mayo 6, 2026

Decía don Clemente que “Con Ciencia grande, no hay país pequeño”

Ayer recibí una nota en la cual se me informaba que «Como parte del Compromiso de Gestión que se asume con el MEC, OPP, y MEF, PEDECIBA tiene la responsabilidad de realizar una evaluación de sus actividades y de los apoyos otorgados. Esta evaluación busca medir la satisfacción sobre el impacto del aporte económico de PEDECIBA en su carrera. Realizar estas evaluaciones es crucial para mantener el apoyo presupuestal a PEDECIBA en 2026». Además de haber llenado el formulario con los detalles que se me pedían, vista la última oración que subordina el mantenimiento del apoyo presupuestario a PEDECIBA a una evaluación típica de una agencia de mercadeo, no tuve más remedio que agregar un comentario, cuyas expresiones expando y corrijo para su mejor comprensión, y difundo en esta contribución periodística. Tengo la esperanza de que el demos ciudadano comience a pensar en estos aspectos y en su momento se exprese sobre su importancia para las generaciones venideras.Mi comentario al pie del formulario destacaba que el Programa de Desarrollo en Ciencia Básica (PEDECIBA) es un programa de desarrollo. Como todos los biólogos sabemos, el desarrollo significa crecer y madurar. Crecer y madurar significa tener cada vez más y mejores científicos y una organización nacional que los articule en un sistema. El crecimiento está estancado. La formación científica en la Educación Primaria y Secundaria se ha deteriorado. A la Universidad ingresan muchos más estudiantes que antes, pero abandonan prematuramente. En la Educación de Posgrado en Ciencias, la dedicación exclusiva es fundamental. Al inicio, el PEDECIBA becaba a sus estudiantes de posgrado. Al recortarse los fondos, las becas se hicieron escasas para que todos los estudiantes de doctorado tuviesen becas. Cuando se creó la ANII, el sistema nacional de becas tomó esa responsabilidad, pero no solucionó el problema. Hace 15 años, una carta enviada al Directorio de ANII (con copia a la Presidencia y a la Comisión de Ciencia y Tecnología Parlamentaria) firmada por cerca de la mitad de los investigadores categorizados en el Sistema Nacional de Investigadores no tuvo respuesta, y la ausencia de becas para muchos estudiantes se mantuvo. Si este país quiere seguir siendo Estado y no colonia (camino en el cual van cada vez más aceleradamente nuestros hermanos del Plata), debe duplicar o triplicar el número de estudiantes de doctorado, y para ello necesita un sistema de becas que les permita dedicarse en exclusividad a la investigación científica y un Sistema de Ciencia articulado, con laboratorios de investigación que respalden su formación. Con respecto a la maduración, lamentablemente nuestras autoridades políticas, distraídas esperando el nuevo-viejo Godot rebautizado «crecimiento económico», aún no han entendido que si no se madura simultáneamente, el crecimiento es fofo y efímero; rápidamente se transfiere a aquellos sistemas que sí han madurado científicamente. No basta con generar más científicos. Generar un Sistema de Ciencia competitivo, articulado entre sí y quizás, con nuestros vecinos cercanos es indispensable para no transformarnos en un enclave económico. Colonia donde, además de materias primas (incluyendo varias pastas), se produzcan y trafiquen personas. La experiencia del fútbol lo ilustra y presagia. La fracción de futbolistas exportados por nuestro país que se destacan en los equipos de primer nivel del mundo en relación con la población de origen debe ser una de las mayores del mundo. De mantenerse el estancamiento científico, con nuestros jóvenes científicos pasará lo mismo.El PEDECIBA se ha caracterizado desde hace cuarenta años porque sus resultados superan ampliamente las expectativas. Si no lo ha hecho mejor, ha sido por falta de apoyo de las Autoridades. Por lo tanto, si alguna evaluación debe hacerse primero acerca de la transferencias de recursos del Estado al PEDECIBA, ésta es sobre su escasez y la enorme capacidad de los científicos