agosto 3, 2026

HAY ALGUNAS COSAS QUE CUESTAN MUCHO

Master Escribe Cardozo

Para algunas personas y grupos es complicado reconocer que quienes piensan o actúan diferente puedan tener razón. A veces ni los datos concretos, que están al alcance de todo el mundo, parecen resultarles convincentes ya que la idea no es contrastar por estar seguros del valor de la opinión propia sino, lisa y llanamente, ir al choque; contradecir por contradecir y nada más, apoyándose en la vieja teoría de que «cuanto peor, mejor». Algo de eso tuvo lugar cuando el Ministro Heber brindó en el Parlamento una serie de datos que tienen que ver con su gestión. Debemos aclarar que fue en una sesión cerrada ya que el tema así lo ameritaba. De todas formas, independientemente del deber constitucional de los legisladores de guardar el secreto en esos casos, las informaciones trascienden por la importancia de la mismas. Se trataba de datos concretos, demostrables, tangibles y al alcance de toda la población sobre la situación de seguridad por la que atraviesa este país al día de hoy, muy en especial en lo que tiene que ver con la droga. Vamos a ser muy claros: no estamos bien y hay mucho por resolver en ese aspecto. Pero si comparamos estas gestiones, tanto la del difunto Jorge Larrañaga como la de Heber, con la de los jerarcas de los tres lustros anteriores al actual, vaya si encontramos diferencias. Y dichas diferencias tienen dos bases fundamentales. La primera es que se tiene un diagnóstico real de la situación. Los gobiernos anteriores parecieron no tenerlo. Ahora se sabe lo que pasa con claridad. Se tienen datos y números concretos; o sea que no se está improvisando en este asunto. Y la otra, más importante aún, es que se viene obteniendo resultados en cuanto al combate contra este enemigo. Ya no estamos inmersos en la suerte de desamparo en la que estábamos antes porque hay otro respaldo hacia la policía que puede actuar con mayor eficacia. Inclusive se puede decir que hay otro compromiso o, al menos, uno que aparece mucho más claro. No por eso los datos dejan de ser aterradores. Basta decir que en la capital de nuestro país, que es chica si la comparamos con cualquiera de Sudamérica, hay nada menos que cuarenta y cinco bandas de narcotraficantes que andan a los balazos entre ellos, disputándose las zonas de distribución. Eso da una idea más que clara de lo lucrativo que resulta ese «negocio» para esta clase de gente y, lo que es mucho peor, del tendal de víctimas que va dejando. Ante eso, el Ministerio del Interior ha respondido con la fuerza que el asunto demanda. Se ha cerrado una cantidad considerable de bocas de distribución de drogas, por cierto más de las que se cerraron en el anterior período, y se ha enviado a la Justicia a muchos responsables del tráfico y del suministro. Las cifras cantan. Y son superiores. Falta mucho todavía; no vamos a negar esa realidad. Pero mucho se está haciendo, lo cual es un hecho a tener muy en cuenta. Entonces, si la idea de algunos es no reconocer sino criticar, argumentando que los datos que el Ministerio del Interior esgrime no pasan de ser una plataforma publicitaria y que no se tienen planes concretos para el combate a este problema, queda claro que lo que se pretende no es otra cosa que llevar la contraria. Bueno sería que, en tanto oposición responsable, «se prendieran» en la lucha para liberar a la sociedad de este flagelo. ¿Será pedir mucho?