agosto 1, 2026

ALGUNAS COSAS SE PONEN EN SU SITIO

Master Escribe Cardozo

Es de orden que en este país se vaya dando punto final a algunos asuntos que han tenido en vilo a los uruguayos durante décadas. Abordar el tema de los Derechos Humanos, sin sesgo político y como una cuestión natural a tener siempre en cuenta, va comenzando a ser algo pacíficamente aceptado por la sociedad. Ya va siendo hora de parar de contabilizar desastres y reafirmarnos en el supremo compromiso de que lo que pasó no vuelva a pasar nunca más. Nos corresponde a todos; nadie está exonerado de ese deber. Hasta hace poco tiempo, y aún hoy día, cuando se hace una referencia a los hechos que acontecieron hace medio siglo, algunos sólo reparaban en los atropellos cometidos al respecto por el régimen cívico militar. Otros, entendiendo esto, decían «sí, pero…y qué pasa con los crímenes cometidos por la guerrilla. Lo bueno de esta cuestión es que la gente comienza a referirse a tales hechos sin demasiada pretensión ideológica, viéndolos en su dimensión real; tal como son. De ahí que es altamente positivo para el Uruguay que una mayoría parlamentaria esté dispuesta a vorar una Ley que resarce a las víctimas de la sedición. No se puede negar las tropelías cometidas por ambos bandos. Es imposible ocultar lo que significó el terrorismo de Estado que se desató desde que los militares asumieron el poder. Pero si decimos la verdad o, mejor dicho, si cumplimos cabalmente con nuestra obligación de decir la verdad, resulta imposible dejar de condenar las acciones de los subversivos que cuestionaron la Constitución a balazos, con total indiferencia hacia las víctimas inocentes que su aventura de iluminados iba dejando. Entonces, digámoslo por lo claro: es de estricta justicia la reparación que se proyecta para las familias o para los descendientes de aquellos militares y policías que cumplieron con el deber proteger a la gente. Y por si alguien en su buena fe entiende, o alguien en su mala fe «no entiende», dejamos en claro que nos estamos refiriendo a aquellos soldados y guardiaciviles a los que les tocó actuar para restablecer el orden, lo cual era estrictamente necesario. O sea que no estamos hablando de los altos mandos que, con la finalidad de mantenerse ellos mismos encaramados en el poder, mandaron a aquéllos a la guerra. No desconocemos, ni por un momento, lo que fue la represión y todos los males que la misma causó. Si así fuera, los de la visión sesgada seríamos nosotros. Sin embargo es hora de mirar el pasado con, al menos, pretensión de objetividad y esto implica un sinceramiento de todos, sin importar en el bando que se esté. Los tupamaros fueron resarcidos y no les fue necesario realizar grandes esfuerzos para ello. Entonces, es hora de cerrar el círculo y pensar en quienes estuvieron del otro lado de la linea que, hasta el momento, han sido ignorados en sus justos reclamos, a veces debido al miedo de muchos a sufrir represalias por parte de grupos radicales. A los sediciosos se les pagó con plata constante y sonante, se les reinstaló en sus empleos y se les otorgó una serie de ventajas que al común de la gente no se les da. No estamos hablando de dar prebenda por prebenda. Estamos hablando de establecer parámetros de justicia y, si esas intenciones llegan a materializarse en una Ley, será un logro importantísimo que figurará en el haber de la Coalición Republicana.