que lo autogestionan para lograr un buen aprovechamiento de los mismos.Este análisis nos lleva a pensar (como científicos y como ciudadanos de un Estado a cuya soberanía las Autoridades deben responder) no tanto en la responsabilidad de los científicos para exprimir al máximo los recursos asignados, sino en la responsabilidad de las Autoridades, democráticamente elegidas pero cuya coherencia transpartidista, al ignorar el valor de la Ciencia como herramienta y reflejo del desarrollo de un Estado, delata un sesgo cultural autocrático. Todos los candidatos en las últimas tres renovaciones de las Autoridades públicas se han comprometido con un supuesto desarrollo de la Ciencia. Sin embargo, siguiendo el derrotero de las autoridades políticas de los últimos cincuenta años han ignorado la importancia de la Ciencia como base cultural, o peor aún, han querido relegar a la Ciencia como furgón de cola de procesos de innovación imposibles. En el mejor de los casos, hacen gala del sambenito. Algunos, imbuidos de una visión pre-dieciochesca, ignoran que la Ciencia es parte de la cultura. Otros adoptan un punto de vista decimonónico; aceptan a regañadientes la Ciencia como un mal necesario para el desarrollo técnico y la innovación productiva. Ambas actitudes, tal vez bien intencionadas pero ignorantes del valor del flujo del conocimiento científico para la sociedad, allanan el camino a una tercera concepción.Emerge de forma cada vez más evidente la hipótesis de que en “las mesas chicas” de decisión prima una tercera forma de pensar, a veces solo subyacente pero siempre inconfesable: el desarrollo colonial es el más apropiado para la República. Esta hipótesis sostiene que el valor del trabajo inteligente es irrelevante desde el punto de vista económico. Concibe, alternativamente, que el mercadeo y la inducción psicológica de valencias positivas circunstanciales que este genera son los motores de la economía. Vender materias primas y comprar chucherías es, de acuerdo a esta concepción, la forma de integrarse a una economía global. A nivel social, esta perspectiva implica un deterioro progresivo del desarrollo cognitivo y una subsistencia miserable, sostenida por el dinero fácil originado en una deuda creciente, que se reparte como espejitos de colores a una población cada vez más inempleable. Cualquier vecino sufre día a día cómo la actividad económica de este y otros Estados, cada vez más globalizada y dominada por tareas repetitivas y fácilmente sustituibles por sistemas artificiales, reduce sus posibilidades de ofrecer empleos productivos y dignos. El desarrollo del pensamiento científico local va en una dirección opuesta.El PEDECIBA puede y debe apoyar la generación del andamiaje necesario para promover un Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología. Pero si bien entender los caminos necesarios para el desarrollo científico puede ser una de sus funciones diagnósticas, las acciones hoy necesarias para que la Ciencia florezca y fructifique van más allá de su competencia. Son las Autoridades quienes deben generar las condiciones económicas para que dicho sistema, además de crecer y madurar, dé flores y frutos. Son las Autoridades quienes deben preparar a la infancia y la adolescencia para que más y mejores estudiantes tengan una formación científica. Son las Autoridades quienes deben generar una red de institutos avanzados con plazas permanentes que den seguridad laboral y recursos adecuados para que los científicos jóvenes desarrollen nuevos conocimientos y contribuyan al desarrollo de una cultura adecuada al siglo XXI. Sólo así podremos decir con Estable, «con Ciencia grande no hay país pequeño».En conclusión, más que pedirle cuentas a un programa exitoso (aunque estancado por la falta de apoyo adecuado y por el pobre desarrollo de los eslabones previos y siguientes a su ámbito de competencia), los economistas prevalentes -quienes parecerían ser los eslabones más influyentes de la cadena de decisión política- deberían, honestamente, pedirse cuentas a sí mismos.