EGO TE ABSOLVO
Es tarea un poco difícil hablar del legado de un Papa, ya que de por sí puede ser controvertido y más en estos tiempos de ambivalencia y opiniones encontradas. Bergoglio fue el emisor de un discurso «contracultural» o sea, a contramano de lo que se supone que Roma debe sostener siempre como cosa juzgada. Era hora de que alguien dijera e hiciera cosas diferentes; el enclaustramiento no produce efectos positivos en ningún orden y recién ahora el Vaticano está construyendo algunos puentes. Resulta extraño que con Francisco haya sido la primera vez que llega al Papado un Jesuita ya que «La Compañía de Jesús, como se le suele llamar a dicha congregación, ha tenido desde tiempo inmemorial una enorme influencia en el Vaticano. La Iglesia Católica, en el mundo entero, es la religión que tiene más prensa y la que, independientemente de que se crea en ella o no, concita más atención. Por un lado, el difunto Papa intentó una apertura especialmente mental de la Institución la cual para muchos aparece como impostergable. Entendió que la mujer en la Iglesia está llamada a cumplir roles más profundos y más representativos, lo cual lo dio de bruces contra los sectores conservadores aunque éstos, todavía con el pie en el freno, comienzan a batirse en retirada. Desde hace tiempo da vueltas por diversos medios, una nueva versión sobre la historia de «María Magdalena» que expresa que no fue la pecadora convertida por Jesucristo, tal como se ha afirmado desde los propios Evangelios, sino alguien con predicamento en la incipiente Iglesia. De pronto Bergoglio debió tener en cuenta dicha interpretación o, quizá, sin haber ahondado en la misma, observó la realidad desde otros ángulos. Siguiendo el mismo derrotero, aspiró a integrar a su Iglesia a las personas de orientaciones sexuales diferentes, entendiendo que sus opciones de vida son propias y que, como él mismo ha dicho, «si Dios no los excluye, yo tampoco». ¡Enorme declaración para esta época! Los integrantes del Santo Oficio deben haberse cubierto el rostro con ambas manos. Mostró ahí un lado humano alineado con lo que se espera en estos tiempos de la Iglesia y manifestó su opinión sobre temas por demás complicados que inclusive las grandes potencias no pueden resolver tales como el cambio climático. Dio la cara frente a los abusos cometidos por los curas, llegando a expulsar a varios de los responsables, actitud ésta que era esperada desde hacía mucho tiempo. Es de destacar también su actitud sobre el tema de los refugiados, conminando a la solidaridad ante la situación de éstos, con lo cual inquietó a este occidente tan apegado a los números y a las estadísticas. Procuró la armonía entre los diferentes credos cuando firmó los acuerdos con el líder sunita Al Azhar al – Tayeb para la consecución del mencionado fin. No obstante, hubo hechos durante su gobierno eclesial que llevan a pensar un poco más sobre sus convicciones personales. Estuvo cerca de gobernantes cuestionados y no fue tan contundente en la condena de regímenes que han causado el deterioro de algunas naciones. El caso de su país es paradigmático al respecto ya que se entiende que no podía desconocer los desvíos constantes de los gobiernos kirchneristas, y de todas las tropelías llevadas a cabo o permitidas por los mismos. Algo les dijo sin condenarlos abiertamente. Pero debe tenerse en cuenta que era difícil puntualizar con vehemencia esas acciones ya que se trataba de su país de origen y sus palabras podrían llegar a generar reacciones de toda índole. Lo vimos intentando estar cerca de los representantes de todos los sistemas buscando que entre los mismos se viva en paz, aunque tenía en claro que era complicado plasmar aspiraciones de esa clase. Pregonó una posición anticapitalista en lo económico acercándose al modelo contrario sin tener en cuenta los ejemplos que la evolución muestra, aunque sostenía que en el centro del sistema, cualquiera fuese, tenía que estar el Ser Humano. Su historia quedará en la historia, valga la redundancia. Se ha ido alguien que, con criterios muy actuales, pretendió expandir las fronteras del pensamiento y extender la Iglesia más allá de los portones del Vaticano. No corrió con ventajas dialécticas ni las procuró. Dentro de unos días, cuando aparezca la fumata blanca desde la chimenea de la Capilla Sixtina, veremos quién toma el cetro y si sigue hacia delante o se estanca. Si la Iglesia está llamada a transformarse, el próximo Papa jugará un rol de influencia en el orbe entero. Los purpurados juegan sus cartas. El mundo mira.
