abril 19, 2026

Entre dinosaurios e insectos sociales quiero ser hombre

Master Escribe Caputi

Los uruguayos somos parte de un país con límites difusos, hacia el Este y el norte, Rio Grande do Sul; hacia el Oeste Santa Fe, abarcando la mesopotamia entre el Uruguay y el Paraná; hacia el sur el el Río de la Plata. Pertenecemos a uno de los Estados más democráticos del orbe. No obstante, los partidos políticos enfocan la atención de los uruguayos en decisiones internas cuya trascendencia futura es mínima por lo circunstancial y anacrónico de sus fundamentos.
Entretanto, el desarrollo global de la economía mundial ha determinado que la producción de bienes y servicios en el territorio cubierto por el Estado uruguayo sea cada vez más controlada por grandes corporaciones trasnacionales a las cuales llamamos “dinosaurios” porque son una especie terminal del desarrollo capitalista. Los gobiernos actuantes, sin distinción entre izquierda o derecha, si bien fueron y son genuinos representantes de la ciudadanía, han aceptado pragmáticamente dicho control, y más aún, lo han favorecido.
Por un lado, empresas extranjeras han tomado lentamente el control de los frigoríficos y la producción de granos de soja desplazando a un segundo plano del poder económico a los ganaderos que en otras épocas constituían el cerno de las clases altas. Adicionalmente, la producción natural de carne vacuna (la cual como hace 50 años la lana) comienza a ser desafiada por la producción sintética. La historia reciente muestra que el pragmatismo político de los partidos de izquierda y derecha ha desembocado en la exoneración de impuestos a grandes trasnacionales, otorgándoles monopolios virtuales durante plazos que cubren más de una generación. los ahorros de las clases medias no habilitan su progreso social. La inversión en pequeñas chacras productoras de madera han sido completamente birlada y transformada en oligopolio por grandes empresas productoras de pasta de celulosa, las cuales ni siquiera pagan impuestos. Los boliches de barrio se sustituyen por las grandes plataformas que han sido compradas por cadenas internacionales como Disco, Geant, Devoto, Farmashop, y Sodimac, los cuales además tienen como subsidiarias miniexpendios locales que ahogan a los viejos almaceneros, ferreteros y farmacias. Más recientemente, las pequeñas inversiones inmobiliarias como por ejemplo una casita en la playa alquilada en verano y disfrutada el resto del año empiezan a manejarse por trasnacionales del “Real Estate”. Y la novedosa gota adicional de estos dias es que Vesta Software Group, subsidiaria de Jonas Software, compró las empresas tecnológicas uruguayas GeneXus Consulting y K2B, que forman parte del grupo GeneXus.
Por otro lado, está lo ilegal. Ni que hablar, que la red de tráfico ilegal de drogas es una trasnacional. Es de pública notoriedad que nuestro puerto es un nodo exportador de dicha red, y que el servicio del Uruguay como puerto al tráfico trasnacional de psicofármacos de recreación también derrama problemas colaterales sobre nuestra población, al generar el microtráfico local, principalmente sobre los jóvenes y con más incidencia en los más pobres.
Finalmente, los ingresos de las clases bajas empardan o en muchos casos están por debajo de un nivel de vida digna. La desindustrialización causa pérdida de fuentes de trabajo productivo y más empleos sustituibles por sistemas informáticos. Cada vez más faltan los nichos laborales para los cuales es indispensable desarrollar capacidad de pensar y si aparecen (como en el caso de GeneXus o anteriormente en el caso del laboratorio Santa Elena) los dinosaurios se lo comen más temprano que tarde.
En la era del conocimiento, y en los albores de la revolución biotecnológica cuyo alcance es difícil de imaginar, medimos nuestro progreso económico por el número de depósitos a lo largo de la ruta 101. Nos hemos transformado en el pais del pasamanos. Más grave que la desigualdad económica inherente al capitalismo es su consecuencia sobre la falta de estímulos sobre los jóvenes para capacitarse (los cuales en gran parte no terminan secundaria). La pobreza de pensamiento, no es entonces cuestión de programas de estudio como pretende el Dr. Silva, surge principalmente de la falta de cultura de trabajo que genera una economía orientada a la producción de materia prima, controlada por empresarios para los cuales Uruguay es solo un territorio fértil para satisfacer su afán de lucro, como bien apuntó el Prof. Lust, en la primera interpelación a la Ec. Arbeleche.
Todo lo expuesto descubre patentemente el control trasnacional de la producción de la tierra, su salida por el puerto natural más importante de Sudamérica, causando el descuido del medio ambiente, la destrucción del ánimo emprendedor, el bloqueo del desarrollo humano y la capacidad de pensar. Nada de esto está bajo control ciudadano, es impuesto al Estado Uruguayo. Se dice que somos el pais mas democratico de America Latina. Se argumenta que aquí hay plena libertad de expresión del pensamiento. Es cierto, es una virtud nacional que no podemos perder. Debemos defenderla a capa y espada. Pero, si la capacidad de pensar se bloquea, que podemos expresar? , donde va la libertad?
Se desprende de este razonamiento (centrado en nuestro Estado pero aplicable a muchos otros) que la división del planeta en Estados cuya soberanía radica en el concepto etéreo de Nación, a esta altura anacrónico e ilusorio, se ha transformado en un mecanismo para que reinen las empresas trasnacionales sobre sus habitantes y territorios. La democracia en los Estados pequeños se está transformando en un manto ilusorio que encubre el gobierno autocrático de corporaciones innominadas. En la entrega siguiente de esta serie analizaremos cómo estas corporaciones como los “dinosaurios”, están destinadas a desaparecer debido a su propio crecimiento desenfrenado y predador. Por lo tanto, no todo está perdido, sigo creyendo en el Hombre.