junio 21, 2026

EL T.L.C. CON CHINA: PRIMERAS CONSIDERACIONES

Master Escribe Fuentes

La agenda del gobierno está nutrida para los próximos meses. Cito tres: la reforma educativa, la reforma de la seguridad social y el tratado de libre comercio con China. No sólo nutrida, sino integrada además por temas complejos, de gran importancia para el futuro del país y no exentos de polémicas. Todos implican cambios profundos. Es claro que el Presidente no se propone “hacer la plancha”.
De ellos el que más atención ha provocado en estos días ha sido el relativo al tratado con China, y a él dedicaremos esta columna.
Lo primero a expresar es que aún no está concretado y no es 100% seguro que finalmente se suscriba. Está explícita la voluntad de ambos gobiernos de llegar a un acuerdo. Ya culminó el estudio de pre factibilidad, lo que nos es poca cosa, pero queda largo trecho por recorrer.
Este tipo de acuerdo busca hacer más ágil los intercambios comerciales. La rebaja de aranceles (tasas que pagan los exportadores al ingresar sus mercaderías en el país de destino) es uno de los puntos más importantes, pero no el único.
La próxima etapa consiste en una larga y compleja negociación en la que fundamentalmente se determinará cuáles son los artículos que se beneficiarán con la rebaja arancelaria, en qué medida y cuáles no, así como otros puntos también importantes que formarán parte del acuerdo.
Existe una abismal diferencia entre el poder económico de los dos países. A primera vista podría parecer que el más pequeño va en clara desventaja, pero en este caso no es tan así. Desde el punto de vista comercial, para China este acuerdo es insignificante, para Uruguay en cambio, puede ser trascendente. Es nuestro principal comprador y si incrementamos las exportaciones a ese destino, se abren grandes posibilidades de crecimiento. El interés del gigante asiático es geopolítico, el nuestro es comercial. Los objetivos, por lo tanto son distintos y en la medida que cada parte logre el suyo, las posibilidades de llegar a un acuerdo se acrecientan.
Independientemente de las complejas negociaciones en sí mismas, existen otros frentes que el gobierno debe considerar, el político, el sindical y el empresarial.
El político, porque ha sido una constante desde el inicio de su administración, tener una oposición, que primero dice que no a todo lo que plantea el Poder Ejecutivo aunque no sepa en detalle el contenido. Este tema, seguramente no será la excepción, a pesar que durante la primera presidencia del Dr. Tabaré Vázquez se quiso avanzar en un acuerdo de este tipo nada menos que con Estados Unidos, que en definitiva abortó por la férrea oposición del entonces canciller Reinaldo Gargano. Un acuerdo de libre comercio con el país que sea, en sí mismo no es bueno ni malo. Eso dependerá de los términos y de la relación entre las ventajas y dificultades que genera.
El sindical porque piensa en la pérdida de fuentes de trabajo que puede provocar el ingreso de mercaderías con ventajas arancelarias, que competirán ventajosamente con la producción nacional. Ante esto dos precisiones. No toda mercadería china entrará libremente, habrá rubros que quedarán excluidos. La segunda precisión, ya hoy, sin tratado alguno, hay una invasión de productos chinos que hacen imposible que la industria nacional pueda competir con ellos en precio.
Finalmente el frente empresarial, sobre todo el sector industrial, plantea dudas por un análisis similar al de los sindicatos de trabajadores. Hubo anuncios en el sentido que se estudiarán medidas compensatorias para los sectores que se pudieran ver perjudicados.
Como si las dificultades internas fueran pocas, la situación del país en el Mercosur, también agrega otro punto complejo.
Apoyar u oponerse a priori no parece ser sensato a esta altura. Todo dependerá del contenido, si es que en definitiva se concreta.