero de marzo, le va a dejar las cuentas en orden y todo lo referente a la administración en claro. Ni él ni nadie de su entorno va a poder decir que no se le allanó el camino. Tiene la fortuna que otros no tuvieron cuando les llegó la hora de ponerse al timón del país. Orsi ganó bien las Elecciones. Habrá que ver si en los hechos se justifican esos noventa mil votos de diferencia que la sacó a la fórmula de la Coalición Republicana.
