DISCURSO INICIAL
El discurso inicial del nuevo presidente llamó la atención de varios analistas por lo general y hasta vago de algunos de sus conceptos. No creemos que peque de tanta vaguedad como se le ha pretendido atribuir. Se comenta que dijo mucho, sin hacer hincapié en ningún tema en particular. Para empezar, debe decirse que estuvo muy bien en destacar los cuarenta años ininterrumpidos de Democracia que lleva el Uruguay tras su último quebrantamiento institucional. Esa clase de manifestaciones nunca deben ser pasadas por alto y menos aún cuando se deja en claro el compromiso con la estabilidad democrática hacia el futuro. Y también es loable y correcto que, en esas circunstancias, en las que se transforma en el conductor de la República, recuerde sus orígenes. Hay tantas formas de expresarse en momentos de la inauguración de un mandato presidencial, como presidentes existen. No se van a encontrar dos discursos iguales, aunque sí puede hallarse una similitud de conceptos. Por un lado, están aquellos mandatarios que, de arranque, trazan líneas de acciones concretas diciendo qué piensan hacer, cuándo, cómo, a quiénes se le va a encargar esa tarea, de dónde se habrán de obtener los recursos, etc. Otros, y ese es el caso de Orsi, hablan de generalidades, o sea de cosas que están bien para la sociedad en general, de esas que la gran mayoría de la gente acepta sin hesitación, pero sin referirse a nada en concreto. Por ejemplo, cuando se refiere a la protección social, especialmente a los niños desamparados o que nacen y viven por debajo de la línea de pobreza, sostiene que esa es una de sus preocupaciones. Lo es de todos los uruguayos; a casi nadie le es indiferente la situación en la que viven muchas de las criaturas que nacen en este país. Con tristeza hay que decir que el número de las mismas ha ido en aumento y está bien que el presidente se sienta inquieto por ello. Por otro lado, manifestó su convicción, si es que así se le puede llamar, de buscar el «crecimiento de la economía», otra cosa con la que nadie, en su sano juicio, puede discrepar, así como tampoco en que «la estabilidad macroeconómica es una política de Estado». Estas concepciones, así como otras tantas que dejó en claro al inaugurar su período de gobierno, resultan básicas para cualquier sociedad, aunque el Presidente no haya dicho cómo piensa hacerlo. En un momento como ese, en el que está dirigiéndose a la nación al inicio de su quinquenio a la cabeza del Poder Ejecutivo, bajo la mirada escrutadora de nacionales y extranjeros, no se le puede exigir más. Si así fuera, tendría que tomarse, al menos, cinco horas para exponer su programa y desarrollar cada uno de los temas, lo cual es prácticamente imposible en una ceremonia como la que se estaba viviendo. El punto es que cumpla y que sea fiel al compromiso, por su honor, que había hecho minutos antes. El ya Secretario de Presidencia, Alejandro Sánchez, antes de que fuese emitida la promesa, lo llamó «compañero Yamandú Orsi». Debió tenerse en cuenta que Orsi ya no era «el compañero», lenguaje propio de los Comités de Base», sino que era el Presidente de todos los uruguayos y que su función trasciende cualquier estructura partidaria. Como uruguayos, sentimos la necesidad de desearle lo mejor y, seguramente, aplaudiremos los logros que pueda alcanzar. Ojalá que, más que de logros, podamos estar hablando de conquistas.
